EFE, Madrid
Una cuarta parte de los españoles sufre el estruendo de la calle o del que vive al lado, pero sus quejas no son oídas hasta que no llegan a los tribunales, según los afectados. Las grandes ciudades dan idea del problema. Sólo en Madrid, la Policía Municipal atendió 50.000 avisos por exceso de ruidos en 2008. Aunque no siempre las quejas terminan en denuncia.
Somos una sociedad ruidosa, pero cada día hay mayor percepción de que es "un problema grave que incide en la vida de las personas y que hay que erradicar", señala el catedrático de Sociología Benjamín García Sanz, director de una investigación sobre "La contaminación acústica en nuestras ciudades". Sin embargo, "las políticas no van en consonancia con la conciencia ciudadana".
La Administración -añade- tiene "cierta conciencia de regular el problema". En 2003 se aprobó la Ley del Ruido, que controla las emisiones en las infraestructuras y transporte, y hay diferentes normativas municipales sobre el nivel acústico vecinal y de ocio, "pero es tolerante en el incumplimiento de las mismas". Esa ineficacia deja "indefensos" a los afectados, a juicio de Ignacio Sáenz de Cosculluela, presidente de la Plataforma de Asociaciones contra el Ruido (PEACRAM), para quien la profusión de ordenanzas locales sobre decibelios y actuaciones tampoco ayuda. Por esa "desidia de la Administración, que no resuelve, la gente está tan desesperada que acude a la vía penal", asegura a Efe Joaquín Herrera, vicepresidente de Juristas contra el Ruido.
Así lo vive la familia de José Antonio Guerrero, de Málaga, que desde hace cuatro años soporta los ensayos musicales de un vecino. Primero con la batería y, en los dos últimos años, entre 6 y 7 horas diarias de piano.
"Vivimos un poco desquiciados. Además del ruido elevado, los cristales vibran cuanto toca con las ventanas abiertas", explica a Efe. Su hijo, de ocho años, no puede usar su habitación desde que tenía cuatro, pese a que las viviendas, unifamiliares, están separadas unos cuatro metros.
Guerrero, y otros dos vecinos de casas contiguas, lo denunciaron ante la Policía Local y la Concejalía de Medio Ambiente. Transcurrido más de un año sin respuesta, acudieron al Defensor del Pueblo Andaluz, que lo admitió a trámite.
"Entonces fue cuando vino el Ayuntamiento a medir -relata-. Y está obligado a tocar con las ventanas cerradas y no más allá de las diez de la noche". Pero sigue oyéndose, y se plantean acudir a la Justicia.
"La gente se está defendiendo, porque el ruido no es sólo una molestia. Las personas que acuden a Juristas contra el Ruido -señala su vicepresidente- sufren depresión, angustia, insomnio, problemas digestivos o cardíacos por la falta de descanso de una forma continuada".
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