FRANCISCO BELÍN, Valladolid
Con las Bodegas Arzuaga me pasó algo curioso, lo que nunca. Tras la visita hace unos meses a ese oasis enclavado en la comarca pucelana de Quintanilla de Onésimo, me propuse escribir el mejor reportaje posible; hallar los adjetivos más apropiados para vivencias en uno de los templos de la D.O. Ribera del Duero.
Exigencias profesionales solapadas y firme esa responsabilidad, el afán por exprimir lo mejor de mis anotaciones de aquel viaje (el recibimiento de Ignacio Arzuaga y la cata de vinos formidables, sin fácil halago), me llevaron a demorar este trabajo que hoy ve la luz.
Al final me convencí de que el mejor reportaje era... claro, la propia bodega, el trabajo de Arzuaga Navarro, su vino. Eso, junto al propio hotel, pionero en el concepto de enoturismo; el espacio dedicado a la gastronomía -suculenta, subrayo- y un conjunto arquitectónico que ha incorporado cómodas y vanguardistas instalaciones de spa, vinoterapia y masajes (sacando provecho a las propiedades saludables del vino).
Había conocido a Ignacio Arzuaga hace unos años, en una cata multitudinaria organizada por la empresa distribuidora tinerfeña Canarfrit, con el carismático Manuel Díaz al frente. Después de tomar el punto a los caldos presentados, hubo una estrella que destellaría posteriormente en la restauración tinerfeña: Pago Florentino (éste de la vid de Malagón, en Ciudad Real).
Recuerdo cuando sumilleres como Albert Amat o Erika Sanz ofrecían el tinto pletórico, que tan bien casa con una carta alegre y variada en géneros. Sabroso y entrada gentil. Pero, de aquella cata en La Cascada de Santa Cruz me quedaron persistencias agasajadoras de los vinos del apellido (crianza, reserva, gran reserva,...), que, "in situ", remarcaron aún más mi excelente opinión de esta filosofía vitivinícola.
Personalidad que se ve.- Algún conocido, entendido de estas cosas, me dice que, de bodegas, "vista una, vistas todas" -se refería, claro, a la estructura técnica, maquinaria y disposición de elementos para la elaboración de los caldos-. Difiero. Yo siempre le encuentro la personalidad, y este fue el caso.
Cuando llegamos el citado Manuel Díaz, el colega Manuel Iglesias, un servidor y Jorge López, eficiente piloto, tras cubrir una buena ristra de kilómetros, aguardaba Ignacio, que, como anfitrión generoso y afable que es, desplegó todas las atenciones. Condumios de la zona (sin faltar morcilla o el cordero magro,...) y algunas de las perlas que guardaba para el intercambio abierto de comentarios.
Sobremesa estupenda, verdaderamente, y un momento en las habitaciones -desde donde se avistaba un "mar" de viñedos (Arzuaga Navarro cuenta con 150 hectáreas) mecidos por la brisa-, para acudir a una "excursión" poco frecuente.
Ciervos y jabalíes.- Ignacio nos encaminó a la finca La Planta (que da nombre a otro de sus vinos) para reforzar con piensos la alimentación de las especies cinegéticas que campan en libertad por allí. Preciosa estampa la de los ciervos -símbolo que aparece en las etiquetas- que se acercaban con cautela y, luego, de numerosísimos jabalíes que pugnaban en un palmo de terreno.
Antes de la cena, aprovechó el grupo tinerfeño para avanzar entre los espacios de la bodega: donde nace, se perfecciona y duerme el vino en barricas y su trasiego a las botellas.
A estas alturas, no habrá que dejar claro que muchas son las bodegas que he recorrido -dentro y fuera de España-, y encuadres de esta -rincones mágicos para reuniones y celebraciones- me dejaron el imborrable recuerdo que hoy describo.
Espumoso de aperitivo.- Probamos, a modo de aperitivo un Txapana Arzuaga (mitad y mitad de chardonnay y pinot noir), y ya en plena velada prosiguió la charla con más caldos de excepción.
Saben los lectores que prefiero rescatar con estas líneas sensaciones e impresiones, más que datos técnicos precisos, que hoy en día se pueden consultar en la página web www.arzuaganavarro.com.
Sin embargo, sí puedo condensar, como nota de cata personal, todo el equilibrio de unos tintos que me parecen sabrosos, con una intensidad no resquebrajada por taninos agresivos. Estructura de un néctar bien concebido que en su última etapa dista mucho de ser un "quema-esófagos".
Tinto fino, cabernet sauvignon, merlot y chardonnay son las variedades de uva que perfeccionan su rendimiento en unos terrenos privilegiados para el cultivo de la vid como son los de La Planta, de los que Ignacio Arzuaga y su equipo también han extraído un blanco, Fan D'Oro (100% chardonnay). Además del Crianza, Reserva y Gran Reserva, el Gran Arzuaga, con 22 meses en barrica, tiene en boca esa fruta bien atemperada con la madera. Del referido Pago Florentino (Viñedos La Solana), recordar que es 100% tempranillo y que lleva una crianza de 8 meses.
De escapada.- El conjunto merece la pena. Los amantes del vino pueden convencer a los que no se paran a prestarle tanta atención y pasar unos días de desconexión en todo un ejemplo del denominado enoturismo.
Cocina de la tierra, tranquilidad, sesiones en el flamante spa para tonificar el cuerpo y, a modo de ejemplo, una exfoliación de la piel con pepitas de uva, sales minerales de terruño y vitaminas que renuevan la piel sin agresiones.
Por supuesto, una copa de estos vinos y divisar tranquilos el viñedo.
LA FICHA
Bodega Arzuaga Navarro: El conjunto de bodegas, hotel y restaurante, servicios de spa y vinoterapia se encuentra en la Carretera N. 122 Aranda-Valladolid, Km 325 (vía que une Soria con Valladolid); Quintanilla de Onésimo.
Teléfono: Para información y reservas, 983 68 11 46; fax, 983 68 11 47.
Página web: www.arzuaganavarro.com
Vinos y aceite: Además de los caldos (blanco, tipo champaña y tintos), se elabora aceite de oliva virgen extra (var. cornicabra).
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