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EL DÍA, S/C de Tenerife
Los extremos se tocan. Los períodos de estrés, de mucha actividad, pueden afectar a la duración y calidad de las erecciones. Y lo mismo puede ocurrir cuando echan a alguien de su trabajo y su autoestima se queda a la altura de las alcantarillas.
Pedro Rodríguez, jefe del servicio de Urología, señala estos dos factores (estrés y baja autoestima) como generadores de problemas de disfunción sexual cuyas causas son psicógenas.
Para abordar un problema que es complejo, Rodríguez comienza por definir la disfunción eréctil: "La incapacidad, que puede ser persistente o recurrente, de tener una erección que permita una relación sexual satisfactoria".
Según un estudio realizado a finales de los años 90, la prevalencia de este tipo de problemas a nivel nacional es del 12,1%, por lo que se calcula que existen dos millones de personas que sufren disfunción eréctil en España, explicó el experto. De estos dos millones, "por desgracia sólo consulta a un especialista el 16,5%", añade.
Aunque las nuevas generaciones son cada vez más desinhibidas y conscientes de que sufrir un problema de estas características no es causa de vergüenza, aún son muchos los hombres que no consultan.
El jefe de Urología del HUC explica que hay tres tipo de disfunciones sexuales según los motivos que las causan: orgánica, psicógena y mixta.
La orgánica está producida por factores vasculares, neurógenos u hormonales. La más prevalente es la que está asociada a esos trastornos vasculares, íntimamente relacionados con factores de riesgo como la hipertensión, el colesterol, la obesidad y la diabetes. Entre las personas diabéticas, de hecho, la incidencia es "de un tercio más que en el resto de la población". "La diabetes genera alteraciones vasculares y neurológicas y el problema es que esta enfermedad, con el tiempo, va esclerosando los vasos", añadió.
La neurógena se ocupa está producida por trastornos del sistema nervioso y pueden producirse por traumatismos a nivel pélvico o como efecto colateral de una cirugía de colon.
También, aunque menos comunes, son las que se producen por una alteración local a nivel del miembro viril.
El estrés y la baja autoestima entrarían dentro del amplio abanico de causas psicógenas. Por último, la mixta es la que está provocada por factores orgánicos y psicógenos.
El especialista indicado para tratar este tipo de problemas es el urólogo o el andrólogo, aunque de estos últimos hay muy pocos, valoró Rodríguez.
"Muy pocos pacientes, cerca del 1%, van al urólogo para consultar solamente la disfunción eréctil", explica el especialista. Normalmente, "suelen venir por la próstata" y es el médico el que suele preguntarle si tienen algún otro problema relacionado con las erecciones.
Si es que sí, Rodríguez tiene claro que lo principal es realizar una buena historia clínica, donde se van a revelar los posibles factores que pueden producir esa disfunción. Esto incluiría la edad del pacientes, la diabetes, las alteraciones vasculares, la hipertensión, las cardiopatías, el tabaquismo, el consumo de drogas, las hormonas (los tratamientos con estrógenos y anabolizantes) y los antihipertensivos. Todos estos factores pueden provocar disfunción eréctil, por lo que es necesario comprobar si existen.
También es necesario saber si ha producido alguna alteración en la pareja, que el hombre inicie la relación sexual con miedo a fallar o que pueda tener algún trauma infantil.
Para medir la calidad de la erección, en el Hospital Universitario realizan una batería de pruebas especiales. Es el caso de "un dispositivo de registro de erección que va conectado a una especie de cintas que rodean el pene y a un sistema de grabación para ir viendo durante la noche los tipos de erección". Esta prueba se realiza durante tres noches.
Otra de las pruebas es el ICDV o inyección de drogas vasoactivas para comprobar cuál es la dosis adecuada para que el paciente logre una erección con suficiente duración.
Por último está el test de atención visual. El HUC cuenta con una cabina con una televisión en la que se reproducen películas pornográficas para comprobar si existen respuestas a esos estímulos visuales.
Rodríguez recomienda, no obstante, que lo mejor para prevenir este tipo de problemas es "llevar una vida sana física y psicológicamente".
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