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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (283)

28/mar/09 07:32
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DOÑA FELISA JIMÉNEZ, compañera de Magisterio en otra época; Susita González, hija de arquitecto y secretaria; mi amigo Francisco Siliuto, cinéfilo empedernido, y el enólogo don Emilio Álvarez, aficionado a las buenas letras, se han puesto en contacto conmigo, unos a través del teléfono y otros, cara a cara, para mostrarme, con toda la sinceridad del mundo, según afirman -y yo los creo- su sorpresa, su desencanto, su protesta... por haber escrito yo, en mí artículo del pasado día 14, el apellido Anson como lo ven ustedes ahora; quiero decir, sin tilde en la o para que se diga Ansón. Y se lamentan de que, encima, no se pueda decir que fue un desliz único, porque escribí el apellido del ilustre escritor nada menos que cinco veces. A las personas que cito al principio quiero aclararles que el propio don Luis María, académico de la Española, escribe y dice Anson, sin acento gráfico.

Al principio, pensé llegar hasta aquí. Para no estar siempre con explicaciones (que, por cierto, no me molestan) y menos con algún que otro encontronazo, que también lo ha habido, aunque he de reconocer que nunca llegó la sangre al río. Pero dio la casualidad -a mí las casualidades me persiguen- de que cuando me llamó doña Felisa yo estaba releyendo un libro importantísimo, como es "Residente en Venezuela", de doña María Rosa Alonso. Y como doña Felisa me había dicho que, en esto de los nombres y apellidos, a ella le da lo mismo ocho que ochenta, retrocedí unas páginas en el libro para copiar unos párrafos que yo conocía de una lectura anterior.

Voy al capítulo titulado "La ortografía de los nombres propios" (páginas 122-125), y dice la ilustre escritora: "En uno de los Liceos donde profesé en un tiempo la enseñanza del español, no logré convencer a un joven de que también los nombres propios tienen ortografía. Me defendía el muchacho, sin más aval que el de su empeño, que cada cual puede escribir su nombre como le parezca. ¿De dónde obtuvo esta criatura semejante axioma, para él? Fue inútil decirle que me trajera un texto que así lo dijese; no pude sacarlo de su error y se quedó pensando que era yo una profesora ignorante".

El caso expuesto no es único porque la ilustre isleña sufrió otro incidente parecido, que nos cuenta en la página 125 de su libro: "Una alumna firmó sus cuadros en la exposición celebrada en el mencionado Liceo con su nombre escrito caprichosamente; fue inútil que las personas responsables de la exposición le advirtiéramos que Teresita no se puede escribir correctamente con c; se trata de un nombre muy español, con dos venezolanas tan ilustres como Teresa Carreño y Teresa de la Parra, más un templo tan prestigioso como el de Santa Teresa; fue en vano; la muchacha se mantuvo en sus trece y puesto que -afirmó muy seria- siempre había escrito su nombre con c, así lo seguiría escribiendo..." (El resto del relato prefiero no transcribirlo; les ahorro tal pérdida de tiempo).

Pero me dejé algo atrás en el libro de doña María Rosa Alonso. Vuelvo a la página 122 para copiar esto: "...una señora reclamaba para sí la aristocracia de escribir el Jiménez de su apellido con X, haciendo notar, muy enterada, que había Ximénez, Jiménez y Giménez y que ella era de los primeros; tal vez pensara que era de la casta elevada y los otros, pobres de gleba".

Después de oír las cuatro opiniones de mis comunicantes y de leer a doña María Rosa Alonso, me veo obligado a formularme algunas preguntas: ¿pertenecerá don Luis María Anson a la clase social de la señora Ximénez, lo que lo llevaría a escribir su apellido caprichosamente? Me parece imposible. Considero al académico una persona no sólo culta, sino con los pies en el suelo. ¿Habrá entre las personas que se dirigieron a mí en su momento alguna que ahora, tras conocer las palabras de doña María Rosa Alonso, se vea obligada a cambiar de opinión? Lo dejo en el aire porque ustedes recordarán que, en su día, afirmé que siempre escribí Abréu, Andréu, Paláu, Dalmáu, Ruméu, con acento gráfico porque son palabras agudas terminadas en vocal. Me dijeron entonces que, siendo voces extranjeras, no tenían por qué someterse a reglas de nuestra Gramática. Pues bien; con este lío de Anson y Ansón no sé qué haré de ahora en adelante.


 

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