C.Á., Tenerife
Hacen falta más voluntarios y más espacios, según se deduce de las palabras de Leonardo Ruiz, director de Cáritas, y de Sor Josefina, del comedor de la Obra Social La Milagrosa, sito en la calle La Noria de la capital y que lleva una veintena de años abriendo sus puertas para dar de comer caliente a quienes no tienen nada que llevarse a la boca. Las personas que estén en capacidad de ayudar pueden hacerlo sólo con dedicar un poco de su tiempo a los otros.
Sor Josefina comentó a EL DÍA que "cuando se abrió este comedor hace 20 años sólo venían a comer 12 personas. Hoy atendemos a 80 personas que se colocan en 16 mesas apretándose un poquito, pero ya son muchos". El ayuntamiento de Santa Cruz les concede una subvención anual de 30.000 euros, pero deben tener un trabajador social que ayude a los que cada día acuden al centro. Asimismo, Cáritas les da una ayuda de 300 euros cada mes. Las cuatro hijas de la caridad que allí prestan ayuda a los más necesitados recuerdan que necesitan ayuda de voluntarios, aunque son muchos los que se acercan al comedor y les piden el número de su cuenta para echarles una mano. "Recuerdo que en una ocasión vino un miembro de la comunidad hindú -que nos ayuda mucho- y nos donó un plátano y una manzana porque no tenía más".
En el comedor de La Noria sólo se sirve el almuerzo, aunque es tan abundante que los que acuden allí pueden llevarse algo para comer por la noche. El menú de ayer comprendía un plato de potaje, hamburguesa con ensalada, tres piezas de fruta, un cuenco de natillas, un bocadillo de jamón y queso, un zumo y dos magdalenas. "Son raciones tan abundantes porque el comedor no abre más que una vez al día y así se pueden llevar algo para merendar y cenar", afirma la religiosa. Sor Josefina reconoce que en esta situación de crisis que se está atravesando, la gente se "ha solidarizado mucho con nosotros. Hoy nos traerán unos yogures. Aquí estamos viendo la presencia de Dios por todos los rincones". Bolivianos, colombianos y peruanos son, principalmente, los que acuden más cada día, pero, además, hay saharauis, que después de estar en el CIE y al cumplir 18 años no saben a dónde ir. "No podemos ayudar a más porque no tenemos espacio", dice.
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