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Los albores del clásico

La primera representación de rivalidad futbolística tuvo lugar el 8 de mayo de 1913, con un enfrentamiento oficial entre el Tenerife y el Victoria El triunfo fue para el equipo grancanario, que se hizo con el título regional Pepe Gonçálvez anotó el único gol del partido
24/abr/09 07:39
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JUAN GALARZA, S/C de Tfe.

El primer partido oficial entre el CD Tenerife y la UD Las Palmas data de la temporada 1949-50, en coincidencia con la fundación de la entidad amarilla. Correspondiente a la liguilla de ascenso a Segunda, el choque acabó con triunfo visitante (0-1). Hubo que esperar otros cuatro cursos para celebrar la primera versión del derby en categoría nacional, en la campaña 1953-54, cuando los blanquiazules debutaron en la división de plata. Pero hay que remontarse mucho más atrás en el tiempo para descubrir los albores del clásico.

Los orígenes del fútbol, tanto en Tenerife como en Gran Canaria, se sitúan en la primera década del siglo XX, aunque la disputa del primer título regional -o provincial, al producirse antes de la división- tuvo lugar en la primavera de 1913. Encuadrada dentro del programa de las Fiestas de Mayo, la iniciativa partió del Centro de Fomento y Propaganda del Turismo que presidía Juan Marti, uno de los defensores de la práctica del fútbol entre la juventud.

Consistía en invitar a la Isla al Sporting Club Victoria para enfrentarlo al ganador de una eliminatoria entre el Laguna Sporting Club y el Tenerife Sporting Club. La influencia británica en todo lo referido a esta disciplina deportiva, incluida la nomenclatura de los equipos, era especialmente acentuada. El choque previo se celebró el lunes 5 de mayo y acabó en goleada (5-0) para el conjunto de la capital santacrucera, que se enfrentaría al Victoria.

Creado un año antes sobre las bases del Nivaria, el Sporting tinerfeñista agrupaba a una serie de jóvenes futbolistas, entre los que figuraban varios británicos. Juan Antonio Núñez y Wilfred Edmundo Caulfield fueron los encargados de tirar de aquella entidad bisoña, que asimismo encontró abrigo en la persona de Juan Marti. Teniendo en cuenta que la ciudad no disponía de un recinto deportivo en condiciones -sus equipos se desplazaban a jugar hasta La Laguna- su primer objetivo era la construcción de un campo de fútbol.

La parcela elegida se hallaba próxima al barranco de Santos, entre el Hospital de Niños y el Asilo Victoria, donde años más tarde se levantó el Frontón. La dirección de los trabajos estuvo a cargo del propio Núñez, que vio cómo en cuestión de unos meses, desde finales de 1912, tomaba cuerpo una cancha de 81 metros de largo por 42 metros de ancho. Hubo que esperar a que llegasen desde Inglaterra las redes de las porterías y los balones. El precio de éstos era de 22 pesetas, mientras que un par de botas costaba 10 pesetas.

A medida que se aproximaba el choque con el Victoria, se intensificaron los preparativos en torno al flamante campo de fútbol de la calle Miraflores, en este caso con la colocación de cientos de sillas. Se trataba así de incrementar la comodidad del público. Los precios de las entradas eran de 0,50 pesetas, además de un suplemento de 0,30 pesetas por asiento. La colonia extranjera establecida en la Isla realizó un gran pedido de localidades.

Sólo habían pasado tres días desde la eliminatoria con el Laguna cuando llegó el instante cumbre. El jueves 8 de mayo de 1913, a las cuatro y media de la tarde, los "team" del Tenerife Sporting Club y del Victoria Sporting Club saltaron al campo de juego para dilucidar el primer título en la historia del fútbol canario. El público, muy numeroso, disfrutó además del acompañamiento musical de la Banda Municipal de Santa Cruz.

El arbitraje corrió a cargo de mister Spragg, un británico que también ejerció como entrenador del Tenerife. El equilibrio fue la tónica del juego en la primera mitad hasta que llegó el tanto del Victoria, a cargo de la figura del equipo del Puerto de la Luz, su delantero Pepe Gonçálvez, al rematar un córner.

Apunta la crónica del diario "El Progreso" que "fueron pocas, relativamente, las veces que el balón se fue al barranco, calle de Miraflores y terrenos contiguos del Hospital de Niños, pero desde que el Victoria consiguió apuntarse un tanto, cada vez que veían su puerta en peligro daban una patada al balón y le tiraban a aquellos mencionados sitios, con lo que se iba pasando el tiempo". Asimismo, llamó la atención, en este caso al cronista de "Gaceta de Tenerife" que el joven portero grancanario, Head, jugara sin calzado, "lo que no impedía que fueran de mucho empuje sus golpes a la pelota".

Cada uno de los jugadores del Victoria recibió una copa de plata como campeón, con su nombre grabado. Al término del choque, todos los protagonistas fueron obsequiados con un banquete en el hotel Colón. De vuelta a Las Palmas, los campeones fueron recibidos como héroes en el Muelle Grande. No era para menos.

 

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