EN PLENA época de crisis económica, el todavía presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha puesto sobre la mesa dos asuntos con los que generar un grave conflicto social donde no existía debate y, al mismo tiempo, situar una evidente cortina de humo acerca de las dificultades por las que están pasando más de tres millones de españoles para alimentar a sus familias. Dos asuntos que tienen como hilo conductor la vida y la muerte de los seres humanos. El PSOE quiere facilitar la muerte de los que esperan nacer con la modificación de la legislación sobre el aborto, y adelantar la muerte de aquellos que quisieran vivir con la eutanasia activa.
El Partido Popular, en el artículo 2 de sus Estatutos, se define como un partido político "?inspirado en el humanismo cristiano de tradición occidental". Más allá de las creencias religiosas o de las posiciones personales que cada uno tenga, cuando un ciudadano se implica en la vida política a través de un determinado partido es necesario tener claro que la representación que ostenta en las instituciones se la han otorgado los ciudadanos con su voto, tras confiar estos en los principios, en los valores y en el programa electoral del partido político al que pertenece. Por lo tanto, escudarse en "cuestiones morales" para defender o no un planteamiento concreto es una posición cómoda, porque no vale arroparse a la sombra de unas siglas según para qué.
Nosotros asumimos sin medias tintas un compromiso público, claro y definido, con la defensa del derecho a la vida. Cuando en todo el planeta están, poco a poco, eliminándose los últimos lugares donde aún existe la pena de muerte, aquí en España la izquierda quiere decidir sobre quién vive y quién no. Los cristianos utilizamos la fe para dejar claro a quién le corresponde ese derecho, que desde luego no es al ser humano. Al gran perjuicio que le causa a una mujer el hecho de tener que abortar por una violación, por una malformación del feto o por peligrar la vida de la propia madre, el Gobierno de Zapatero pretende endosarle más traumas extendiendo el aborto, simplemente, al libre albedrío. Al libre albedrío de todos, menos del bebé que va a nacer.
Porque es un error considerar que el problema se resuelve matando, indiscriminadamente y en cualquier circunstancia, a quien está indefenso y no puede opinar si quiere vivir o no tras haber sido engendrado. Miren, se han recogido en las últimas semanas dos millones de firmas para endurecer las penas a los pederastas, y cero firmas para promover el aborto libre; sin embargo, el PSOE se ocupa en alcanzar lo segundo olvidándose de lo primero. Justo lo contrario de lo que le preocupa a la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Es inaudita la ligereza con la que la izquierda decide sobre la vida o la muerte de un ser humano. Han dado carpetazo a la subcomisión sobre el aborto en un tiempo record (ha durado 5 semanas), para frenar el desgaste político de sus argumentos tras haber sido desmontados, uno tras otro, por comparecientes de reconocido prestigio. Porque en nuestra nación los españoles queremos reducir el número de abortos, esto es una obviedad; objetivo que, por cierto, comparte el resto de la Humanidad. Pero esto no se consigue poniéndole plazo a la vida.
Los embarazos no deseados aumentarán al trasladar el Gobierno un mensaje contrapreventivo a los adolescentes y a los jóvenes, que verán en el aborto algo equivalente a la píldora del día después o el preservativo. ¿Cómo es posible que estos políticos permitan a una niña de 16 años decidir si aborta o no, sin contar para nada la opinión de sus padres? ¿Quién se cree que es el Estado para sustituir decisiones de los progenitores, para conocer lo que ocurre con sus hijos, para intervenir en la vida de las familias?
La ley actual es suficientemente extensa y no necesita ampliación alguna. Y menos aún si lo que se persigue es privarle a un ser humano de su infancia, de conocer a sus padres y abuelos, de crecer en su barrio, de enamorarse, de estudiar, de trabajar, de tener otros hijos, de jugar con sus nietos y, finalmente, de encontrarse de nuevo con Dios. No hay derecho a que Zapatero haga esto. No tiene derecho a hacerlo. No lo tiene.
* Primer teniente de alcalde (PP) de
Santa Cruz de Tenerife
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