LA FÓRMULA de la propaganda de los que se dicen "ateos" -contradictoriamente implica "preocupación" por lo religioso- en los autobuses de diferentes ciudades españolas parece la fórmula de la parte contraria (como el chiste "gallego": teniendo pendiente un pleito, desoyendo los consejos de su abogado de no enviar al juez un jamón, para que fallara a su favor, al ganar el pleito, creyendo su letrado que su cliente le había hecho caso, el "galleguillo" le respondió: "Usted lo que no sabe es que le mandé al juez un jamón con la tarjeta de la parte contraria"). Casi no cabría decir más sobre el tema, porque ha servido de revulsivo para los creyentes, incluso sin saberlo. Hasta dónde llega la pequeñez de lo humano. "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte, disfruta...". Peor receta, hedonista, fatalista, no cabe sobre la publicidad (?), a alguien escuché el consejo: no tomar el autobús que llevase semejante anuncio. O viajar en metro.
Interesa otro tipo de reflexión. No hace mucho tiempo hicimos un comentario "Caminos de Dios en hombres de Dios". Ponía los ejemplos de Chiara Lubich, italiana fundadora del Movimiento de los Focolares; su padre, tipógrafo y socialista. Luego, entregada a los pobres, jóvenes y obreros. Entre sus filas, cardenales, obispos y políticos: también hay mujeres de Dios. Otro personaje era el mexicano P. Marciel, fundador de los Legionarios de Cristo y de Regnum Dei. Terminó en los Estados Unidos: oración y contemplación. Y el tercero, el abad emérito de Montserrat, fray Just: furibundo crítico del anterior régimen. En su entrega a Dios, asistió a la Generalitat, con Montilla, socialista-catalanista, al frente. Hombre de Dios. Hace muchos años, el cardenal Ratzinger ya advertía -recreando el pensamiento tomista- que cada hombre es hijo de Dios y de manera personal y distinta. Aunque todos iguales en su misericordia.
De ahí que con frecuencia me refugie en Ortega y Gasset, con su "Dios a la vista". Como solía contestar Julián Marías -traída la idea de Sonsoles, coincidiendo con la nuestra a través de su hijo Miguel, a quien acompañamos sus tertulianos en los últimos años de su vida: mi padre nunca dejó de pensar en Dios. En su filosofía, a su manera, Dios no estuvo ausente. Lo que no es poco (Ortega escribiría una irónica y retórica glosa del panfleto de los autobuses. Por otra parte, anacrónico e infantil).
Ahora bien, en la explicación del eslogan "no preocuparte de si Dios no existe", acudiríamos a la óptica de Lutero (hombre de Dios también, aunque se marginase de la Iglesia) sobre el pecado: es como nuestra barba, la afeitas y brota. Pero eso (el pecado), como estudié en una lección magistral para cátedras, es otra cosa. Porque al buscar a Dios fuera de la Iglesia admitía una ley natural, pero Lutero intentó lo que consiguieron posteriores iusnaturalistas protestantes: marginarla de la Ley de Dios. Siendo así que el fundador de su orden agustiniana, San Agustín, con una trayectoria juvenil mucho más compleja y desequilibrada que Lutero, en los caminos de Dios, supo, especialmente en sus "Confesiones", descubrir que llevaba a Dios dentro. En el interior de su corazón. Y de ahí el alumbramiento por el encuentro con Dios, de la famosa ley del Amor: "Ama y haz lo que quieras. Si reprendes, hazlo con amor...".
Finalmente, acudo a otro hombre de Dios: Miguel Servet. Buscó la verdad, la ley, la justicia y la tolerancia. Al final de su vida, en plena fogata, en Ginebra, se pudo escuchar agónicamente aquella exclamación que fue frecuente en el largo proceso: "Oh, Jesús, Hijo de Dios, eterno, ten piedad de mi alma". La fe -acaba de afirmar el ejecutivo multinacionalista Javier Menéndez- te ayuda a volar libre. Dios es el cielo abierto. Junto a eso y otros muchos ejemplos que se dan en los santos y en los creyentes hay que partir de que la búsqueda de Dios que es trayectoria de libertad, de paz y de luz.
Y termino transcribiendo los siguientes versos de Unamuno: Quiero verte, Señor, y morir luego / morir del todo; / pero verte, Señor, verte la cara / saber que eres / ¡Saber que vives! / No canta libertad más que el esclavo / el pobre esclavo; / el libre te canta amor, te canta a ti, Señor.
* Académico. Jurista
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