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SUNTA ACHBONA *

Asesinato del valiente cacique americano de nombre Pacra

29/mar/09 02:35
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El siguiente artículo se centra en las acciones del invasor y conquistador vasco Núñez de Balboa en América, para desde ahí establecer una perspectiva comparativa con lo sucedido en la conquista de nuestro pueblo: los guanches.

En la obra titulada "Vasco Núñez de Balboa. Historia del descubrimiento del Océano Pacífico", escrita en 1913 por Ángel Ruiz de Obregón y Retortillo, se comenta en la introducción lo siguiente: "Entre las innumerables empresas grandiosas llevadas a cabo por los españoles en sus primeras exploraciones por tierras del continente americano, descuella como la más importante de todas, por sus resultados prácticos, como la más memorable por su significación científica y como una de las más atrevidas por su audaz y rápida ejecución, la que vamos a narrar brevemente para honrar y enaltecer la memoria del héroe que la realizó y divulgar su épica hazaña entre los que la desconozcan a fin de que en el cuarto centenario de la fecha gloriosa en el que el éxito coronó su titánica aventura, su nombre esté en la boca de todos los españoles y por todos sea aclamado con el entusiasmo y el respeto, con el cariño y con la gratitud a que para siempre se hizo acreedor en aquel día en que completó la obra de Colón en forma tan cabal y tan brillante como inesperada para el mundo entero".

Al leer la historia del conquistador avaricioso, de apariencia apacible y honesta, según comentan quienes le siguen en sus atropellos y su manera cruel de actuar con los dueños de esas tierras americanas y enfermos todos por la fiebre del oro, ha traído nuevamente a mis recuerdos una rápida visión de lo que ya sabía, pero en este caso con un dato para mí nuevo y horrible, imaginando los crímenes tortuosos más insospechados, los que nunca creí que la especie humana pudiera acometer. ¡Cómo habrá sufrido nuestro pueblo guanche, aquellos que no quisieron someterse a las impensables pretensiones impuestas a un pueblo libre y amante de su tierra y de la libertad que cayó bajo las garras de estos piratas salvajes!

Conocemos por la historia que a Tinguaro, hermano de Benkomo, le cortaron la cabeza una vez perdida la batalla en Aguere, y que fue colgada en una pica mientras este pedía piedad para su pueblo con desgarradores gritos. Esto me temo que sólo sea una pequeña parte de lo que se encuentra en el cajón de los repugnantes crímenes llevados a cabo por estos asesinos mercenarios, por lo que no quiero imaginar las técnicas que más bien parecen propias de las aves de rapiña, cuando estas devoran lentamente viva a su pieza y empezando por la cola. Referente a este último tema acerca de las aves de rapiña, en este caso es natural y comprensible, pues estas aves no entienden del dolor de otros animales, sólo actúan para llenar su estómago y lo hacen por supervivencia; ¡es su naturaleza! Esto es precisamente lo que distingue al humano de los animales, por lo que la actitud de llenar sus arcas de oro y apoderarse de las tierras de los indígenas los convierte en animales salvajes y sanguinarios, que utilizan conscientemente estas técnicas para el logro de sus objetivos, amedrentando y atemorizando a todo el que se oponga a las injustificables pretensiones y disparatadas ambiciones, con las consecuencias que hasta el día de hoy venimos padeciendo mientras estos graves errores no se subsanen: sometimiento de los pueblos, expoliación, empobrecimiento, colonización, imposiciones, pérdida de libertad de expresión de los pueblos afectados, deuda externa, etc.

A indios que ya se habían retirado al oír estos crímenes, los que creían truenos dirigidos como rayos invisibles contra ellos y que eran los disparos de los mosquetes, aún rendidos los asesinaron salvajemente, matando a unos 600. Me imagino, aunque no lo cuenten, que entre estos se encontrarían mujeres y niños. Francamente, me dan ganas de vomitar al descubrir quién realmente era Balboa y sus mercenarios.

Continúa Ángel Ruiz en su libro relatando lo siguiente: "Entre los caciques, uno llamado Pacra discrepó de esta conducta, y con él Balboa fue inexorable, como lo había sido con Cuareca. Era -decía Balboa en una carta que cita Pedro Mártir- tan disforme, tan sucio, tan repugnante, que no se puede imaginar nada más abominable. La naturaleza se había limitado a darle figura humana; pero en lo demás era una verdadera bestia, salvaje y monstruosa" (1). Se negó tenazmente a acatar la autoridad de Balboa y a pagarle el más mínimo tributo. Ni ruegos ni amenazas pudieron vencer su ruda testarudez. Puesto en el tormento, siguió negándose a todo con la misma entereza. Exasperado Balboa por una resistencia a la que no estaba acostumbrado (2) y habiendo recibido varias quejas y acusaciones de otros caciques contra Pacra, quien, según ellos, era un déspota feroz que perturbaba el país constantemente con sus tropelías y depredaciones, lo condenó a muerte, haciéndolo destrozar por sus mastines.

Obsérvese en el contenido del apartado 1 todo lo que comenta acerca del cacique y los adjetivos que menciona acerca de este valeroso guerrero indígena, que no quiso rendirse a los castellanos. Esto me recuerda a las valientes palabras dichas por Benkomo en el encuentro con Alonso Fdez. de Lugo, cuando este le habló de someterse al rey de Castilla, respondiendo: "Jamás me he sometido a otro hombre como yo, nacido de mujer". En este caso, Lugo tuvo que callar, pues los disparos y el efecto de los mosquetes, así como de las ballestas, ya eran conocidos por los guanches con anterioridad.

Respecto al apartado 2, se puede apreciar cómo se lava las manos incluyendo al resto de los caciques, que bajo presiones y atemorizados respondieron positivamente a las preguntas de Balboa, convirtiéndolos en acusadores para justificar la barbarie que más tarde cometió con el grandioso y patriota cacique de nombre Pacra.

* Escultor y Arqueólogo experimental

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