Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

Cartas al director

24/abr/09 07:39
Compartir
Edición impresa .

Réplica a un mojo

Soy un taxista lagunero y sobre el mojo publicado el 23 abril titulado "Más caro el taxi que el pasaje desde Dinamarca", quería comentar que no entiendo eso de mala imagen innecesaria. Un trayecto desde el aeropuerto del Sur al Puerto de la Cruz no debe bajar de esa cantidad (120 euros). Figúrense que el trayecto entre ambos aeropuertos ya marca casi 80 euros. En fin, que entiendo que el taxi es caro, hasta para mí, pero les recuerdo que las tarifas las publica la Consejeria de Transportes del Gobierno de Canarias en el BOC, y por otra parte tenemos la tarifa más económica del país. En la Península este trayecto se acercaría o pasaría de los 200 euros.

Héctor González

Josefina Rodríguez Fernández, doña Pepita

Como cada tarde, su mano dibujaba en el papel las letras del abecedario. Un perfecto diseño lleno de armonía, templanza y sobre todo cariño... mucho cariño. Yo observaba cada trazo, sabedor del reto que se me venía encima. Con cinco años, era imposible reproducir en mi libreta la caligrafía de doña Pepita sin causar algún daño irreparable al débil papel que sucumbía ante mi goma de borrar azul, que lo mismo servía para borrar que podía destruir cualquier objeto a una distancia no superior a cuatro metros. La "escuela" de doña Pepita era de color marrón. Era como entrar en un santuario de madera con armarios y baúles llenos de libros y viejas revistas... lleno de palabras, miles de palabras. Creo que en aquel pequeño espacio no se respiraba aire. Era una atmósfera llena de letras, números, voces y sobre todo mucha dedicación. Mis sentidos se impregnaban de todo ello y al regresar a mi casa lo hacía en silencio, sin distraerme con nada. Tenía miedo a perder, no sabía muy bien el qué, pero me sentía como el dueño de un pequeño tesoro que día a día me iba ayudando a crecer.

Fui creciendo a tiempo compartido entre mi casa y la suya. Doña Pepita era como uno de aquellos viejos libros que tenía sobre su mesa. Era una fuente inagotable de conocimiento y a mí me gustaba pasar sus páginas, oír sus historias y dejarla hablar... hablar. A doña Pepita había que dejarla hablar, era como leer un libro. Si las páginas te atrapan quieres seguir leyendo y con ella era igual, no querías que parara nunca de hablar. Era una maestra en el arte de contar historias, y te transportaba de su mano a cada una de ellas. El tiempo debería haberse detenido, por respeto a ella, todas las tardes que doña Pepita hablaba. Tal vez, si lo hubiera hecho, hoy la hubiésemos encontrado en su vieja mecedora, leyendo, con la ventana abierta, exactamente diez centímetros, esperando que alguien llegara a su casa y se sentara en alguna de las sillas dispuestas estratégicamente para iniciar una de sus largas tertulias. Era un pequeño hemiciclo en el que tenían cabida todas las cuestiones que sobrevolaban por Breña Baja y de las que ella, aún sin salir al "camino", tenía información de primera mano. Sabía todo lo que se podía saber y más.

El pasado día 4, pasé ocho horas en el aeropuerto de Tenerife Norte, intentando viajar a La Palma, en lista de espera, para conversar por última vez con doña Pepita. No pudo ser... claro, no disponía de la Tarjeta Binter Oro... y eso en los tiempos que corren tiene su importancia. Qué me hubiera dicho sobre esto doña Pepita, en su hemiciclo. Seguro que, como siempre, me diría:"No te preocupes, Vicentito, no te preocupes, yo me acuerdo de ti estés donde estés". Yo casi que le diría lo mismo:me acordaré de ti estés donde estés.

Vicente Marante Díaz

 

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: