LAMENTA el PP que el informe Auken, aprobado por el Parlamento europeo y que podría suponer que se congelen algunos fondos de la UE concedidos a España por las tropelías urbanísticas que se han cometido, supone una aberración legal porque tacha a España de república bananera; la califica, a juicio de los populares, como un país en el que no se respeta el derecho de propiedad, en el que no existen tribunales a los que recurrir en caso de daños, o en el que cuando alguno de dichos tribunales se pronuncia, no se aplican las sentencias. ¿Y acaso no es cierto todo esto en gran medida? ¿Se ha cumplido, por ejemplo, la sentencia que obliga a demoler una galería comercial en el Alcampo de La Laguna? Por otra parte, ¿qué pasó en su momento con otra sentencia que declaró ilegales las expropiaciones para ampliar el Parlamento de Canarias? Y ya que hablamos de la Cámara legislativa regional, ¿es algo más próximo a la Monarquía constitucional o, por el contrario, cae dentro del terreno de lo bananero, el que una jefa de prensa, una periodista mediocre y fracasada en los medios, decida que una diputada acuda o no a determinado programa de televisión porque los otros invitados, igualmente diputados, no tienen, a su entender, la suficiente categoría? El lunes pienso dedicarle un artículo en exclusiva a este asunto. No adelantemos acontecimientos, aunque sí un apunte más: ¿es de país serio o de territorio platanero que otro señor -señoría, para ser más precisos- diputado regional no tenga igualmente tiempo para acudir a una entrevista en un medio de comunicación, quizá porque estaba demasiado ocupado componiendo versos que han puesto en un aprieto nacional a su partido?
Si queremos que en Europa nos traten de otra forma, comportémonos de otra forma. Pero no. Unas veces en Canarias y otras fuera de las Islas actuamos como lo que somos: unos chafalmejas. Ahí está también el esperpento de la salida de Kosovo. El Gobierno debió retirar las tropas desde que se produjo la declaración unilateral de independencia, contraria a los intereses españoles. Ese era el momento adecuado. Hubiera supuesto un puñetazo sobre la mesa que hubiera conseguido, si no que nos respeten por ahí fuera -es difícil, por no decir imposible, conseguir respeto para un país con este Gobierno del talante, la Alianza, una ministra de Defensa pacifistas (además de inútil política) y un Moratinos que se entera el último de todo, o ni se entera-, sí al menos que los otros mandatarios no sigan pensando que con España se puede hacer lo que les dé la gana, cuando quieran y de la forma que más les apetezca. Que es lo que ocurre ahora mismo. Lo que acaba de ocurrir en la Eurocámara es la mejor muestra de ello.
Por lo demás, resulta grotesca la pelea entre eurodiputados del PSOE y del PP, echándose la culpa los unos a los otros por lo que ha ocurrido. Citan los socialistas lo sucedido en la Comunidad valenciana cuando la presidía Zaplana, y no les falta razón. Sin embargo, el problema no es sólo ese. El problema está en que aquí las leyes no son normas de obligado cumplimiento, sino una mera recomendación.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD