EFE, Las Palmas
Un hombre de 67 años de edad fue condenado a siete años de prisión por abusar sexualmente de la nieta de su pareja cuando pasaba en 2005 las vacaciones en el municipio grancanario de Teror, según la sentencia hecha pública ayer.
La Audiencia Provincial de Las Palmas sentenció también a Esteban D.M., natural de Torredonjimeno (Jaén), al pago de una indemnización de 9.000 euros a la menor, a la que tiene prohibido acercarse durante los próximos diez años.
Los magistrados consideran probado que los abusos sexuales se produjeron entre el 27 de julio y el 1 de septiembre de 2005 cuando el acusado, sin antecedentes penales, viajó a la isla de Gran Canaria para pasar las vacaciones con su pareja en su casa, en la que vivían una hija de ésta con su marido y la nieta.
La sentencia considera probado que durante ese verano el anciano le besó en la boca a la niña, le tocó los pechos y apretó "sus partes" y "le introdujo sus dedos en la zona anal y vaginal muy fuerte, a veces, y un poquito, según sus propias palabras".
La menor dijo en el juicio que agresor era una persona a la que apreciaba, hasta el punto de considerarlo su abuelo, y que nunca antes le había hecho nada.
Para establecer la condena por un delito continuado de abuso sexual, el tribunal destaca que los peritos consideraron el relato de la menor "creíble" y que "no presentaba el más mínimo indicio de que hubiese sido sugerido" por otras personas, como sus padres.
Además, dice la sentencia, la versión de la niña fue corroborada en parte por unos vecinos de la vivienda que manifestaron haber visto desde su casa cómo el acusado abrazaba y tocaba a la niña.
Descarta la sala que el interés de los padres de la menor sea sacar "un rendimiento económico" al acusado y a su pareja, pues "si algo consiguieron con la denuncia fue el que la abuela dejase de remitir, regularmente, dinero a su hija, y que incluso les reclamase el abandono de la casa en la que habitaban, propiedad de ella, para hacer frente a los gastos del juicio".
La sentencia mencionada ratifica la hipótesis de que, en la inmensa mayoría de los abusos y agresiones sexuales a menores de edad, los autores están en el entorno familiar de la víctima.
Esa situación contribuye a frenar la interposición de denuncias ante las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y que, a veces, los menores no sean creídos por algunos de sus familiares cuando hablan del asunto.
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