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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

De mierda y de mediocres

16/abr/09 07:34
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EN ESTE PAÍS de opereta -de momento por una mera cuestión de buen gusto prefiero denominarlo así- son muchas las cosas, en realidad son muchísimas, las que proporcionan motivos más que sobrados para reír a mandíbula batiente. Sin embargo, algunos destacan lo suficiente para merecer una reseña individual. Verbigracia, la circunstancia de que los alumnos de la Escuela Técnica Superior de Náutica no hayan podido asistir a clase el lunes y martes de esta semana, como lo leen, porque un bedel estaba de vacaciones y no había quien abriese la puerta. Grotesco pero real. Aunque nadie ha dicho que este no sea un país esperpéntico. ¿Y a cuenta de qué coño voy a seguir con los buenos modales? Este no sólo es un país grotesco o de ópera bufa; es, simple y llanamente, un país de mierda que cada día va a peor.

¿Saben por qué estaba de vacaciones el conserje de este centro superior? Porque esa es otra. Bueno, si han leído la noticia al respecto, publicada ayer por este periódico, ya estarán enterados. Por si no, o por si se han olvidado, les refresco la memoria. Resulta que el convenio colectivo de los señores bedeles de este centro -desconozco si también afecta a otros centros y facultades de la Universidad de La Laguna- establece dos turnos de libranza en Semana Santa: uno durante los tres primeros días de dicha semana, y otro durante el lunes, martes y miércoles de la siguiente. Supongo que la razón de tanta dádiva en la concesión de días francos se debe a que los señores conserjes son personas extremadamente devotas y, por lo tanto, necesitan tres días de meditación para luego asistir con el cuerpo descansado y el espíritu sublime a las procesiones del jueves y viernes, amén de la vigilia pascual del sábado. De la misma forma, los que no han podido disfrutar de un retiro previo a los días de pasión deben contar, al menos eso, con unas jornadas de reflexión. Bien es verdad que también debemos considerar el síndrome postvacacional. El mismo lunes de esta semana le oí decir a una señora, en las inmediaciones de la calle Miraflores, que tras unos días de vacaciones estaba más cansada que antes. La pobre. La pobre y la madre que los parió a todos, con todo el respeto del mundo por las madres, que ninguna culpa tienen en este asunto. Tampoco me refiero a las madres de los ujieres -establecido el sálvese quien pueda y aquello el último, lo que procede es correr cuanto más mejor-, sino a las progenitoras de quienes firmaron ese y otros leoninos convenios que tan generosos son con el currante en la Administración estatal, autonómica, insular, local, educativa, sanitaria y, de forma general, en todos los estamentos públicos donde los sueldos no los paga quien firma los acuerdos laborales, sino el ciudadano con sus impuestos.

Hoy no abre la Escuela de Náutica porque no hay bedel -qué ejemplo para los alumnos; qué forma de inculcar un modelo de responsabilidad- y en el mismo día nos enteramos de que también seguirán cerrados por la tarde los registros civiles. Y los bancos, y los juzgados, y las oficinas municipales. En definitiva, un país de lo dicho -y de mediocres-, pero con sobrados privilegios para los señores con curro fijo. Aquí los únicos puteados son los autónomos, pero de eso merece la pena hablar otro día.

rpeyt@yahoo.es

 

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