HOY QUEREMOS hacer algunas consideraciones sobre un asunto que nos ha hecho meditar durante los últimos días. Una persona, muy apreciada en esta Casa y que gira en torno a nosotros, nos ha expresado sus dudas respecto a la posibilidad de que Canarias pueda subsistir sin estar vinculada a la Metrópoli que la coloniza. Los titubeos de esta persona, cuya identidad omitimos pues cuanto nos ha dicho pertenece al ámbito de una conversación privada, vienen a confirmar lo que reiteramos en estos editoriales desde hace mucho tiempo: muchos canarios están anestesiados o narcotizados. Al pueblo de Tenerife y, en general, al de toda Canarias, se le ha inoculado la idea de que no podemos subsistir sin España. Además, ¿por qué nos preocupa tanto alcanzar nuestra libertad, si ya llevamos seis siglos conquistados?
EL QUID está en que la conquista de Canarias no fue una simple conquista, que ni así se justifica, sino una conquista vil, sangrienta y genocida; una conquista que masacró a casi todo un pueblo; una conquista que vendió a los guanches como si fueran ganado para pagar las deudas contraídas por los adelantados; una conquista realizada por personajes feroces, sedientos de riqueza, que robaron una tierra disfrutada desde entonces por ellos y por sus descendientes, que hoy siguen usurpando mientras les dan migajas a los canarios. En estos tiempos, cuando tan de moda está la memoria histórica, deberíamos recodar el vil asesinato de nuestros antepasados.
Ese respeto por el holocausto de los guanches es motivo más que suficiente para que Canarias deje de pertenecer a España y se constituya en una nación independiente. Sin embargo, como también hemos dicho en repetidas ocasiones, no es la única razón para lograr el estatus de nación soberana. También cuentan mucho los beneficios que obtendríamos siendo un país libre, así como el orgullo que supondría para todos nosotros tener una identidad canaria. ¿Existe algo más grande que ser ciudadanos de un Estado con asiento y bandera en los foros internacionales, como ocurre con todos los pueblos libres?
SABEMOS que esta persona que hoy duda se rendirá mañana a la evidencia. Entonces será el momento de decirle, como le dijo Cristo al incrédulo Tomás, "porque has visto, has creído; dichosos los que sin ver creyeron". Nosotros creemos en que es posible un Archipiélago canario libre y soberano. Y no sólo eso; también estamos convencidos de que cuando sean los canarios, y no los peninsulares, quienes administren las riquezas que nos pertenecen, este Archipiélago será uno de los países más ricos del mundo. Que nadie lo dude, como lo duda esta persona de buenas intenciones, pero a la que España le ha inoculado el veneno de la desconfianza. Una de las tretas de la Metrópoli para mantenernos esclavizados es inducirnos un complejo de inferioridad, de forma que asumamos la inviabilidad de Canarias como nación independiente. También están los que apelan a la necesidad de celebrar un referéndum sobre el proceso de descolonización. Señalábamos en nuestro comentario de ayer que eso sería como consultar a los vecinos y a los causantes del atropello si hemos de desalojar de nuestra casa a un grupo de okupas que se ha introducido por la fuerza en nuestra propiedad. ¿No es de justicia que esas personas abandonen lo que no es suyo? ¿Desde cuándo ha de someterse la justicia a referendo? Pues eso mismo es lo que pedimos para nuestra amada tierra canaria. Queremos que quienes vinieron sin ser llamados, quienes ignominiosamente se apoderaron por la fuerza de las armas de lo que no les pertenecía, salgan de nuestras Islas sin más dilación. Mejor dicho: déjennos gobernarnos a nosotros mismos y disponer de nuestros bienes, de todo lo que es nuestro porque lo poseían nuestros invadidos antepasados, nuestros padres.
