A la hora de escribir estas líneas desconozco si tuvo mucho éxito la iniciativa ecologista de apagar anoche las luces durante una hora. Pienso que tras el corte forzado del suministro eléctrico el jueves, a los tinerfeños no les quedaban muchas ganas de volver a la oscuridad, aunque sea voluntaria. En cualquier caso, la cuota de esta Isla en cuanto a ahorro energético supongo que ha quedado saldada con creces. Bien es verdad que no se trata tanto de ahorrar como de concienciar; de mentalizar a la población de que el planeta se está calentando mucho, en gran medida porque consumimos mucho.
Me quedo, al respecto, con la reflexión que me hace un lector en un mensaje de correo-e. "Yo pienso encender todas las luces de mi casa entre las ocho y media y las nueve y media de la noche", me dice. Un tanto curioso ante su poco solidaria actitud, dedico un par de minutos a leer sus motivos. Alega, en síntesis, que son absurdos estos gestos grandilocuentes, cuando con el comportamiento diario estamos haciendo cualquier cosa menos ahorrar. Seguimos usando el coche hasta para cambiar de acera en una misma calle, vemos muchísimas horas de televisión en vez de leer, hemos sustituido el butano -combustible eficiente para producir calor- por cocinas eléctricas, preferimos los ascensores al saludable ejercicio de las escaleras, etcétera. Y en mi caso particular, no cada día pero sí con mucha frecuencia, veo como un señor abre toda la puerta de un garaje cada vez que entra y sale a coger o dejar su gran coche. Es un señor orondo a quien acompaña su señora esposa, también oronda de trasero. Un detalle físico que me da cierto miedo especificar, pues parece que puedo escribir que un señor es gordo, flaco, alto, bajo o lo que sea sin que me ocurra nada desagradable, pero describir a una señora en términos que no sean superlativos puede acarrearme funestas consecuencias. Como mínimo, sería acusado de machista y maltratador. No obstante, aun a riesgo de dar con mis huesos en presidio o con mi reputación -la poca que me queda- zarandeada por los aspavientos de los políticamente impolutos, diré que tanto el orondo señor como el no menos orondo trasero de su señora caben perfectamente por la pequeña puerta habilitada para el paso de las personas. Pero no; le dan al mando y abren la grande.
Eso es el chocolate del loro en el consumo energético. No lo discuto. Lo malo, y no es la primera vez que se dice, es que muchas pastillitas de cacao terminan por llenar una gran perola. "La conciencia fiscal empieza por el miedo fiscal", sentenció en su día Felipe González. Nadie paga impuestos por altruismo o compromiso social, ni posiblemente nadie, salvo unos pocos visionarios, ahorrará porque así lo dicta la razón y lo impone la conciencia. Incluso a esos soñadores de un mundo perfecto y feliz los quiero ver viniendo desde el Sur de Tenerife hasta Santa Cruz caminando o en bicicleta para asistir a una manifestación. Y no digamos si toca subir a La Laguna. En cuanto a lo de dejar el coche en el garaje -es decir, no entrando en la cochera ni siquiera por la puerta pequeña- y utilizar el transporte público, cundirá el ejemplo cuando su uso resulte prohibitivo en términos económicos. En varias ciudades europeas, por ejemplo Londres, hay que pagar peaje por acceder al centro urbano en vehículo privado. Se podría hacer lo mismo en Santa Cruz y destinar lo recaudado a subvencionar el déficit de Titsa, o a abaratar el coste del tranvía. Tal vez, haciendo cuentas, hasta podrían resultar gratis para el usuario estos medios de transportes. Y si no fuese así, al menos se reduciría sensiblemente la cifra de 200.000 vehículos que entran diariamente en la capital. Lo de apagar las luces, adelantar o atrasar la hora en primavera y otoño, los foros con conferenciantes que están haciendo su agosto de enero a diciembre a cuenta del cambio climático -Al Gore el primero de ello, pero no el único-, y demás escenificaciones tremebundas me suenan, perdonen que lo diga así, a la demagogia barata que necesitan producir quienes viven de esto para seguir cobrando el sueldo en sus respectivas organizaciones.
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