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Cartas al director

28/mar/09 07:32
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Nunca caer dos veces

No son sanos, y hasta asuntan, los métodos que usa el Partido Socialista en Canarias para, en una constante de despropósitos, llegar al poder. Huelgan los programas, propuestas, colaboración, ideas, apoyo o pactos de mejoras, en resumidas cuentas, sensatez.

Todo son acusaciones, denuncias descalificaciones, exigencias en una guerra sin cuartel, como ya anunciaran, donde no podía faltar el menosprecio y los insultos a todo aquel que no piense como ellos.

A muchos ya nos da asco leer todos los días la prensa y, con la crisis que estámos pasando y lo que queda por llegar, en vez de ver alguna esperanza de colaboración con el Gobierno para paliar en lo posible el gran drama que sufre Canarias, se sigue con la misma tónica. Ahora, estos señores se meten con el tema de los alimentos a punto de caducar, seguramente para hacernos creer que se preocupan por nuestra salud, cuando no hace mucho su líder, ese iluminado que ZP nos envió, nos mandó a comer alfalfa.

Se creen que el pueblo es tonto (para eso se copió el programa electoral) y siguen pensando que tienen los mismos favores que entonces, pues siempre que hablan lo hacen diciendo: "Lo decimos nosotros porque es lo que quieren todos los canarios". Ilusos.

Quienes utilizan el insulto y la descalificación para hacer prevalecer sus ideas, es que carecen de ellas y actúan de esa forma creyendo que van a intimidar. No se dan cuenta de que el insultón es el que pierde prestigio, honorabilidad y hasta el respeto que se le tenía.

Aunque don Paulino también nos ha defraudado en muchas cosas, vemos que no ha hecho más por esa guerra sin cuartel que ya profetizó en su día el mayor insultón del reino.

Ahora le cedió el testigo a otro discípulo que destaca por no llegar a ninguna parte y protestar por todo lo que beneficie a Tenerife sea lo que sea, lo que importa es incordiar. El "señor de los insultos" le habrá asesorado sobre la línea que deberá seguir, sobre todo en el Parlamento. Lo que no sabemos es si le habrá enseñado a hacer dibujitos caricaturescos para burlarse de la oposición y a tocar mal la guitarra.

Ángel José Balbín Vera

Romanos y árabes

Al Andalus es todo el territorio hispano conquistado por las tropas musulmanes desde el año 711 d.C. al 1492 de nuestra era. Y Andalucía es, hoy en día, su parte más meridional. Pero antes de esta invasión fue una parte muy importante del imperio romano, convirtiéndose en provincia en el año 197 a.C. con el nombre de Hispania, al mando de un prétor llamado Tiberio Sempronio Graco. Durante seis siglos, Hispania perteneció al mayor imperio conocido a nivel mundial -después de dos siglos de enfrentamientos con las valerosas tribus locales- para romanizarse totalmente en el año 49 a.C. La conquista se había iniciado en el 209 a.C. con el desembarco de Escipión y la conquista de Cártago Nova (Cartagena), operación anfibia extraordinaria. Siendo prétor Sertorio se descubren las Islas Canarias y funda la primera universidad española en Osca (Huesca). Pompeyo funda Pamplona (Navarra), Augusto César la ciudad de Zaragoza y Julio César inicia su brillante carrera en tierras hispanas con sus victorias sobre Pompeyo.

Heredamos de ellos la lengua latina, la forma de gobernar, la urbanización, los baños, la arquitectura, el Derecho, la educación superior, los acueductos, carreteras (vías de piedra), la cultura griega, el patrón romano de las casas andaluzas, la escultura... Cuando compruebas actualmente que los políticos de turno les han impuesto al pueblo andaluz y extremeño unas banderas comunitarias de colores típicamente musulmanes, parecen no saber que la sura IV, versículo 38, dice: "Los hombres están por encima de las mujeres porque Dios ha favorecido a unos respecto de otros... A aquellas mujeres de quien temáis desobediencia amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas".

No concibo a ningún pueblo ondeando los colores de quienes han jurado (sura II, 186) reconquistar sus tierras ("Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron"), y ser fieles a su libro sagrado. Los musulmanes wahabies lo tienen muy claro. Aún hay tiempo.

José Luis Montesinos Sánchez-Real

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