Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Una Semana Santa más

12/abr/09 07:44
Compartir
Edición impresa .

ME RECUERDA siempre un amigo que el pueblo español es anticlerical pero católico. A cualquiera que le pregunten por la calle sobre lo que opina de los curas, expresará, en la mayoría de los casos, un criterio manifiestamente mejorable. "Veo que está en contra de los sacerdotes. Luego no es usted católico". "Oiga, yo católico soy desde que nací y lo seré hasta que me muera". Críticos con la Iglesia pero apostólicos y romanos. Así son la mayoría de los ciudadanos de este país. No entran en un templo ni atados, pero muchos darían su vida por una fe nebulosa que, se mire como se mire, ha dejado de regir los comportamientos básicos de quienes la profesan de los Pirineos hacia abajo. Algo que sigue sin entender la progresía. Digo la progresía y no el PSOE, porque entre los socialistas abundan los católicos; incluso los de comunión diaria.

Les sobra a Zapatero y su camarilla el enfrentamiento perpetuo con el clero. Piensan que eso les da votos, pero se equivocan. Le proporciona cierta popularidad momentánea y chusca; nada más. Azaña condenó al fracaso a la Segunda República cuando dijo, mientras ardían lugares de culto por medio Madrid, que todos los conventos de la capital no valían la vida de un solo republicano. Una república de católicos y ateos, de izquierdas pero también de derechas, quizá hubiese llegado a nuestros días. Una república escorada hacia un solo bando tuvo el final que todos conocemos.

Igualmente, le sobra al entorno del presidente el planteamiento que se ha hecho para reformar la conocida como ley del aborto. Tal vez hubiera bastado con decir que la interrupción voluntaria del embarazo es un asunto indeseable, aunque un mal admisible en determinados casos para no perpetuar tragedias personales. Hubiesen tenido oposición de la Iglesia y sus fieles, no cabe duda, pero no una reacción tan virulenta como la que se ha producido, y que ha desencadenado en los lazos blancos presentes en algunas procesiones. En Andalucía, nada menos que en la socialista Andalucía, los responsables de varias cofradías ofrecieron los pasos de penitencia para salvar la vida de los niños que aún no han nacido. Lejos de la sensata mesura, ha dejado Zapatero y su Gobierno el asunto en manos de una descerebrada política a la que, dicho sea de paso, tampoco ha tenido el acierto de cesar en esta remodelación. Ese PSOE de la Aído, de la Chacón, del Pepiño -por fin ya es ministro- y de lo más selecto de la progresía andante, ha considerado oportuno aprovechar una ley controvertida, pero también indispensable en algunas situaciones, para meterle el dedo en el ojo a los católicos y hurgarles hasta en el nervio óptico.

Pero no sólo eso. Por estos alrededores, un individuo al que en su día bauticé como Mingo el bobo -ustedes se imaginarán por qué-, ha criticado al Ayuntamiento de Santa Cruz por apoyar la Semana Santa en esta capital canaria. Como si a los miles de santacruceros que han preferido marcharse al Sur de la Isla durante estos días, a otras islas o incluso a la Península, les importase que otros miles hayan preferido asistir a unas procesiones que se caracterizan no por la vistosidad folklórica y las cuantiosas cofradías de otros lugares, sino por un recogimiento fervoroso de quienes participan en ellas. Un sentimiento, eso parece, que no le gusta a algunos, si bien cada cual está en su derecho de opinar lo que más le plazca.

Está escrito que la proliferación de las procesiones hay que entenderlas como consecuencia de la convocatoria del Concilio de Trento a mediados del siglo XVI, en el cual se ratificó el culto a las imágenes de los santos. España vivía entonces un período de continuas bancarrotas y estragos sociales ocasionados por las enfermedades (entre ellas la temible peste) y las crisis políticas. Era el momento oportuno para fomentar la espiritualidad entre la población. Lo expone muy bien Torrente Ballester en su novela "Crónica de un rey pasmado". Una tradición que ha llegado hasta nuestros días, en algunos casos más como un espectáculo adicional para el turismo que como una expresión de misticismo. En el fondo, empero, ninguno de estos aspectos es incompatible con una sociedad, como la nuestra, cristiana aunque poco creyente y escasamente practicante, pero a la vez nada dispuesta a que le arranquen sus raíces.

rpeyt@yahoo.es

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: