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EDITORIAL

Ni niños, ni hambre, sino libertad y soberanía

14/abr/09 07:43
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HACE UNOS DÍAS hablábamos de lo inconveniente que resulta que los niños visiten el Parlamento de Canarias, considerando que son menores y que pueden escandalizarse de algunas vergüenzas que ven en ese antro político. Decimos "antro" no refiriéndonos a la institución que, como siempre destacamos, nos parece muy respetable, sino a quienes ocupan actualmente sus escaños. Ahora existe otro motivo que desaconseja esas visitas de menores. Nos referimos a que Cáritas haya presentado ayer en el Parlamento su VI Informe sobre exclusión social y desarrollo en España 2008, donde se pone de manifiesto que, pese a que en los últimos 14 años ha subido extraordinariamente el nivel de vida, no ha bajado la pobreza.

No ha subido el nivel de vida del pueblo que paga sus impuestos. En cambio, sus "señorías" viven mucho mejor, pues no dudaron en subirse los sueldos cuando ya estábamos en plena crisis. Las intenciones de Cáritas para que exista una mejor distribución de la riqueza tropiezan con la vergonzosa actitud de quienes sólo saben distribuirla para sus bolsillos. Canarias necesita un Parlamento con otros diputados que no tengan que tomar "medidas impopulares" como lo es aumentar lo que cobran. Necesitamos diputados y diputadas que tampoco desahucien ilegalmente a los ciudadanos colindantes; que no pierdan la cordura ni los domine el histerismo; que no aprueben, regocijados, los atentados contra Tenerife, como el cometido en el pretendido Estatuto de autonomía; que no se dediquen a decir chistes coñones, y que no sientan orgasmos al leer reprobaciones contra EL DÍA, como lo hizo María del Mar Julios, la vampiro. Como diría el conde cojo, "jo..., qué tropa". Motivos todos ellos, en cualquier caso, para no llevar jamás a inocentes niños a ese lugar. El Parlamento no está para que lo visiten los niños ni para tomar medidas contra el hambre hasta que no dé el paso de pedir la libertad de Canarias.

Como señalábamos unas líneas antes, hablamos siempre en nuestras críticas de las personas, no de las instituciones. En nuestro comentario de ayer lunes decíamos que "del PP y del PSOE Tenerife no puede esperar nada. Que sigan los tinerfeños votando por esos partidos; así beneficiarán todavía más a Las Palmas. Sin olvidar que los "nacionalistas" de CC se han escorado también mucho para Las Palmas. Éstos, sin duda, buscando votos donde no los hay". Entenderá el lector que nos referimos, al igual que cuando hablamos del Parlamento y su contenido, no a estos partidos en sí mismos, que nos merecen todo el respeto, sino a las personas que los componen. ¿Qué diputado nacional del PSOE o del PP -y no digamos nada de los dos de CC y el senador Belda- ha hecho algo por Tenerife que sea digno de mención? ¿Por qué han consentido socialistas y populares tantos despojos a la mayor y más importante de las islas de este Archipiélago? Es para no votar por ellos jamás en la vida. Y entramos en nuestro asunto capital.

Por fin el presidente del PNC en Tenerife, Juan Jesús Ayala, ha hablado de forma clara y directa. En su artículo publicado ayer lunes por EL DÍA no se ha expresado de manera críptica como en otras ocasiones. En él advierte que el Magreb se está desestabilizando, y tiene toda la razón del mundo. "Pues si esto es así -dice en su artículo-, no olvidemos que parte del Gobierno alauí está integrado por miembros del Istikial, partido nacionalista que no cesa en reivindicar las Islas Canarias como pertenecientes a Marruecos para dar satisfacción a la idea del Gran Magreb. Por lo que es fácil deducir que, si la crisis del país vecino se acentúa, no es descabellado pensar que la insistencia de Marruecos hacia las Islas como parte de su territorio se convierta en una política de Estado y de tapadera incitadora hacia la conquista tras la permanente reivindicación de Canarias. Por eso digo: cuidado, que el Magreb se desestabiliza."

Juan Jesús Ayala advierte sobre un hecho irremediable, aunque él apunta a que se debe a motivos de inestabilidad política. Consideramos cierta la tesis de Ayala, pero recordamos que también existen otras causas expuestas por nuestro periódico desde hace años: estamos en aguas marroquíes y, en consecuencia, somos de Marruecos. ¿Cómo podemos pertenecer a un país situado en otro continente, cuya capital está a 2.000 kilómetros de distancia de nuestro Archipiélago? ¿A cuenta de qué siguen doña Oramas, don Perestelo y don el otro divirtiéndose en Madrid a costa de los canarios, en vez de plantear de una vez esta realidad? ¿Cuánto tiempo más van a seguir jugando a la política pura? ¿No entienden que deben reclamar inmediatamente la soberanía para Canarias y dejar de divertirse? ¿Con qué cara pueden venir a las Islas cada fin de semana, después de estar en Madrid perdiendo el tiempo con tonterías y haciendo lo que le conviene a Zapatero y a Rajoy? ¿No se dan cuenta de que algún día ese pueblo al que están engañando les exigirá cuentas?

Pese a la amenaza marroquí, los perros de la ira canariona y sus caballos de Troya infiltrados en Tenerife siguen amedrentando a los canarios con la idea de que somos incapaces de sobrevivir por nuestros medios. Fieles a los intereses de la Metrópoli, perpetúan el miedo isleño a volar en libertad. ¿Qué pretenden? ¿Qué sigamos en la jaula otros seis siglos? ¿Qué preferimos como canarios, ser libres y nacionales de nuestro propio Estado, o continuar como bastardos ultraperiféricos, que es lo que somos mientras continuemos como ciudadanos colonizados? Que nadie se lleve a engaño: si no somos canarios, seguiremos como siervos de los españoles o pasaremos a serlo de los marroquíes. No acertamos a decir si esta última posibilidad es mejor o peor que la actual.

Por todo ello, Canarias está abocada a ser una nación. No tenemos otra salida si queremos ser libres y disfrutar de nuestro territorio y nuestras riquezas, que son inmensas; si queremos disfrutar de nuestro cielo y de nuestro mar; de todos nuestros recursos potenciales. Y no exageramos. Ni exageramos, ni pecamos de alarmistas al decir, como lo venimos haciendo, que Marruecos nos absorberá cuando quiera. Llegado ese momento, España no podrá hacer nada para impedirlo, sea cual sea su Gobierno, ni empleando la fuerza, ni recurriendo a la política.

Ante esta realidad, se nos quiebra la cabeza al pensar en la pasividad madrileña de Ana Oramas, Perestelo y el otro, así como todos los representantes del nacionalismo canario que han pasado por el Congreso de los Diputados. ¿Cómo es posible que usted, don Paulino Rivero, no se atreva a hablar de igual a igual con el presidente del Gobierno de España? Al menos plantee la necesidad de nuestra soberanía. Luego, ya veremos qué sucede. Y si no lo escucha don Zapatero, acérquese a Bruselas y diga que queremos seguir en Europa, pero no como europeos ultraperiféricos y de tercera categoría, sino como canarios. Es decir, con bandera, Estado e identidad propia. Conviene que se sepa que no somos españoles. Los españoles nos toleran, pero no nos consideran españoles. Somos indígenas isleños de una tierra ultramarina situada a miles de kilómetros de la Metrópoli. Conviene hablar claro para que todo el mundo se entere de que nuestra riqueza se la están mamando los españoles.

Además del peligro marroquí, esbozado por Ayala y tan repetido por nosotros, hemos de ser soberanos para recuperar nuestra identidad como pueblo libre; una identidad que perdimos al ser invadidos, masacrados, vendidos y robados por los invasores. La libertad para Canarias es un axioma. Es decir, una verdad tan evidente que no necesita demostración. La verdad es lo que es.

 

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