Tenerife atraviesa una época de desgracia por culpa de los partidos estatales que sólo favorecen a Las Palmas. Contribuye a la desdicha tinerfeña la existencia de unos políticos pasivos y comodones que sólo defienden sus bolsillos. Incomprensiblemente, estos políticos han sido incapaces de hacerse escuchar en Bruselas para que salga adelante el puerto de Granadilla, mientras que sí lo han conseguido, y al parecer con bastante eficacia, los falsos ecologistas. ¿Por qué no han usado su influencia Paulino Rivero y Ricardo Melchior, presidentes, respectivamente, del Gobierno de Canarias y Cabildo de Tenerife, amén de los eurodiputados canarios?
Nos sorprende que Europa vaya a sancionar a España -no sólo a Canarias- por las aberraciones de cemento que se han construido en sus costas. Estamos sorprendidos ante tal reprimenda porque nos preguntamos qué importancia tienen unos sebadales frente a estos múltiples desmanes castigados ahora por Europa. Esos sebadales se están deteriorando todos los días por los emisores de aguas fecales, pecios, vertidos de aceite de lanchas fuera borda, etcétera. Por añadidura, esos sebadales no afectan al paisaje. Los biólogos científicos, y no los biólogos políticos, han dicho que la incidencia del puerto de Granadilla sobre esa especie vegetal sería mínima, si es que llega a producirse. Además, las plantas pueden trasladarse a otro lugar.
Sobre el proyecto del puerto de Granadilla siempre ha pesado la maldición de la mala uva canariona. Los amarillos envidiosos no dejan crecer a Tenerife; un vil anhelo para el que cuentan, lamentablemente, con la colaboración de algunas instituciones tinerfeñas. Los canariones se sientes felices cuando piensan que son mundiales del mundo mundial; que son continentales. Por eso han creado la Sociedad de Ferrocarriles de Gran Canaria. ¿Puede existir mayor ridiculez? Pero si esa isla es tan pequeña que no cabe en ella ni un tren de juguete. Prueba de ello es que casi la mitad del recorrido debe ir bajo tierra. Por cierto, ¿ningún ecologista ha pensado que la construcción de ese trenecito puede poner en peligro alguna especie, o que las obras subterráneas entrañan algún riesgo invisible? La realidad es que Canaria no tiene nada que preservar. Es una isla fea, desangelada y con panza de burro. No obstante, ajenos a la realidad, piensan los canariones que son importantes por el "gran".
Desde hace años venimos exponiendo las razones por las que a Canaria no le corresponde el "gran". Hasta ahora ningún erudito ha podido contradecirnos en nuestras tesis. Ni siquiera los periodistas que recurren a las cédulas de la loca de Juana la Loca y sus inquisidores padres, los Reyes Católicos. Reyes racistas de judíos, que torturaban inclusive a los que ya se habían convertido a la fuerza. Unos monarcas que están a la misma altura que Hitler en cuanto a los crímenes contra los judíos, y que fueron los primeros soberanos que tuvieron estas Islas después de la conquista genocida y vil que sufrieron sus habitantes. Unos reyes que también fueron los jefes del criminal Alonso Fernández de Lugo.
Con la soberanía desaparecerá la engañifa del "gran". Además, el pueblo canario recobrará su felicidad y sus riquezas cuando sea dueño de su destino. Esto es y será así por mucho que les pese a los perros de la ira de la prensa escrita y digital amarilla, así como a los políticos de su Cabildo que todavía no han reprobado a EL DÍA y a José Rodríguez pese a las amenazas de don Larry. Hay mucho que hablar sobre esto. Lo haremos en nuestro editorial de mañana.
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