EL Papa Benedicto XVI, a poco de llegar a su pontificado, con la experiencia de un ardoroso apóstol eslavo, se dio cuenta de la necesidad de contar con la juventud para una "hoja de ruta", ante la que S.S. llamaría una nueva evangelización de Europa. Contaba con la que habría de esperarle en su propia y muy querida Polonia. (Quienes tuvimos la suerte de poder acompañarlo en su primera visita a su tierra, en pleno dominio comunista, acaso pudiéramos valorar mejor lo que representó Juan Pablo II para la fractura del "telón de acero", con el que no pudieron las fuerzas militares más poderosas del mundo).
Poner, en un primer plano, a la juventud, dentro de la acción reevangelizadora de la Iglesia, permitirá un rejuvenecimiento de la Iglesia misma. Una confirmación de la fortaleza del pensamiento de Cristo. Una revitalización de vocaciones o de instituciones. "Una nueva generación de operadores pastorales capaces de responder a la problemática de nuestro tiempo" (cardenal Rylbo), azotada por una secularización y permisividad tales que, por erosionar las raíces cristianas de la libertad y de la vida, pudieron poner en peligro las bases de convivencia en la sociedad. Y aun, como la estamos viendo en nuestros días, las de una economía despojada de bases éticas y de principios ascéticos y morales (Max Weber).
Las primeras jornadas fueron en México. Allí se vio que la experiencia y "llamada" no eran en vano. Más adelante, en Santiago de Compostela, que constituyó un gozo, y no sólo por el monte de tal nombre, se lanzaron dos gritos memorables: "Europa, sé tú misma"; "No tengáis miedo". La cruz de madera, con el icono de la Virgen Salus Populi Romani, ha recorrido países de varios continentes. El anterior y último en Sydney. Desde allí, la cruz fue a Roma. Ahora, el Viernes Santo pasado llegó a Madrid para continuar su peregrinación por toda España.
Las palmeras y olivos que adornaban la plaza de San Pedro el pasado Domingo de Ramos, junto a los miles de jóvenes, muchos de ellos españoles, fueron testigos del recibimiento de aquella cruz. La homilía del Santo Padre vibraba con fuerte acento teológico profundo, y al tiempo apostólico y espiritual: el amor a Cristo. Como secreto para todos los males y todas las esperanzas. Para todas las ilusiones, y para todas las frustraciones. Para la vida y para la muerte. Para la paz y para la libertad.
Acercarse a Cristo supone buscarlo, encontrarlo, salvarse. Porque Cristo se acercará siempre por la misericordia y el perdón. Frente a tantas diatribas y errores, los jóvenes pueden comprender, decía Ortega y Gasset, que "los jóvenes siempre tienen razón en lo que afirman", la "desnuda realidad de la Cruz, y la esperanza que suscita la Resurrección" (P. Eric Pacquinet).
La Cruz, hasta el año 2011, en la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, en hombros, brazos y corazones de jóvenes, recorrerá España, preparando el camino para el gran encuentro de juventud. En parroquias, iglesias, parques, colegios o cárceles, en todo lugar que se solicite. Y ese caminar de Cristo, con la Cruz que viene por todo el mundo, será un acicate para los jóvenes. Y también para cuantos son o quieren ser cristianos (los que don Antonio Montero ha llamado, en "Abc" de 5-5-2009, "conversos de ahora mismo").
* Jurista. Académico
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