Concretamente hablo de Vodafone, pero lo que comento puede valer para Telefónica, Orange, Yoigo, o cualquier otra operadora activa (en las Islas) de telefonía móvil. Incluso para cualquier multinacional o entramado superlativo y por ello diluido en su magnitud inalcanzable.
El tipo de estructuras y organigramas en los que se basan están diseñados para que desde unos servicios centrales en Península, cada vez más mecanizados en la "amorfidad difusa del agujero negro del gusano de seda" y cada vez con personal menos cualificado, se gestionen unos productos y servicios cada vez más agresivos, novedosos y complejos para que con sus incisivas campañas de márketing puedan captar más y más clientes y más y más dinero. Ahora cambian lo de las tarjetas prepago, mañana ofertan un pack para autónomos? y los pringados a tragar y tragar cambios y condicionantes. Mucho escaparate de tecnología pura y poco, poquísimo fondo de armario. Gigantes del espacio sideral con los pies de barro en cuanto a la capacidad de resolución de incidencias y problemas cotidianos. Sin cintura y totalmente "carpetovetónicos" en el trato con seres inteligentes o medio inteligentes, tampoco es que seamos lumbreras. Entes difusos e impersonales, incapaces de resolver una parte de los marrones que ellos mismos provocan.
Casos absolutamente inconcebibles obligan a muchos canarios a pelearse con voces en "off"; con teléfonos asignados como de atención al cliente en los que tienes que gritar primero al aparato, en una especie de diálogos robotizados e idiotas, transmisores de órdenes con musiquitas y gritos a maquinitas endiabladas que a saber dónde acaban pasándote. Entras en ese túnel que dicen que se ve cuando te estás muriendo, porque pasa toda tu existencia con un montón de palabrotas (que te callas) por delante. Si consigues que te atienda una voz humana, aleluya, estarás de enhorabuena. Puedes tirar voladores, pero seguramente esta voz se mostrará con un acento sudamericano y aunque en muchos casos están, tan o más preparad@s que los nativos de Península, ya de antemano le darán a usted idea de que su compleja sucesión de circunstancias en base a lo complicado de los líos tecnológicos y de contratación en los que lo han metido difícilmente van a ser masticados o entendidos adecuadamente por su poco preparado interlocutor. Habitualmente, una mosquita o un mosquito muerto. Pa'empezar le van a pedir números, cuentas, referencias y aclaraciones. Usted le va a explicar y tristemente se va a percatar de que, después de un rato, lo han entendido mal o a su bola. Eso, si no le dicen que el ordenador se ha estropeado, se corta la llamada o el horario no es el adecuado. Va a tener que explicarlo otra vez a y otra y otra, en algo que al final ni usted mismo va a entender.
El mundo de la telefonía móvil mueve cientos de millones de euros en Canarias. En otras partes del mundo, cifras de escándalo. Aquí no hay centrales, aquí no hay servicios, aquí no hay caras ni decisiones. Solamente dependencias y franquiciados que juegan muy bien al tenis, al squash o al frontón. Al ping pong. Van a lo suyo, comisiones, alicientes, objetivos? pero para nada -y conste que los entiendo- se quieren complicar la existencia con semejantes follones.
Y todo esto sucediendo en un Estado que es el más caro con diferencia (en tarifas) de la UE. Junto, y a distancia por encima, con Chequia. Nos clavan y en general sus políticas no pasan por derivar algo a Canarias. Algo. Por lo menos que paguen a algunas de nuestras gentes.
Creo que hay que ir pidiendo ya que las grandes multinacionales instaladas en nuestra tierra se impliquen un poquito más con nosotros y se mojen el culo si quieren seguir con sus "traganegocios". Por lo menos, paguen bien a nuestras gentes, déjense caer con algunas colaboraciones, creen algunas estructuras, formen a personal canario?
Les incluyo un texto de mi inicial empute: "Abrumado por las diferentes circunstancias que han sucedido en mi relación profesional con sus agentes Vodafone, y en concreto con la empresa, paso a referir los hechos contrastados que se han producido".
Las asociaciones de consumidores, y por ejemplo la OMIC, saben que son numerosas las reclamaciones privadas y colectivas a las pocas vergüenzas de una parte de estos entes difusos en sus grandezas.
Si no cumplen con los ciudadanos y no cumplen con Canarias, leña al mono.
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