Hace 50 años, Matilde Arroyo preparaba tartas y rapaduras para sus amistades en Los Llanos de Aridane. Pero la fama de sus creaciones culinarias fue propagándose hasta que se interesó por la fabricación del bienmesabe, que hoy es todo un referente a la hora de hablar de los postres palmeros. La receta original de la singular exquisitez gastronómica era de su abuela, Nieves Pérez Felipe. El éxito en las ventas unido a la necesidad fueron los motivos que sentaron, así sin querer, los cimientos de esta empresa de venta de dulces manufacturados elaborados en la cocina de su hogar. Aunque muchos han seguido su ejemplo, el bienmesabe de Matilde tiene un punto especial. Un secreto exquisitamente guardado y que sólo saben sus hijos. El resto confiesa que es el resultado de mucho fuego, mucha paciencia y mucho amor. Su otra joya gastronómica es el príncipe Alberto. Un postre al que la empresa define por su sencillez y cuya fórmula secreta atribuye, igualmente, a la dosis de cariño con el que elabora sus postres. Mientras en la elaboración del bienmesabe se emplean almendras tostadas, bizcocho, azúcar y la ralladura del limón, en el príncipe Alberto emplea chocolate, almendras y bizcocho.