DE LA MISMA manera en que Gabriel García Márquez nos iba relatando con detalle los últimos minutos de vida de Santiago Nasar, el Gobierno formado por Zapatero iba agonizando sin ser realmente consciente de ello.
Una muerte anunciada por todos es la sensación que nos producen los cambios que ha realizado esta semana el presidente español. Lo que nos ha dejado un poco asombrados han sido algunos de los cambios efectuados, así como la creación de una tercera Vicepresidencia.
Los primeros en anunciar la crónica de esta muerte anunciada han sido los propios ciudadanos que, cansados de tanta irresponsabilidad y malhacer, no han dudado en manifestar su descontento cada vez que se lo permitían las circunstancias. La realidad de nuestro país ha sido la segunda en anunciar y reclamar el deceso de ese Gobierno.
Nos atrevemos a afirmar que lo que en realidad pretendía más de uno (y aquí no solo estamos incluidos los del PP) era la dimisión de José Luis Rodríguez Zapatero. Visto lo ocurrido, entendemos que, aunque siga "metiendo la pata" tal y como ha venido haciendo desde el principio de la presente legislatura, seguirá en candelero hasta el final.
Nos llama la atención cómo intentan camuflar sus errores con los problemas generados por la actual crisis; tanto es así, que ha sido el propio Zapatero quien ha manifestado que el cambio de Gobierno se ha hecho para luchar contra la crisis económica.
En cuanto a esta apreciación, queremos recordarle que una cosa es la crisis mundial, eso no lo duda ni niega nadie (ni siquiera los de su partido), y otra bien distinta es no haber acertado con las personas en las que depositó su confianza para que gestionaran el país, tal y como se merece España y todos sus ciudadanos.
Erró al crear ministerios innecesarios, empeoró su equipo al otorgar a Solbes una cartera tan importante como la de Economía y Hacienda, o al permitir los continuos errores de Magdalena Álvarez. Es más, su equipo no ha parado de entorpecer el desarrollo y el bienestar del país, y lo peor de todo es que no ha hecho caso a quienes se lo venían advirtiendo, mirando para otro lado como si nada estuviera ocurriendo (este comportamiento no es propio de un presidente de Gobierno).
Era necesario que sacara de la vida política a tantas personas incapaces para tales propósitos. Lo que no sabemos es si los sustitutos son los políticos apropiados. Ya lo veremos, es sólo cuestión de tiempo. Por el bien de todos, les deseamos lo mejor y esperamos que esta vez haya acertado. Hacerlo peor de lo que lo hicieron los ministros anteriores es bastante complicado, aunque nunca imposible.
El hecho de que sea la primera vez que existan tantos altos cargos que pasan a ser ministros evidencia la inseguridad absoluta del propio Partido Socialista Obrero Español.
Y como no tienen desperdicio alguno, queremos compartir con ustedes algunos aspectos destacados de los ministros que se van, pero también de los que llegan.
Es obligado comenzar con Solbes, quien será recordado como el ministro del paro (tanto en el año 93, como en el presente). Gracias a su esfuerzo, hemos pasado de la Champions League a Tercera División en un abrir y cerrar de ojos. Le sucede hoy Elena Salgado, quien ha mantenido una confianza plena en el ex ministro (esto nos preocupa). Según Zapatero, la ha incluido para dar dinamismo al equipo por su capacidad de trabajo (nosotros sólo le conocemos el haber conseguido la prohibición de fumar en los bares y restaurantes).
Qué decir del que hasta ayer gestionaba la sanidad española, Bernat Soria, un político que mintió en un 80% de su currículum y lo primero que hizo nada más ser nombrado ministro fue hablar sobre el posible nombramiento de Zapatero como Premio Nobel, de la total libertad para abortar o de la práctica de la eutanasia activa. Es el ministro con menos credibilidad que ha tenido España y sólo será recordado por sus numerosas e impertinentes "blufferías".
Quien lo sustituye, Trinidad Jiménez, tiene ya un perfil político propio de aquellos que gustan de llamar la atención. Conscientes de que deberá empezar y educarse en gestión sanitaria desde cero y pensando en la salud de todos los españoles, le deseamos lo mejor.
Hablando de educarse nos viene al pelo la cartera de Educación. De la ministra que se va, decir que nos ha dejado con los peores resultados obtenidos en materia educativa. Sobre el nuevo, Ángel Gabilondo, tenemos ya una cosa clara y es que no será criticado en ningún momento por el grupo Prisa, por muy mal que lo haga. Igual creen que esto es una ventaja. No podemos dejar de comentar que, si algo estaba haciendo bien el anterior Gobierno, era gestionar el ámbito universitario, dirigido por la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. Separar lo universitario de este ministerio no es un acierto y propicia el retroceso de todo lo conseguido hasta ahora.
Otro error que encontramos tiene que ver con el ministerio de Cultura, pues César Antonio Molina ha sido uno de los mejores gestores culturales que ha tenido nuestro país y que ahora sea sustituido por Ángeles González Sinde, hasta ahora presidenta de la Academia de Cine, nos hace pensar que sea propio de favores pendientes con el sector de actores y actrices españoles, fieles defensores del movimiento de "cejas" y del propio Zapatero, y no del tan necesitado sentido común.
La creación de una tercera vicepresidencia es ya para rizar aún más el rizo, si es que es posible. Conocedores de que no todo está en la cantidad sino en la calidad, nos resulta bastante absurdo, aunque va en la línea de las actuaciones de Zapatero así como de su amplio séquito, compuesto por más de 660 asesores. Manuel Chávez, a quien conocemos por su nefasta gestión en Andalucía, ocupará Cooperación Territorial.
Por último, nos queda la destitución de la polémica "Maleni", más conocida por sus "chapuzas" que por su buena disposición y su buen hacer. No sabemos cuál será su futuro, pero esperamos que no tenga que ver con aspectos de aviación, porque su recibimiento no creemos que sea muy bueno en este sector (ni en este ni en ningún otro). Este personaje político ha sido uno de los errores más grandes que ha cometido Zapatero y también la peor ministra que hemos tenido.
La sustituye José Blanco, gran manipulador del PSOE y, por ahora, decir que estaremos muy atentos a sus actuaciones, porque alguien que vive en una casa ilegal, tal y como se habla de su vivienda en Lugo, ya se merece todas nuestras sospechas y más si se trata del nuevo ministro de Fomento.
Terminamos hoy con el deseo sincero de que este nuevo Gobierno sea por lo menos consciente de cómo se encuentra España en estos momentos y de cuáles son las principales necesidades y problemas que tenemos los españoles.
Nos tranquiliza que no seamos los únicos que estamos atentos a todo lo que se haga desde Madrid a partir de ahora porque, como ya anunciamos al principio de este artículo, era un cambio que pedíamos todos a gritos.
* Senador por la isla de Tenerife,
vicepresidente 2º del Cabildo Insular y consejero del área de Sanidad y Relaciones con al Universidad
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