EL CONSEJO Europeo de Bruselas, de los días 19 y 20 de marzo, ha permitido a los Estados miembros de la Unión Europea unificar posturas con vistas a la Cumbre del G-20, que tendrá lugar en Londres a comienzos de abril.
Lo que más han resaltado los medios de comunicación sobre ese Consejo ha sido la negativa de los europeos a aumentar los niveles de endeudamiento para salir de la crisis económica en los términos que preconiza el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama.
La razón para esta resistencia europea a aumentar los niveles de endeudamiento está en la propia naturaleza de la Unión y de los mecanismos establecidos por los Tratados para reforzar la integración.
Los Tratados de la Unión Europea establecen una serie de limitaciones en la conducción de las políticas económicas de los Estados miembros. Entre ellas se encuentra un techo del 3% del déficit público anual y del 60% de la deuda pública con respecto al producto interior bruto.
El mantenimiento de estos límites de déficit público y de deuda pública no resulta fácil. La Comisión Europea abre periódicamente expedientes a los diferentes Estados miembros por exceder estos límites. Aún así, en circunstancias como las actuales, de crisis económica profunda, la Comisión ha reconocido las dificultades de mantener esos límites, que serán superados por la mayor parte de los Estados miembros en el año 2009. La Comisión espera que la situación se pueda reconducir en el año 2010, a medida que amaine la fuerza del vendaval financiero.
En estas condiciones, es lógico que tanto la Comisión como los Estados miembros no estén dispuestos a seguir ciegamente las propuestas norteamericanas de mayor endeudamiento. La recuperación en Europa tendrá que seguir por otros derroteros distintos de los que propugna hoy el presidente Obama.
En todo caso, la Unión Europea está dispuesta a colaborar con los Estados Unidos en planes conjuntos para fortalecer el sistema financiero internacional y, muy en especial, el Fondo Monetario Internacional. También está dispuesto a colaborar con los Estados Unidos en la lucha contra los paraísos fiscales y en la regulación de los mercados financieros.
Hay que recordar que el origen de la actual crisis se encuentra en la desregulación por los Estados Unidos de sus mercados financieros y que los europeos han sido las víctimas más que los causantes de esta crisis.
La colaboración entre las autoridades reguladoras de Europa y los Estados Unidos saldrá, sin duda, reforzada tras la cumbre de Londres. Queda, sin embargo, por conocer la postura de los países que no pertenecen al bloque atlántico y, muy en particular, la de los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Estos países, que, por un lado, piden una reestructuración en su favor del sistema económico internacional, carecen, por el otro, del margen de flexibilidad necesario para aceptar nuevos compromisos en la esfera internacional. Recordemos que fueron responsables del fracaso de la Ronda Doha de negociaciones comerciales el año pasado, al no aceptar imitaciones a sus políticas agrícolas.
La Cumbre del G-20 en Londres se abre, así, con muchas incógnitas. Mientras que es previsible la consecución de acuerdos concretos entre Estados Unidos y Europa, en el ámbito global hay que prever dificultades. Los gobiernos de los países de menor nivel de desarrollo económico difícilmente podrán hacer concesiones si éstas se traducen en nuevos sacrificios para Estados situados bajo mínimos en cuanto a las conducciones económicas, sociales y sanitarias de sus pueblos.
* Diputado al Parlamento
Europeo, PSOE
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD