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¡NOSOTROS PODEMOS! FERNANDO GRACIA

¿Es lógico que un ex ministro de Justicia conviva con la mayor injusticia española?

29/mar/09 02:35
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Fueron 42 meses impartiendo Justicia, pero algo le ha fallado al ministro al no ordenar en su mente que primero se nace con la patria, y mucho después es cuando uno se forma en la profesión y la política

El tema es serio, demasiado serio, porque si alguien tiene autoridad y aún voz para proclamar no ya en las Cortes, sino en Bruselas, Washington o Nueva York, que su Las Palmas de Canarias, su Tenerife, repleto de amigos y paisanos, así como las cinco restantes islas que lo votaron de forma casi masiva, continúan convertidas en una olvidada colonia española, muchos de aquellos dudarían hoy de sus continuas propuestas socialistas, por la igualdad, la libertad de los pueblos y la democracia absoluta.

Durante su discurso de presentación a la nueva candidatura de los malos Gobiernos canarios, recuerdo una frase suya: "La gente de esta tierra ni come alfalfa ni es tonta".

Tonta, Fernando López Aguilar, le puedo asegurar que ni por asomo, pero pacientes hasta límites extremos o de observación, y no me refiero a la filosofía de Descartes , sino a miembros de la Congregación del Oratorio, cuyo más alto representante es Malebranche , y encuentran en el mecanicismo cartesiano un medio de conciliar el espiritualismo de San Agustín con las nuevas ciencia y filosofía, le aseguro que sí lo están siendo a través de siglos los canarios.

Respecto a la frase de "en esta tierra no se come alfalfa", ya lo dudo mucho, porque de momento los canarios más desafortunados se están comiendo lo que los supermercados tienen que retirar de las estanterías por fechas de caducidad y, para escenificar perfectamente este drama, me atrevo a incluir en este criterio un casi cinematográfico párrafo escrito por mi compañero Ricardo Peytaví , quien dijo: "Muchas noches he caminado rápido por aquel lugar, mirando hacia otro lado, como si nada de aquello me incumbiese. ¿Me incumbe? Hace poco, sin embargo, me senté en el banco de una cercana parada de guaguas para presenciar toda la escena: el antes -la espera nerviosa de los mendigos-, el durante -la avalancha lastimosa sobre los contenedores de basura, mientras los operarios del camión de recogida lo vacían deprisa para que esa ejecución de la dignidad acabe cuanto antes- y todo comienza cuando el camión de la basura ya se ha marchado, los seguritas se han retirado y los pordioseros inician una pelea de perros entre ellos para disputarse la magra cosecha de la jornada".

¿Es más justa esta patria canaria de hoy, ferozmente sometida a la metrópoli y mecanizada por las máquinas zapateriles sin obreros -que están en paro- o conseguir lo que por ley nos pertenece de una patria canaria independiente, brillante y afortunada?

Como decía al principio, lo primero es donde se nace, y Fernando López Aguilar tiene una larga trayectoria familiar isleña como para tener fuertes pesadillas y dolerse con harta frecuencia de las terribles masacres que se vivieron en ese espacio flotante del Atlántico. Un paraíso que en su día fuera como una nube de paz, hermandad y desconocimiento de la violencia, el odio y el aprovechamiento, que llevaron junto con las más, aún no escritas, terribles torturas que aplicaban aquellos hombres que luchaban para engrandecer el territorio de unos reyes, Isabel y Fernando a los que se denominaban "los Católicos".

Dado que soy un acérrimo lector, he tenido en mis manos varios de los libros escritos por López Aguilar , y hay uno que me desconcierta por completo desde el principio al fin. Su título: "Antecedentes Históricos del Derecho Público de Canarias".

Antes de advertir que el párrafo que transcribo del libro no es propiedad intelectual, ya que parte de un millar de libros de Derecho escritos anteriormente, quiero dejar claro que la historia con la que trabajamos los historiadores no se asemeja en nada, absolutamente en nada, a la cínica historia de la "conquista de Canarias" y a la falsa historia de la monarquía, que se relata en los colegios y Universidades insulares, donde se colorea con la llegada de pacíficos hombres revestidos de hábitos y con grandes cruces colgando del pecho, que nos traían el inmenso honor de poder pertenecer a la Corona de Castilla, mientras echaban a nuestros padres guanches unos horribles olores de incienso, que despedían unos extraños artilugios denominados botafumeiros y que jamás podrían competir con los olores de la flora natural de la isla formada por millones de amapolas, jazmines, echium, cassias javanaicas, vincas y todo tipo de flora tropical.

