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MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN CINEASTA

"El cine ha estallado en internet"

19/abr/09 07:11
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 EL CINEASTA CÁNTABRO admite que no está a gusto con el cine actual./ m.E.
EL CINEASTA CÁNTABRO admite que no está a gusto con el cine actual./ m.E.

JOSÉ A. DULCE, S/C de Tfe.

El cine español posterior a la transición no se entiende sin la aportación de Manuel Gutiérrez Aragón, un hombre mesurado e inteligente que parece alejarse discretamente de la profesión que amaba y cuyas transformaciones, éticas y tecnológicas, le llevan a desear que otros tomen ahora el testigo. El director de películas como "Habla mudita", "Sonámbulos", "Maravillas" "Demonios en el jardín", "Malaventura", "La mitad del cielo" o "El caballero don Quijote" abrió esta semana el ciclo "Desayunos en el Casino", que se desarrollará en la entidad capitalina durante los próximos meses y en cuyo marco el cineasta cántabro habló sobre las "Luces y sombras de la cinematografía actual".

-¿Cuál es su diagnóstico sobre los problemas que aquejan al ci ne en 2009?

-La cuestión más candente tiene que ver con la difusión del cine en la red. Nuestras películas se ven más que nunca y en todo tipo de soportes, pero es el cine en salas lo que está en crisis. Una tras otra, van cerrando las salas y, así, en la Gran Vía de Madrid, apenas queda un cine, que no se ha cerrado por ser un espacio protegido. El problema al que nos enfrentamos es cómo cobrar nuestros productos en internet, ya que la gratuidad que algunos defienden es un imposible. La cultura gratis no existe. Es una contradicción que el usuario invierta en tecnología, aparatos y soportes informáticos, pero no quiera pagar por los contenidos. En Francia están discutiendo el caso y, cuando allí lleguen a una solución, aquí la copiarán, por mucho que a nuestros políticos le disguste que se hable en estos términos.

-¿Internet es el mejor amigo del cine o hay que ponerle puertas a ese campo?

-Si comenzara hoy a hacer cine, colgaría mis películas en internet. La red permite una gran libertad en el sentido de que tienes acceso a todo tipo de títulos, incluso al cine no argumental, mientras que las producciones comerciales, amparadas en su maquinaria pesada, ya tienen copados sus circuitos. El cine ha estallado y lo ha hecho en la red. Este cambio de modelo ha traído beneficios. Ahora bien, insisto en que la gratuidad que se pregona es falsa, es una estafa. Todos somos internautas, yo, usted, no sólo que los que se asocian. Y el gran pacto cultural al que debemos llegar tiene que ver con el coste de la cultura. Es propio de la democracia que la cultura sea más barata con el fin de facilitar el acceso del público a los contenidos, bien sea a través del DVD o del libro de bolsillo, pero no que sea gratuita. ¿Puertas al campo? Yo siempre vi que el campo está cerrado por todas partes. Internet no puede ser la excepción.

-En los años 70 y 80 había un público receptivo a películas como "Sonámbulos", "Maravillas" o "El corazón del bosque". ¿Cree que hoy serían tan bien acogidas?

-No. Echo de menos ese público vivo, que iba al cine, que debatía. El gusto del espectador se ha estrechado; por eso digo que me gustaría hacer cine en Internet. Si no lo hago, es porque no me veo haciendo películas con un grupo de amigos y una cámara de vídeo. La producción comercial se ha hecho unívoca e igual, mientras que la libertad expresiva se da en internet. Reconozco que es una paradoja personal, ya que estoy hablando de un medio que me gusta por la libertad que ofrece y que, a la vez, es el verdugo del cine.

-¿Quedan lejos los tiempos de "Camada negra" (película de Gutiérrez Aragón sobre el proselitismo fascista) o esos demonios están regresando a la vida española por la puerta de atrás?

-Nunca han terminado de irse. A veces están terriblemente presentes y otras surgen como fantasmas. Una de las cosas buenas del cine es que queda cómo testimonio de su época. "Sonámbulos", "Demonios en el jardín" o "La mitad del cielo" son para mucha gente más reveladoras desde el punto de vista documental que el texto de un historiador. Las películas nos dicen cómo eran las gentes de otro tiempo, sus rostros, sus costumbres?

-Jugó una baza arriesgada con "Todos estamos invitados". ¿Ha recibido amenazas?

-No. Es una película que estaba obligado a hacer. Se han hecho otros filmes sobre ETA, pero en mis cálculos no entraba hacer un cine de denuncia. Quería señalar a los que, en un contexto de violencia, miran hacia otro lado. Es algo que ya viví durante el franquismo. En aquella época te recomendaban que te dedicaras a tus estudios, que no te metieras en política, que no te buscases problemas. Esa máxima, aplicada al País Vasco, también se cumple y los hechos posteriores me dieron la razón. Para mí es un fenómeno terrible que la gente pretenda llevar una vida normal mientras a su lado se está matando a otras personas.

-¿Piensa que su miniserie sobre "El Quijote" ha quedado como un ejemplo aislado de lo que la televisión y el cine podían hacer si unían sus fuerzas?

-Series como "El Quijote" o "Fortunata y Jacinta" tuvieron un gran éxito tanto a escala nacional como internacional, hasta que las televisiones se dieron cuenta de que las comedias de situación eran más baratas y fidelizaban a la audiencia, tanto más fiel cuanto mayor número de capítulos se le ofrezcan: 50, 100 ó 200. A mí, filmar a dos actores contra la pared hablando en plano medio es algo que nunca me interesó. Lo que me atraía era la plástica, la recreación, la puesta en escena. Sigo fiel a esa idea.

-¿Comparte la opinión de quienes creen que nuestras televisiones escurren el bulto en la tarea de producir y divulgar el cine español?

-No la comparto. Hoy es impensable hacer cine sin colaborar con una televisión, ya que cada vez llega menos dinero de la taquilla. Por otro lado, la pequeña pantalla te garantiza una distribución que las salas de exhibición no te permiten. Quiero decir que antes podías seguir el recorrido de tu película de un cine a otra, mientras que ahora no recogemos ese fruto. En la actualidad estrenas "en horizontal" con doscientas copias y no llegas a saber qué pasa con la película y qué vida comercial tiene.

-Horas antes de que tomara posesión la nueva ministra de Cultura algunos medios ya hablaban de que el lobby del cine español se había hecho con el poder. ¿Existe ese grupo de presión?

-El cine siempre ha estado en el punto de mira del poder, ya sea como instrumento de propaganda en la Rusia estalinista o como medio de expresión proscrito por diversas dictaduras. Eso demuestra que es una herramienta estética muy poderosa. Tampoco podemos obviar que, ahora mismo, el cine está subvencionado en todo el mundo. Lo que está pidiendo es una ordenación; tener claras las relaciones con la televisión y con los canales de distribución y exhibición de las películas.

-Ha anunciado varias veces que se "cortaría la coleta" como director. ¿Está hastiado del cine o de lo que actualmente rodea al cine?

-Si me he decidido a dejar esta profesión ha sido más bien por prudencia. En el cine no se debe envejecer. No hay que permanecer en el oficio si no tienes algo que contar. Creo que es una forma de respetar al cine. Deben venir otros que están más a gusto que yo con el cine actual.

-¿Se va con la sensación de haberse dejado una película en el tintero?

-Siempre fui realista. Sólo he escrito los guiones de aquellas películas que sabía que iba a realizar y para las que había productor. La película que me imaginaba siempre era aquella que podía hacer.

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