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J. A. DULCE, S/C de Tenerife
José Luis de Madariaga es uno de esos actores, antes llamados "de carácter", cuya presencia y voz imprimen credibilidad a las obras en las que participa. Su trayectoria es una caja de sorpresas, la mayor de las cuales no es el lejano vínculo fundacional con Les Luthiers, ni siquiera su reciente incorporación a populares series televisivas como "La señora" y "Los hombres de Paco", sino algo que tiene que ver con su modo de afrontar la vida. En una época en la que las personas se guían sólo por el beneficio material, De Madariaga decidió abandonar una segura nave empresarial para enrolarse en la temeraria aventura del teatro. Una opción que, según confiesa, ha ensanchado su espíritu a cambio de encoger su estómago.
Madrileño de cuna y tinerfeño de adopción ("me cuesta mucho dejar esto"), el quijotesco actor acude un año más a su cita con el Festival de Zarzuela de Canarias, que se ha convertido para él en una segunda familia y que este año le invita a encarnar a dos personajes opuestos, Don Generoso y Don Aquilino en "La rosa del azafrán" y "Agua, azucarillos y aguardiente", respectivamente.
"Salvo un año en el que estuve ausente por enfermedad, llevo cinco temporadas en el Festival y cada año lo afronto con más ilusión", asegura. "Todos cuantos participamos en él aguardamos ansiosos estas tres semanas de ensayos y representaciones, un periodo de trabajo muy intenso que se desarrolla en un ambiente familiar".
De Madariaga niega que el actor cómico tenga una importancia secundaria en las representaciones de zarzuela. "Al contrario", asegura, "su papel es muy protagónico. Soy zarzuelero desde pequeño y es verdad que las canciones te envuelven, y las escenografías te cautivan, pero como espectador siempre esperas que llegue el número cómico".
Respecto a los dos personajes que interpreta en la XVI edición del ciclo, no duda en identificarse con Don Generoso, él, que ya hizo de Don Quijote en los carnavales y de Cervantes en la híbrida zarzuela "El huésped del sevillano".
"Siempre fui un espíritu inquieto, un loco y desequilibrado, en el buen sentido, ya que para ser actor hay que estar un poco loco", afirma este hombre polifacético en cuyo cuaderno de bitácora figura la afición al submarinismo, de hecho ha "coqueteado" con los tiburones que surcan las aguas del litoral cubano.
En este punto, recuerda un momento decisivo en su vida: "Dejé una empresa rentable por un contrato de tres meses en el teatro, y lo hice con el único fin de vivir un sueño que va ya para nueve años".
Este sueño abarca también al cine, que no obstante le ha reclamado menos que el arte de Talía. Su interpretación más destacada se produjo en "Óscar: una pasión surrealista", donde compartió plató y amistad con el portugués Joaquim de Almeida.
"Hasta la fecha he actuado en cinco largometrajes, uno de los cuales, "El amor se mueve", de Mercedes Afonso, se estrenó el pasado jueves en Madrid. Intervine en "90 millas", de Francisco Rodríguez, y en una tv-movie alemana? también en la telenovela "El juramento de Punta Brava" y, pronto, en los nuevos capítulos de "La señora" y "Los hombres de Paco". En Óscar, trabajé con gran libertad y hubo desde el primer momento un notable feeling con Joaquim de Almeida, con el que mantuve una buena relación que ha perdurado tras el rodaje".
La probada versatilidad de José Luis de Madariaga es un reflejo de lo que él considera su mayor virtud: adaptarse bien "a todo".
Azares de la nave teatral
José Luis de Madariaga presentó recientemente, junto a Chema Pantín, la Unión de Actores de Canarias, un nuevo sindicato que defenderá los intereses del gremio en un momento sumamente delicado por el cierre de salas y el descenso en las contrataciones.
"El problema que tenemos en Canarias es que las obras se estrenan, pero luego no hay donde exhibirlas -diagnostica-. Lo que pretende tanto nuestra asociación como el colectivo RÉPLICA es que se cree un circuito estable, que los grupos sepan que la obra montada y estrenada va a tener un mínimo recorrido, con una serie de funciones concertadas, no como sucede ahora, que tenemos una función hoy, tres dentro de unos meses? Así es difícil trabajar".
De Madariaga admite que hay circuitos insulares "uno de los cuales funciona bien, otro mal y el de más allá ni siquiera funciona", pero echa en falta un circuito regional. En este sentido, aboga por que las programaciones estén instituidas y no queden al arbitrio del político que eventualmente tenga el timón de la gestión cultural.
"Este es un barco que sale a la mar, pero cada vez con un capitán distinto", explica con una metáfora; "Lo necesario es que todos sepamos que vamos a llegar al mismo puerto con independencia de quien gobierne el barco".
Tras la constitución de UAC, sus gestores trabajan en la elaboración del reglamento interno. El siguiente paso será reunirse con las autoridades para poner en marcha el citado circuito estable. "Ahora contamos con unos 60 afiliados, pero estimamos que el sector en Canarias cuenta con casi 200 profesionales. Será necesario explicar bien el proyecto, porque me consta que la palabra sindicato infunde un poco de temor. Somos una organización apolítica cuyo único fin es la potenciación y desarrollo de las artes escénicas en Canarias".
Otro problema radica en el alto grado de contratación de montajes foráneos. "No es de recibo que se subvencione con dinero de los canarios proyectos en los que la participación canaria es nula o casi nula . Cuando se pone nuestro dinero -insiste- es razonable que, cuando menos, los profesionales isleños no seamos marginales, que haya una mínima participación de personal canario, tanto artístico como técnico, en las producciones que aquí se montan. Este será uno de nuestros caballos de batalla".
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