A esa persona que duda sobre la viabilidad de Canarias como país libre le ponemos el ejemplo de Cabo Verde: un archipiélago más pequeño y menos poblado que el canario, constituido en Estado soberano desde 1974. Cabo Verde es una nación y sus habitantes, los caboverdianos, son personas dignas con identidad propia, pues tienen sus representantes en la ONU. Cabo Verde está saliendo adelante con dignidad. Por eso los empresarios canarios, deseosos de librarse de la opresión española y de las injustas leyes de la Metrópoli, están invirtiendo en ese país. Portugal tuvo la inteligencia de concederle la independencia a esa ex colonia suya sin celebrar ningún referéndum. Liberó a Cabo Verde de la misma forma que lo hizo con Angola y Mozambique. Tan sólo de Goa, un enclave en la India a miles de kilómetros de distancia de Lisboa, territorio colonial en el que se propusieron quedarse por la fuerza, fueron expulsados violentamente. Un error que no nos impide considerar a Portugal como una nación culta, civilizada y europea. Unos atributos de los que carece España, pues mientras no libere a Canarias de la misma forma que Portugal independizó a Cabo Verde, no nos queda otra opción que pensar que realmente África empieza en los Pirineos. España será una nación digna cuando Canarias sea un país libre, no antes.
FRENTE a las dudas de una persona, como decimos, muy querida en esta Casa, nos alegra comprobar que poco a poco empieza a ceder el miedo. Ahora son muchos quienes hablan sin temor sobre la imperiosa necesidad de que Canarias alcance su soberanía. Es el caso de Juan Jesús Ayala, presidente del PNC en Tenerife, de quien decíamos en un comentario reciente que por fin está siendo más explícito. En su artículo publicado en EL DÍA el jueves 16 de este mes escribía que "El fundamento del nacionalismo, y habrá que decirlo hasta la saciedad, es lograr política y culturalmente que el territorio en el que transcurre la vida de cada cual llegue a ser una nación. Lo que a nivel teórico parece una simpleza no ha sido así para algunos pensadores que han profundizado en el estudio del nacionalismo". ¿Cabe otro planteamiento?, añadimos nosotros. Señala Ayala en este artículo que un nacionalismo sin nación es el vacío. Claro hombre; claro que sí. Lo contrario es caer en ese inútil ejercicio de la política pura que practican en Madrid doña Oramas, don Perestelo y don el otro.
Pese a todo, nos parece que Juan Jesús Ayala continúa siendo muy teórico. A España, nación sibilina que nos esclaviza y nos explota, no se le puede ir con teorías. Que tomen buena nota de ello los representantes del nacionalismo canario en la capital de la Metrópoli. Si no nos permiten ser canarios y nos obligan a continuar siendo bastardos y ultraperiféticos, irremediablemente pasaremos a ser marroquíes. El propio Juan Jesús Ayala lo apuntaba en el mencionado artículo. Estamos en la zona económica exclusiva de Marruecos. Dicha zona abarca actualmente 200 millas contadas desde la costa de nuestro vecino africano, de forma que sólo una parte de La Palma y El Hierro quedan fuera. Cuando Marruecos decida ampliarla a 350 millas, a las que tiene derecho por el apoyo y en virtud del Derecho Marítimo Internacional, todo el Archipiélago estará dentro de ella. En estas condiciones son absurdos los intentos del Gobierno español de llegar a un acuerdo con Rabat para trazar la mediana. Eso sólo será posible cuando nos constituyamos en un Estado soberano, en una nación archipiélago, y no en lo que somos ahora: un archipiélago colonia de una nación metropolitana europea.
SE LO REPETIMOS a los narcotizados y a los practicantes de la política pura: o somos canarios, o seremos marroquíes. Marruecos no va a permitir que seamos canarios dentro de sus aguas. No nos queda más remedio que esgrimir, porque en este caso es de juticia, el conocido aserto primero yo, después yo, siempre yo y si queda algo, también para mí. A ver si lo entienden los tres nacionalistas en Madrid. ¿No saben ustedes, doña Ana, don José Luis y don Alfredo, que los peninsulares no los consideran españoles? Sí, sí a ustedes tres nos referimos. Se ríen de los tres, aunque ustedes no se dan cuenta porque lo hacen a sus espaldas. Compórtense de una vez como nacionalistas de verdad. Exijan que la Metrópoli cumpla sus compromisos internacionales y libere de una vez estas Islas. Algo que también afecta al prestigio de España, totalmente depauperado por un presidente al que no le hacen caso en Europa ni en ninguna parte. Sarkozy lo ha llamado tonto con cierta diplomacia, aunque con toda claridad. España recuperará su dignidad cuando aplique el Plan de Bolonia para la reforma universitaria (como lo recordaba recientemente uno de nuestros colaboradores) en 2010, y porque la aceptó, y cuando cumpla la resolución 1.514 de las Naciones Unidas sobre la descolonización de los pueblos, como muy tarde a finales de 2010, porque también la suscribió.
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