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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

El cabildo y los guachinches

25/abr/09 07:44
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CUANDO mi querido amigo Francisco Poleo, Paquito Poleo, en familia, entonces propietario de aquella singular e inolvidable Caseta de Madera, que se situaba en el barrio del Cabo, cerca del histórico Castillo Negro, propuso al Cabildo Insular de Tenerife organizar, promover y reglamentar la instalación de los llamados guachinches en toda la isla no sospechó que la respuesta se la daría la Corporación muchos años después, concretamente el 19 de abril del actual año 2009, en que la noticia salió publicada en este periódico, con el título "El Cabildo pretende regular los guachinches antes de final de año".

Ni siquiera sé si el señor consejero insular de Agricultura, don José Joaquín Bethencourt, que da la noticia al diario, ha tenido la gentileza de anticiparla a quien concibió esa idea y ha propuesto realizarla, porque en esta isla solemos olvidar lo fundamental. Sé, porque lo dijo el consejero citado, que "el objetivo del Cabildo Insular es regularizar la actividad de las ventas de vino y poner al alcance de los ayuntamientos respectivos la seguridad jurídica para que puedan otorgar licencias temporales de comercio al detall antes de estrenar el vino nuevo". Además de que, lamentablemente, el Cabildo no se ha dado prisa en activar esta gestión, que podría haber puesto en funcionamiento desde muchos años antes a numerosos establecimientos, previniendo la actual crisis y ofreciendo puestos de trabajo, no entiendo por qué las licencias de apertura tienen que ser temporales y que se mencione el "estreno de vino nuevo". Nunca he sabido que los guachinches tengan esas obligaciones específicas como vender el vino nuevo y someterse a licencias temporales. Precisamente, los guachinches se distinguen de los bares ordinarios en la variedad y originalidad de su oferta, desde toda clase y edad de los vinos hasta la caña, el ron y licores diversos, incluidos los caseros. Si al Cabildo se le ocurre cambiar estas costumbres, que marcan la particularidad de estos establecimientos típicos, entonces no serán guachinches los que va a reglamentar y, como dicen en mi pueblo, "a nada fiste".

Hace unos meses leí en los periódicos que se habían reunido varios alcaldes de los municipios tinerfeños del Norte para organizar una "ruta del vino" en esa parte de la isla, y me figuro que en otras como las de Abona, altos de Güímar y Arafo y por ahí, en que se producen buenos caldos, muchos de los cuales no los conoce la gente. Los guachinches, debidamente reglamentados y, en especial cuidados y hasta mimados como señas de identidad que son, pueden jugar un fundamental papel, entre otros aspectos en el de la atracción turística, que buena falta nos hace.


 

 

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