NO HAY que abundar en muchos libros de Historia (Jesucristo fue un personaje histórico) para llegar a la conclusión de que la Iglesia por Él fundada tiene que tener unos firmes cimientos pues, a pesar del sinfín de disparates y asesinatos cometidos en su nombre, continúa en pie después de veinte siglos de extraños e incomprensibles avatares. La respuesta, quizás, deba encontrarse en los distintos foros organizados a través de los tiempos y que han tenido a Cristo como único protagonista de una vida que se escapa a la razón humana y que puede ser la confirmación de algo que nunca han entendido distintas generaciones precisamente por buscar la racionalización de lo que, en muchas ocasiones, se apartó del cartesianismo. Miles de libros han querido llegar, a través de investigaciones rigurosas, a la vida de este judío de Palestina que, sin duda alguna, ha influido, e influye aún, en el devenir de este maltratado planeta que no termina, sin embargo, de encontrar un camino llamémosle civilizado y elige, con error y con horror, exterminar, de una manera u otra, al prójimo.
La trayectoria del Hijo del Carpintero fue, si se nos permite el reduccionismo, la de un luchador solitario que, con la fuerza de la razón, tenía como misión la de batallar contra lo establecido por los dos grandes poderes eternos: el religioso y el político. Es cierto que otros protagonistas de la historia de la humanidad eligieron la misma senda en el debate por los necesarios cambios en la sociedad. Sus resultados, al contrario que los del Amigo de Nazaret, quedaron en vanas experiencias o, simplemente, en el olvido.
Los teólogos de la Liberación y algunos curas santos desplazados allí donde ni siquiera impera la marginación (tal es la desolación que apenas hay rincones para la exclusión), realizan hoy lo que Jesús en su tiempo, esto es, criticar aquella religión que persigue ser exclusivista y que en la actualidad se ve reflejada en el poder terrenal del Vaticano. Jesús también transmitía la idea de que lo importante es comunicarse con Dios... desde nosotros mismos y no refugiándonos en lujosos templos. Aquí mismo hemos sufrido equivocaciones proselitistas que han querido acercar las necesidades ficticias de creyentes a medios de comunicación y nuevas catedrales con la finalidad de difundir mensajes que no se entienden y, por tanto, no pueden practicarse. Pasando por encima de Cruzadas, de los reyes denominados insultantemente Católicos (Isabel y Fernando crearon la nueva Inquisición), de multitud de Torquemadas, de beatificaciones con distintas velocidades y categorías (Josemaría, clase A; hermano Pedro, turista), de obispos adulones de un dictador que accedía a las iglesias bajo palio... lo único cierto en toda la historia del cristianismo (no del catolicismo) es que Jesús afirmó, una y otra vez, que la verdad estaba en el respeto al prójimo, es decir, al próximo. No cabe aquello que utilizan los fariseos que se debe amar a aquel que camina en solitario por el desierto del Sáhara... mientras odia al vecino de arriba. El fariseísmo enfermaba a Jesús. De ahí el gran cabreo que cogió al entrar en el Templo y comprobar cómo los comerciantes vendían animales para comprar el amor y el perdón de Dios. Él, igual que otros, quiso romper cadenas con las religiones que ataban a los más desfavorecidos. "El Sermón de la Montaña" corroboró todo esto. Pero los atropellos continúan. Aunque estemos en Semana Santa.
En estos días que el mundo católico celebra la Pascua, algunas personas los aprovechan para tomarse un descanso en lugares de ocio. Otras, por el contrario, renuevan el afianzamiento de su fe católica y lo exteriorizan con su presencia en procesiones, pasos, cofradías, imaginerías, ornamentaciones florales, la atenta escucha a las emocionadas y emocionantes malagueñas, además de otras ceremonias. No cabe duda de que, sobre todo, en la ciudad Patrimonio de la Humanidad es donde el fervor ciudadano más se manifiesta. Pero lo pagano se viene mezclando de forma no deseable con lo religioso y los resultados que saltan a la vista no tienen nada en común con lo que predicó el Amigo de Nazaret. La Pascua católica tiene sus antecedentes en la judía (éxodo, libertad y huida de Egipto) y en la germánica (equinoccio de primavera)... no es la industria turística. Aunque ésta, en muchos lugares de España, explote la creencia de las buenas gentes. El episodio de los mercaderes del Templo, a pesar de aquella reacción violenta, se repite.
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