El dios de la avaricia material
Como un canario más con, al menos, dos dedos de frente, quiero solidarizarme con los razonamientos expuestos por don Pedro Antonio Martínez Martín, publicados en esta misma sección el 31-03-07, bajo el título "Tren del Sur". Escueto y puntual. Pocas razones de tanto peso pueden aducirse con menos palabras.
Aunque hay algo con lo que no estoy totalmente de acuerdo. Yo no creo que lo que en realidad motive a esos "descerebrados" sean las grandes locuras, sino más bien los grandes pelotazos. ¿Pero es que no vemos lo que ocurre ante nuestros propios ojos? Los mismos de siempre enriqueciéndose a manos llenas, a costa de arrasar nuestro patrimonio natural, de llevar a cabo obras faraónicas, de destruir y construir sin tino, deteriorando irreversiblemente este frágil territorio y, con él, el futuro de nuestros hijos.
Está claro, clarísimo, que "los de la pomada" tienen todas sus necesidades cubiertas y que, en el fondo, les importan un? (iba a decir un carajo, pero me pareció de mal gusto) las verdaderas necesidades de la isla y de los isleños. Sólo los mueve un desmedido afán de riqueza y poder. ¿Cómo es posible que este pueblo nuestro no reaccione, no se rebele de una vez contra tanto despilfarro, tanto despropósito y tanto mamoneo?
¡Señores!, aquí hay una ciudadanía trabajadora que paga religiosamente sus impuestos y se merece un respeto. Y éste pasa por cubrir con urgencia sus necesidades perentorias.
¡Sí! Yo también abogo por una sanidad en condiciones (me viene a la memoria una viñeta humorística aparecida en las páginas de este mismo diario, donde un mago dice: "Pedí una sanidad en condiciones y me dieron un policía autónomo"). Esa es otra fruslería de alguien que también desea pasar a la posteridad como artífice de otro despropósito. Los pueblos no evolucionan fomentando el crecimiento de cuerpos represivos, sino fomentando la educación y la cultura. Pero claro, los que manejan los hilos saben a ciencia cierta que, cuanto más culto es un pueblo, más difícil resulta de manipular. O sea, que las marionetas, cuantos más hilos tienen, más complicadas son.
Después del Tren del Sur, vendrá el Tren del Norte, y si nos descuidamos, un tren transversal que una el norte con el sur, y más tarde un tren turístico que descienda a las profundidades del Averno, para visitar el balneario que regenta el patrón de estos "mammones": servidores de Mammón, el dios de la avaricia material.
Miguel Ángel González Yanes
Franklin, el pararrayos y la jaula de Faraday
Leo que el autor de la sección "Desde Dentro" (EL DÍA) hace referencia a mi humilde persona, cosa que agradezco: es más me parece un honor que me mencione un columnista tan conocido. En modo alguno he pretendido buscar ni pelos ni arañas en la sopa; es más, no me gusta nada la sopa. Tampoco creo que me caiga un pelo en la sopa por más que mueva la cabeza, ya me gustaría mucho, pero mi alopecia androgénica no lo permite. Admito de buen grado que el autor no quisiera escribir lo que escribió pero el tenor de las palabras que aparecen impresas -tal vez sea un error de imprenta, entonces- "contra los rayos se inventaron los pararrayos hace mucho tiempo; en la época de Faraday y por entonces" hace que el lector entienda que el que escribe esa frase está relacionando "la invención del pararrayos con Faraday". En fin, repito que leo de buen grado y con gusto al autor de la sección, incluso me desayuno con él; mas, permítaseme entonces sostener que si el afamado columnista afirma que no quiso decir que Faraday inventó el pararrayos, le creo de todo corazón; sin embargo, que sepa que si hubiese puesto esa frase en un examen de Historia de la Ciencia, le hubieran suspendido. Mis mejores respetos y deseos para el columnista.
Justo Pedro Hernández González
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