NOS LEVANTAMOS hoy, al igual que se han levantado nuestros apreciados lectores, con la grata noticia de que EL DÍA sigue siendo el periódico con más difusión de Canarias. Lamentablemente, también tenemos que publicar, un día más, que Canarias pasa hambre. España, después de seis siglos de colonialismo, ha conseguido que la fortuna de las antes Islas Afortunadas se transforme en el hambre diario de sus habitantes. Esa España que nos atemoriza; esa España del hambre de Zapatero, de Juan Fernando López Aguilar y de ese "látigo" de racistas y xenófobos llamado Santiago Pérez. ¿Cuándo nos libraremos de esta lacra?
Y vamos con otro asunto. En nuestra sección "A Fondo" publicada el miércoles, el columnista acierta en la primera parte. En la segunda también, cuando aconseja a Paulino Rivero que se "arrime" con los cabildos. Una idea que nos parece adecuada. Sin embargo, el periodista nos pone los pelos de punta cuando menciona el Estatuto de Canarias. ¿Para qué coño -perdone el lector la ordinariez, producto de nuestra indignación- queremos ese Estatuto? ¿Quién puñetas cree en el Estatuto a estas alturas? Un Estatuto que, además, ofende a Tenerife. Ese Estatuto es ya palabra maldita. Que no se hable más de estupideces.
Continuamos. Juan Jesús Ayala, en su artículo de ayer, jueves, titulado "Canarias: del territorio de la nación", vuelve a las andadas. Pensábamos que el presidente del PNC en Tenerife había decidido hablar y escribir con claridad. Sin embargo, vemos que sigue teorizando. Ahora le ha dado con el territorio. Dentro de sus teorías sigue siendo confuso o críptico, aunque demuestra ser nacionalista. Insiste Juan Jesús Ayala en la teoría de la unión de los nacionalistas. No hace falta, señor Ayala; no hace falta unión para pedir la soberanía. Sería conveniente que todos los nacionalistas estuviesen unidos, por supuesto, pero para conseguir que Canarias sea un país libre, para que el Archipiélago sea un Estado reconocido internacionalmente, no hace falta esa unión a la que se refiere usted. Con Paulino Rivero, que tiene el poder oficial, con José Luis Concepción, con Antonio Cubillo y hasta con usted, don Jesús, pues le concedemos valor intelectual suficiente, con ustedes cuatro y con buenos contactos en Bruselas, Nueva York y Addis Abeba (capital de Etiopía y sede de la OUA) para conseguir que Canarias se liberase del yugo español. Es decir, para obtener nuestra independencia.
Acabamos. Ayer publicaba el diario El Mundo unas declaraciones de Mariano Rajoy, jefe de la oposición española. Afirma el presidente del PP que Zapatero lleva a España al abismo. Nosotros decimos que Canarias ya está en el abismo por culpa de Zapatero y de la propia España, que no quiere liberarnos a pesar de que está obligada a ello porque firmó unos acuerdos internacionales. El hambre es el abismo, y en Canarias, como decíamos al principio de este comentario, se pasa hambre. Del abismo a la salvación sólo hay un paso: la soberanía. No perdamos el tiempo con reformar un Estatuto caducado e inservible para los intereses de Canarias, pues sólo busca perpetuar nuestra vergonzosa condición colonial. No perdamos el tiempo con la unidad del nacionalismo; la unidad vendrá por añadidura cuando seamos un país libre. Y no perdamos el tiempo discutiendo si son galgos o podencos. Vayamos de una vez a donde tenemos que ir, para decir lo que debemos decir: que Canarias quiere ser un país libre y los canarios ciudadanos canarios, no bastardos y ultraperiféricos.
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