DOS NOTICIAS publicadas ayer en nuestro periódico invitan a reflexionar. La primera de ellas, la más importante de nuestra primera página, informaba de que tanto la Administración autonómica como la estatal han frenado sus inversiones en Canarias. De la otra noticia transcribimos el primer párrafo, pues lo consideramos suficientemente significativo en sí mismo: "El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, considera que el Archipiélago lleva 30 años de retraso con respecto al desarrollo social y económico de la Península, algo que, en su opinión, ha dado lugar a que los canarios sean los más castigados a lo largo de la historia desde que se produjo el proceso de descentralización de España y la puesta en marcha de las autonomías". De pena, aunque cierto.
No nos sorprende que el Estado español no quiera invertir en el Archipiélago. ¿Para qué?, nos preguntamos. Los peninsulares nos han esquilmado durante seis siglos con muy poca inversión. ¿Para qué enmendarse ahora, sobre todo si saben que pueden seguir haciéndolo impunemente, pues no hay nadie que se lo impida? Los diputados de los partidos estatales -PP y PSOE- presentes en Madrid están sometidos a una disciplina férrea y no pueden hablar a favor de las Islas ni aunque quieran, aunque tampoco quieren. Por lo que respecta a los representantes nacionalistas, ya hemos dicho que doña Oramas, don Perestelo y el otro están dedicados a la política pura y a prestarle a Zapatero, gratis et amore, todos los apoyos que necesita.
Lo repetimos: el Estado español nunca, nunca, nunca se ha interesado por Canarias, y menos ahora. Estas Islas dejaron de ser afortunadas desde el momento en que sus habitantes fueron masacrados por los invasores durante la vil conquista de nuestra tierra. Afortunadas lo eran en el pasado, cuando sus pobladores vivían en libertad, y volverán a serlo en el futuro, cuando recuperemos nuestra libertad y seamos un Estado soberano; cuando los canarios seamos canarios. Es decir, cuando tengamos identidad propia y no la consideración, como ocurre ahora, de ciudadanos de tercera categoría o ultraperiféricos.
Paulino Rivero quiere que tanto el Gobierno de Canarias como la oposición socialista en el Archipiélago evalúen cuál es el déficit de financiación que tiene el Estado con las Islas, de una forma parecida a como se ha hecho en otras comunidades autónomas. Es una suerte tener a un presidente como Paulino Rivero; un hombre de acción, entregado al servicio de su pueblo. De su buen hacer político deberían tomar nota otros que sólo vienen a Canarias los fines de semana para vociferar. Del señor Rivero esperamos mucho los canarios. No sólo para resolver la crisis, sino también para resolver la inapelable cuestión de nuestra soberanía. Paulino Rivero es la persona indicada para dar el primer paso, y hasta para constituirse en el presidente provisional de la nueva nación canaria. No tenga usted miedo de dar ese primer paso, don Paulino. Tenga la completa seguridad de que no lo van a encarcelar o fusilar. No le va a ocurrir nada malo. Al contrario: cuando sepan Zapatero, Blanco, Rajoy y otros mandamases peninsulares que Canarias reclama su libertad, y que la conseguirá en 2010, para acallarnos vendrán los beneficios. Unos beneficios que jamás podrán compensar lo que nos han mamado en seiscientos años, y lo que nos mamarán de aquí a 2010.
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