En lo referente a los colegios y Universidades de la Península, el problema es aún mucho más grave, ya que del "descubrimiento" de Canarias no se sabe ni se estudia nada, y todo queda minimizado por el descubrimiento de América y un individuo llamado Colón .

Veamos en primer lugar el citado párrafo del libro de Fernando López Aguilar . Y después lo comparamos con la triste y vergonzosa realidad de la historia, que estoy convencido de que muchos de ustedes no tendrán más remedio que ponerse las manos en la cabeza.

Dice de la monarquía el socialista Aguilar : "En ese orden de cosas, la monarquía se consolida y fortalece atendiendo a una serie de factores tanto sociales como económicos y políticos. Se trata, a fin de cuentas, de conseguir neutralizar todos aquellos poderes que hasta ese momento limitan el suyo. Así tenemos la normativa que frena la creación de nuevos señoríos, el intervencionismo directo o indirecto en la autonomía municipal y la creación de instituciones específicas para regular ese control. A todas luces, el Rey se erige en el verdadero gestor del Estado y de él emanan todos los poderes. Esta política centralizadora y de corte institucionalista tiene como ejemplo específico, tanto en Castilla como en Aragón, a la Casa de Trastámara y desde comienzos del siglo XV a los Reyes Católicos" -aquí termina el párrafo y su concepto monárquico-.

Si nos vamos a la historia real de los mal denominados "Reyes Católicos", que se adueñan de las siete islas de Canarias, nos encontramos en primer lugar -y esto es tan importante como para que un ministro canario de Justicia como Fernando López Aguilar , lo tenga presente durante toda su vida-, que la Reina Isabel la Católica, primera reina también de Canarias, se encuentra, desde muy joven, inmersa en un vergonzoso caso de asesinato premeditado.

La princesa niña ya tenía en 1466 su primer pretendiente. Se trataba del maestre de la orden militar de Calatrava don Pedro Girón , monje profeso que solicitó las correspondientes dispensas de Roma, para abandonar su estado clerical y poder retozar con una encantadora jovencita repleta de bienes y poderes reales.

Ella rechaza de inmediato la propuesta con los quince años recién cumplidos y, montando en cólera, decide que jamás se entregaría a aquel anciano de cuarenta y tres años -equivalentes a los ochenta de hoy en día- y achacado de infinidad de males.

En inicio, la princesa reacciona con los métodos de la época, ayunando por completo encerrada en sus estancias. Doña Beatriz de Bobadilla , su íntima amiga, le entrega un largo y afiladísimo cuchillo para que pudiera asesinar al marido durante su noche de bodas.

Mas la cosa se soluciona por mejores derroteros, ya que en época de emisarios mensajeros, dos soldados se incorporan en el campamento de Villarrubia, cerca de Ciudad Real y parada en el camino que está recorriendo el ardiente esposo hacia el encuentro con la atractiva joven.

A las tres horas de haber cenado, Pedro comienza a dar gritos de dolor y retorcerse en el interior de su tienda de campaña. Todas las crónicas de la época apuntan que su violento fallecimiento fue causado por hierbas, es decir, envenenado.

Esa es la auténtica historia de quien fuera la primera señora, dueña y reina de Canarias.

Y llegamos al siguiente tramo: su boda con Fernando el Católico . Es un joven sólo meses menor que ella, pero tiene importantes lazos de consanguinidad que les afecta. La madre de Fernando, Juana Enríquez , era hija del almirante de Castilla, descendiente directo de la casa de Trastámara, y por lo tanto emparentaba a la nueva pareja como primos.

La boda se celebró obteniendo una bula de dispensa pontificia firmada por el Papa Calixto, pero la bula, que Calixto nunca tuvo en sus manos, fue falsificada por el obispo de Segovia.

Esa noche se consumó el matrimonio entre Isabel y Fernando, los primeros amos y reyes de Canarias, con el tradicional rito de mostrar a los invitados de la corte la sábana manchada de la sangre de la virginidad de la novia.

Aquello no significaba que aquel hubiera sido un matrimonio real, en el más auténtico de los sentidos, por lo tanto, los primeros reyes de Canarias no eran más que unos farsantes.

Una nueva nota a tomar por los que defendemos la soberanía canaria, y curiosamente enfrentada por quien a lo largo de cuarenta y dos meses ha sido ministro de Justicia en España.

¡Nosotros podemos!

fggracia@hotmail.com

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