LO HEMOS dicho varias veces pero no está de más repetirlo hoy: si los nacionalistas que están dentro no se mueven para exigir nuestra soberanía, desde estas páginas exhortamos a los de fuera a que lo hagan. Creemos que los de fuera deberían hacerlo incluso si actúan los de dentro. Unos y otros deben plantear, de manera inmediata, esta justa reivindicación de nuestro pueblo ante la Unión Europea, las Naciones Unidas y la OUA. Ahora bien, ¿quiénes son los de dentro? En primer lugar, Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias y hombre muy cercano a las inquietudes de su pueblo. A continuación, Ricardo Melchior (que es muy español, pero a pesar de eso...), seguidamente Ana Oramas (que es muy española, a pesar de...), José Luis Perestelo y Alfredo Belda, todos ellos parlamentarios nacionalistas en Madrid.
¿Y quiénes son los de fuera? Indiscutiblemente, Antonio Cubillo, líder histórico de la lucha de Canarias por su independencia, y en segundo lugar, aunque no con menor importancia, José Luis Concepción, presidente del Movimiento Patriótico Canario. De hecho Concepción, un hombre singular, un bregador incansable para que las Islas recuperen su libertad, ya ha empezado a actuar. Prueba de ello es la movilización convocada para hoy, con una concentración a las doce de la mañana frente a la sede de la Presidencia del Gobierno en Santa Cruz.
La independencia de Canarias es un logro irrenunciable y un asunto muy serio. Nuestra tierra nos pertenece, como nos pertenece nuestra vida y la de nuestros hijos. ¿Quién le puede decir al pueblo canario que debe seguir sometido a España? Algunos quieren que las cosas continúen como están. Sin embargo, las ideas de estos amantes de la españolidad de Canarias, la de quienes desean perpetuar una ignominiosa situación colonial, no nos pueden perjudicar a los canarios auténticos que no queremos seguir en la jaula sino volar en libertad.
Hemos de ser un país libre y hemos de serlo ya, sin que medien referendos ni procesos de autodeterminación. El Archipiélago ya era una tierra libre y autodeterminada como propia de los guanches antes de la conquista. Si accedemos a las tretas de la Metrópoli para dilatar la descolonización, seremos víctimas de nuestro Nabucodonosor especial, como lo fueron lo judíos en tiempos bíblicos: un pueblo cautivo y sacrificado. Lo repetimos: la situación de Canarias -un territorio conquistado por la fuerza y con genocidio- no requiere ningún referéndum. Lo único que queremos es que nos devuelvan lo que nos robaron; ante todo, nuestra libertad. Es eso lo que dicen los sabios de la ONU y de la OUA.
Al pueblo le indigna la situación colonial, pero también está cada día más enfurecido contra los falsos ecologistas, los ecologistas políticos o los políticos biólogos, que se escudan en la Universidad de La Laguna. Tenemos una obra necesaria para Tenerife, como es el puerto de Granadilla, paralizada por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, con sede en Las Palmas. Lo mismo ha ocurrido con el anillo insular de autopistas. Y todo a cuenta de un ecologismo irracional, que no es el ecologismo serio, por culpa de unos sebadales sin más importancia que la flora inútil del fondo de un estanque. Los culpables son el presidente del Cabildo, que es españolista, y el presidente del Gobierno de Canarias, por no exponer en Bruselas la necesidad de este puerto. Con su autoridad y sus argumentos irrebatibles, que los tienen de sobra.
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