SANTA CRUZ ha tenido a lo largo de su dilatada historia una clara vocación de ciudad abierta al mar. No en vano, a través del océano se han producido tradicionalmente todos los movimientos e intercambios culturales, sociales y económicos que han marcado el devenir de la capital y del resto de la Isla. Esa vinculación marítima se pone singularmente de manifiesto con el desarrollo del puerto, cuyas instalaciones concentran una destacada actividad en múltiples facetas que suponen una no menos importante generación de riqueza para nuestra tierra.
No obstante, precisamente la envergadura de las dependencias portuarias ha motivado que con el tiempo se produjera una discontinuidad entre la propia población y la costa, que han permanecido en cierta medida distanciadas en lo físico o, al menos, no tan estrechamente unidas como correspondería. Es esa una realidad que está presente en la conciencia de las diversas administraciones, incluida la portuaria, que desde hace ya bastante tiempo se han propuesto solventar la situación para devolver una parte de nuestro litoral a los vecinos de Santa Cruz.
Ahí, en ese marco, se inscribe el proyecto de construcción de la Vía Litoral, cuya primera fase ha sido recientemente adjudicada por el Gobierno de Canarias. Como es obvio, se trata de una iniciativa de gran trascendencia que forma parte de una actuación de mucha mayor escala en la que figura la remodelación de la Plaza de España, concluida el pasado año. Ello, en virtud del soterramiento del nuevo trazado, va a permitir el acceso directo al mar y la transformación urbanística de esa porción de terreno que en la actualidad se halla ocupada por calles e instalaciones portuarias.
Es evidente que con esta realización conseguimos dar otro paso hacia delante en el esfuerzo común que los tinerfeños desarrollamos con la mente puesta en nuestro futuro. Es importante destacar que esta obra que ahora se acomete, valorada nada menos que en 40 millones de euros, se puede llevar a cabo a pesar de la coyuntura económica adversa, lo que es sumamente destacable porque refleja la voluntad de continuar y no cejar en el empeño. Su ejecución representa puestos de trabajo y actividad, que han de ser la fórmula para superar las contrariedades. Y, además, debe suponer una continuidad en el plan director que los arquitectos Herzog y De Meuron diseñaron para el proyecto de enlace puerto-ciudad.
Una vez concluida, los habitantes de la Isla en su conjunto, no solamente los residentes en Santa Cruz, van a tener la oportunidad de disponer de nuevas perspectivas y de mejorar de forma sensible su calidad de vida. En ese sentido, la nueva vía absorberá un importante porcentaje del tráfico de vehículos que actualmente transita por la zona, que adquirirá un aspecto y unas condiciones más acordes con un uso peatonal, distendido y funcional. En todo caso, ello no impedirá el desenvolvimiento de los servicios del puerto, que en ninguna medida va a reducir sus capacidades. Además, en el nuevo espacio peatonal se podrá desarrollar actividades públicas de esparcimiento y ocio para todos.
Con la puesta en marcha de este proyecto continuaremos una andadura que ya hemos iniciado mediante la creación de significativas realizaciones en los últimos años que contribuyen a incorporar la modernidad a la capital tinerfeña. Junto al TEA-Tenerife Espacio de las Artes, el Auditorio de Tenerife, el Centro Internacional de Ferias y Congresos, la todavía inacabada nueva vía del barranco de Santos o la propia Plaza de España figurará esta nueva obra que a partir de un plazo inferior a tres años mostrará una evidente transformación del litoral. Deseamos, en cualquier caso, que su ejecución se desarrolle con planes de trabajo eficaces y que tengan en cuenta la opinión de comerciantes y vecinos para minimizar todo lo posible las molestias que cada proyecto inevitablemente genera. Sin duda, esta obra constituye un paso más de la ciudad para ganar el mar.
* Vicepresidente primero del Cabildo Insular de Tenerife
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