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FERNANDO CLAVIJO BATLLE *

Adiós a Zenón, la mirada de La Laguna

19/abr/09 07:10
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Cuando una ciudad pierde a sus cantores, a sus narradores, a sus retratistas, a aquellos que la vivieron y la sintieron con otros ojos y otro corazón distintos a los del resto de la gente, entonces esa ciudad, también muere un poco con ellos.

Hace unos meses, justo cuando iniciaba mi andadura como alcalde, perdíamos a Adrián Alemán de Armas, el mejor narrador que esta ciudad tuviera, el mejor descubridor de sus tesoros más ocultos. Y ahora, finalizando la Semana Santa que tantas veces plasmó, se nos ha ido Zenón, el fotógrafo, el ojo que veía los detalles que en el transitar diario por La Laguna escapaban al resto de los ciudadanos.

Zenón no se llamaba Zenón, pero igual que heredó de su padre la afición por la fotografía, el estudio artístico de la Calle de La Carrera y los objetivos y trípodes, hizo suyo también el nombre, continuando una tradición que no se extinguió ni siquiera cuando recogió sus lentes y cámaras y cerró su local para descansar de la que había sido una fructífera vida laboral.

Aquel estudio que estuvo aquí, cerca de donde escribo, desde siempre, sobrevivió a los cambios experimentados por la ciudad, pero no pudo con las nuevas tecnologías, con los disparos digitales que no conocen la lentitud del recrearse en el trabajo.

Desde sus años juveniles en el Casco hasta su muerte, que le sorprendió en su casa de la Villa de Arriba, Zenón vivió, amó y paseó largamente La Laguna. Sus calles, sus plazas, sus recodos grises y antiguos, los gestos y las vidas de laguneros y laguneras fueron retratados por su mirada sagaz, que alcanzaba todos los detalles.

Su pasión, su idilio con La Laguna y su espíritu crítico y combativo iban a la par, de manera que a su alrededor se fue conformando una tertulia libre, pero seria, en la que, por encima de todo, se hacían oír las ideas de cualquier color, presidida por el respeto y la tolerancia como elementos principales para que se sostuviera ese diálogo durante años.

Tanto fue así que, una vez cerrado su estudio, aquella tertulia abierta y creativa se siguió manteniendo en el bar Castillo, en la esquina que forman las calles de Herradores y Núñez de la Peña, manteniendo la expresión de un lagunerismo hondo y sentido, de un modo de ser peculiar y genuino, cuyos seguidores están hoy de luto.

De Zenón nos quedan muchos recuerdos. Aquellos que harán que guardemos la memoria de un hombre esencialmente bueno, comprometido con sus ideales, crítico cuando había que serlo, que se desvivía por el lugar que lo vio nacer. Aquellos otros que, como negativos o fotografías en papel, nos hablan de una ciudad y sus gentes, que nunca serán las mismas tras su marcha. Laguneros de todo signo y color, humildes o poderosos, mandatarios y jornaleros? todos fueron retratados por la cámara sincera de Zenón, cuya visión de la vida quedaba siempre reflejada en su obra.

Cosas del destino, el último libro que preparaba, en el que retrataba fielmente los oficios de La Laguna, ilustrándose en el verbo brillante de Adrián Alemán, verá la luz, con el apoyo del Ayuntamiento de La Laguna, cuando ya ninguno de los dos está entre nosotros.

Igual que para el poeta quedaba la palabra, para nosotros queda hoy la imagen, queda el retrato veraz y limpio de una Laguna que ya no es, ni será nunca, la misma. Hasta siempre, Zenón.

* Alcalde de San Cristóbal de La Laguna

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