EL DÍA ANTES de la concentración en Madrid, en la que muchas personas se manifestaron a favor de la vida y en contra del aborto, el periodista Carlos Dávila, de Intereconomía, entrevistó a Monseñor Martínez Camino, obispo de Madrid y portavoz de la Conferencia Episcopal. Dialogaron sobre diversos temas: aborto, promiscuidad, eutanasia, matrimonio homosexual, preservativo... Monseñor contestó a todo con alguna aspereza, pero con apabullantes razones, dentro de una posición teológica muy de la Iglesia. Es indiscutible la preparación de este obispo y sus conocimientos del alma, pero, con todo el respeto que merece, su mensaje no caló en absoluto. Al terminar la entrevista, mi mujer y yo nos miramos porque pensamos lo mismo: no convence. Soy católico practicante y a lo largo de mi vida he tratado de ser un buen cristiano, por lo que la disertación de este intelectual de la Iglesia, además de no convencer, estaba fuera de la realidad, y sus palabras no deberían destinarse a personas convencidas de antemano, sino a los que tienen dudas o no tienen una opinión establecida.
Existen muchos problemas en el mundo, como el actual desastre económico que estamos sufriendo, pero hay una crisis que padecen el hombre y la mujer de hoy: la crisis de valores y de fe. Nos hacen falta más pastores de almas que ahonden en nuestros problemas y que ayuden a las personas desorientadas. Hay gente creyente y practicante están los que creen pero que sólo van a la iglesia de vez en cuando y tambien los que no van nunca, y después están los que no creen en nada. Ésa es la gente que precisa otra clase de mensajes. Conozco pastores que hacen buenas labores y son más cercanos. El padre Pedro, de la iglesia de la Encarnación, de La Victoria, cuando termina la misa, se coloca en la puerta y despide con afecto fraternal a todos sus fieles. Don Lucio González Gorrín, párroco de Santo Domingo, en La Laguna, cuyas pláticas sobre los Evangelios nos hacen meditar. El padre Mendoza de la Basílica, con un enorme vozarrón y homilías cortas y claras, se lleva a los fieles de calle. Desde las más altas instancias de la Iglesia, el mensaje tiene que llegar con más claridad, sin imposición, y debe ir destinado a esas personas que están ausentes.
El Papa habló en África de promiscuidad y del preservativo, y como siempre, sacan sus declaraciones de contexto y reaccionan regalando preservativos en las calles de Las Palmas y anunciando que se mandarán al continente cien mil más. Seguramente, volverán en algún cayuco y veremos cómo se venden en alguna calle de nuestra capital, ya que los africanos no van a utilizarlos.
Las personas están necesitadas de creer, porque hay falsas promesas y muchas dificultades; por eso, cuando la Virgen de Candelaria visite al Cristo en la ciudad de La Laguna, en mayo próximo, todos los que acudan al encuentro sentirán la cercanía de Dios e incluso llorarán. La manada está extraviada y muchas ovejas descarriadas podrían volver al redil si el mensaje tuviera más proximidad, más hondura y más calor humano. La Iglesia puede proporcionarlo, porque hace mucha falta, pero ese no es el camino...
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