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Carl Lewis también empezó gateando

La primera Baby Olimpiada de Tenerife reunió ayer a unos cien niños que demostraron que los valores de solidaridad, diversión y compañerismo de estos juegos pueden aprenderse desde muy temprana edad. Los jóvenes atletas practicaron lanzamiento de peso, carreras de obstáculos y gateo, ciclismo y una minimaratón.
28/mar/09 07:32
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M. GÓMEZ, S/C de Tenerife

No sonaba la archiconocida música de la película "Carros de fuego" ni el "We are the champions" de Queen, sino "La gallina turuleca" y "Había una vez un circo", pero el espíritu olímpico estaba igualmente presente. Alrededor de cien niños de dos años se congregaron ayer en el pabellón Paco Álvarez de Santa Cruz para participar en la primera Baby Olimpiada de Tenerife, una experiencia destinada a transmitir a los pequeños los valores de esfuerzo y compañerismo que inspiran los juegos recuperados en el siglo XIX por el Barón de Coubertin.

Estas olimpiadas "a escala" son iniciativa del colegio Tágara y están incluidas en la programación de la Fundación Canaria para la Educación y la Cultura (Fucec) para el primer semestre del año. Han colaborado en la organización, además, la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife y las escuelas infantiles Alba, Caperucita Roja, Heidi, Nanín y Parque.

El lema del encuentro, "Aprender jugando", lo dice todo. "Creemos -explicó Beatriz Silván, directora del colegio Tágara- que los hábitos pueden inculcarse desde la más tierna infancia y que los padres se deben concienciar de la necesidad de que sus hijos se eduquen en estos valores".

La jornada contó con un invitado muy apropiado, el regatista tinerfeño Javier Hernández Cebrián, que participó en los Juegos Olímpicos de Pekín, y que se implicó con entusiasmo en el desarrollo de esta olimpiada para bebés. Hernández Cebrián se declaró "encantado de estar junto a futuros deportistas" y destacó que la práctica del deporte "hace que los niños se diviertan, aprendan y se desarrollen física y mentalmente".

Fue el regatista canario, precisamente, quien alzó al portador de la llama olímpica hasta el pebetero, situado en uno de los aros de baloncesto del pabellón. A continuación se desarrolló una exhibición de patinaje artístico de los niños del Club Añazo y, concluida ésta, se inició la competición.

Esfuerzo y éxito

Los jóvenes atletas se enfrentaron a cinco pruebas, convenientemente adaptadas a su edad: lanzamiento de peso, ciclismo, carrera de obstáculos, carrera de gateo -una especialidad en la que, como era de esperar, demostraron ser unos auténticos expertos- y una minimaratón.

No hubo ganadores ni perdedores, sólo el deseo de pasárselo bien y compartir una tarde agradable. Los premios fueron para todos, pues, como dijo el creador de las olimpiadas modernas, "lo más importante en los Juegos Olímpicos no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es lograr el éxito sino esforzarse por conseguirlo". Los cien participantes en esta iniciativa demostraron ayer que, en cuanto a ganas de hacerlo bien y divertirse, merecen la medalla de oro.

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