LA CONFECCIÓN de las cometas de caña y papel de seda casi cae en el desuso y ya rara vez se observan sus vaivenes de vértigo en el cielo, cuando la primavera sopla fuerte y despuntan los colores en el aire. El encanto de este entretenimiento de la infancia de otrora residía en poner a prueba las capacidades de diseño y de elaboración de tales artilugios con materiales muy rudimentarios y con mucha inventiva durante las vacaciones o en el tiempo libre. Las horas se escapaban como esas cometas que se perdían en el cielo y todo se venía abajo cuando fallaba el hilo conductor, ahora suplantado por la pasividad que provoca la concepción del mínimo esfuerzo intramuros frente a las ilusiones del plasma o cristal líquido. Los Alisios me animarán a tirar del hilo de la cometa.
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