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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

De moda pero en la ruina

25/abr/09 07:44
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ESPAÑA sigue estando de moda. Me lo comenta un amigo recién llegado de Australia. Insiste en ello otro residenciado en Canarias pero que pasa la mayor parte del tiempo en Madrid. Las universidades madrileñas tienen a tope sus cupos de alumnos en los programas europeos de intercambio de estudiantes. París fue la ciudad prometida en los sesenta, y aún antes. Londres, el destino obligado de los ochenta. Ahora le toca a la capital española. En realidad le ha tocado a lo largo de todos y cada uno de los años de este siglo veintiuno que se aproxima a su primera década, y parece que le queda cuerda para rato. Independientemente de que al final le toque organizar las olimpiadas de 2016 en ese bombo de caprichos que son las decisiones del COI, todo indica que la Villa y Corte se mantendrá en la pomada durante bastante tiempo. ¿La razón? Difícil de determinar. Se habla del carácter abierto de sus habitantes -en Madrid nadie es foráneo-, de un clima que tolera la vida al aire libre casi todo el año, de unas noches que pueden ser interminables, de la mejor gastronomía del país; de lo que uno quiera pensar. El caso es que Madrid se ha convertido en la gran capital del Sur de Europa.

Todo lo anterior a pesar del Gobierno de Zapatero -que sigue bajo cero en los foros internacionales-, y a pesar también de una crisis económica auténticamente inmisericorde. Sobre todo con regiones como Canarias. Comunidad, dicho sea de paso y sin sembrar demasiada alarma, que desde ayer tiene 286.600 parados oficiales; la tasa más alta de España por si alguien todavía no lo ha leído. Lo malo es que las perspectivas no pueden ser más malas, redundando a conciencia.

Se ha dicho -yo lo he dicho- que ante una crisis económica de extensión planetaria, como es el caso de la actual, poco puede hacer un gobierno regional o uno nacional. De acuerdo. Se podían haber hecho cosas, empero, antes. Resulta sorprendente que cuando tanto se habla de medicina preventiva -una puntada a tiempo ahorra muchas puntadas-, los políticos con tareas de gobierno hayan estado de brazos cruzados cuando aquí ningún empresario pensaba en otro negocio que no fuera el relacionado con el ladrillo. ¿Se podía prohibirle a la gente que promocionara urbanizaciones? En una economía de libre mercado no; al menos en teoría. Sí cabían incentivos fiscales, por un lado, hacia cierto tipo de inversiones -que cuando han existido siempre han sido tímidos- y al mismo tiempo unas penalizaciones, también de tipo fiscal, para impedir -al menos para intentar impedirlo- que en España no se construyesen tantas viviendas como en tres países europeos durante un solo año. Tal vez siguiendo esas medidas correctoras no se hubieran generado tantos puestos de trabajo en los años anteriores, pero tampoco tendríamos ahora más de cuatro millones de parados en todo el país. La mayor de la historia española. O un 1,46 por ciento más desempleados que los previstos por el Gobierno de "aquí no pasa nada" para todo el año. Por cierto, ya que hablamos de gobiernos, va siendo hora de que el Ejecutivo canario medite un poco. Sólo por si aquí también se están haciendo algunas cosas no todo lo bien que exigen las circunstancias.

rpeyt@yahoo.es

 

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