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JORGE ROJAS HERNÁNDEZ

Vía Náutico-Auditorio

8/abr/09 07:32
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He de reconocer que hace unas semanas, cuando leí que el TSJC había suspendido las obras que se habían iniciado en el lugar donde algún día se alzará (¿?) el puerto de Granadilla, me sentí tremendamente decepcionado; igual que el 98% de los tinerfeños, que ansían ver solventadas las innumerables dificultades con que la obra se tropieza un día sí y otro también. Afortunadamente, un par de días después -no hay mal que cien años dure- mi estado de ánimo se repuso al hacerse público, gracias a las declaraciones del presidente de la Autoridad Portuaria, que pronto comenzarían las obras de la variante que enlazará la zona del Real Club Náutico con el Auditorio. No sé por qué me había hecho a la idea de que esa obra se realizaría pasados unos años, puesto que el descenso de la actividad portuaria le estará pasando una factura muy alta a las obras en proyecto, como son las mejoras de los demás puertos, la nueva estación de cruceros de Santa Cruz y los trabajos previos del de Granadilla. Sin embargo, en un ejercicio de verdadera prestidigitación, Rodríguez Zaragoza se ha sacado de la manga la iniciación de la obra en cuestión y promete terminarla en poco tiempo.

Los que suelen leer estos artículos de opinión que la generosidad del director de EL DÍA me permite publicar, saben perfectamente la defensa a ultranza que he hecho de la plaza de España desde antes de su inauguración (una manera ésta de denominar la puesta en marcha del surtidor, puesto que oficialmente creo que la plaza no está inaugurada). A las críticas que ha recibido de gente perteneciente a todos los estamentos sociales, me he limitado a insistir en un hecho irrefutable: en la actualidad la plaza no está terminada. Juzgar el conjunto con detalles -ciertamente previsibles- como el del escaso espacio que existe entre uno de los llamados "mamotretos" y la calzada que discurre delante del bar Atlántico, el que critica la utilización de agua de mar debido al daño que produce su salinidad o censura el albero de la Alameda del Duque de Santa Elena, resulta cuando menos lamentable. Insisto en lo que ya he dicho con anterioridad: nunca como ahora se ha visto tanta gente en el entorno, y eso que la fuente no funciona. Me atrevo a pronosticar que en el verano será el lugar preferido por los chicharreros para pasar las tardes, sobre todo, si se pone en funcionamiento la cafetería que previsiblemente se instalará en el pabellón todavía cerrado. En estas circunstancias, ¿qué decir cuando la terminación de la vía prometida se lleve a efecto y podamos llegar, debido al soterramiento de la actual, desde la plaza de la Candelaria hasta el mismo borde del mar? Santa Cruz volverá a vivir de cara al mar, con una entrada a la ciudad que, me atrevo a decirlo, será una de las más bellas del mundo. Y no exagero al decir esto último, pues puertos hay, como tales, que también pueden merecer esta calificación. Pero no olvidemos que decir "puerto" siempre ha implicado connotaciones negativas debido a los establecimientos de ocio que a su vera desde siempre se han levantado, la suciedad que generan, los problemas de tráfico que provoca la circulación de camiones de gran porte, etc., mientras que en Santa Cruz los primeros se han erradicado totalmente y los otros no interfieren en la vida ciudadana. En efecto, uno sabe que tenemos un puerto porque vemos las chimeneas de los cruceros y los palos de los grandes veleros que nos visitan.

Evidentemente, este puerto no es el que "pateé" casi todos los días en los ya lejanos años cincuenta del siglo pasado. Rara era la tarde que me privaba del paseo por el espigón del muelle Sur, un recorrido que hacían tantos chicharreros como los que hoy recorren la avenida de Anaga para mantenerse en buena forma. La línea de atraque, habitualmente toda ocupada -eran los tiempos de la emigración a Venezuela-, resultaba a todas luces insuficiente para albergar tanto tráfico. Los barcos italianos y españoles que realizaban ese recorrido se confundían con los ingleses de la Blue Star Line o los belgas de la Compagnie Maritime Belge, creando un clima cosmopolita que en la actualidad sólo se consigue con la llegada de un par de cruceros turísticos. Así y todo, prefiero la estampa que nuestro puerto ofrecerá en un futuro aparentemente próximo que la antigua que viví, puesto que esta última la percibíamos a cierta distancia, como si asistiéramos a un espectáculo desde una grada. En cambio, el puerto que tiene proyectada la Autoridad Portuaria para Santa Cruz será un puerto integrador, con sus propias instalaciones -por cierto, ¿está prevista la construcción de un acuario?-, pero también con las necesarias para que sus visitantes no olviden que viven en una gran ciudad. Y no sólo los visitantes, sino también nosotros, pues dispondremos de restaurantes, cafeterías y un centro comercial, que nos permitirán disfrutar del ambiente cosmopolita que se respira en las terminales portuarias. Será ese, y no antes, el momento de opinar sobre la idoneidad de la remodelación que ha experimentado la plaza de España.

 

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