NOS HA PARECIDO correcto el discurso de Paulino Rivero en el Parlamento de Canarias. Indudablemente, nos hubiese parecido mucho mejor si su intervención hubiera tenido lugar en la Cámara legislativa de una nación canaria soberana, y no en una colonia disfrazada de comunidad autónoma. En cualquier caso, ha sido un discurso con sustancia frente a las palabras huecas de la oposición. El PSOE se opone simplemente por oponerse, sin ser capaz de comprender que las medidas propuestas por el presidente son las más adecuadas en este momento. Más aún: son las únicas posibles ante el gran incendio económico que, en palabras del señor Rivero, devora el mundo. ¿Puede a alguien parecerle mal, por ejemplo, que avale a las pymes y trabajadores autónomos, que se apliquen deducciones a los parados o que se incentive la renovación de la planta alojativa? ¿Qué quieren los socialistas? Ciertamente, que estas y otras medidas propuestas por el titular del Ejecutivo canario den resultado o no depende de condicionantes externos. En definitiva, bien por el presidente.
En cambio, nos asustan los planteamientos de la oposición socialista. Canarias es un conjunto de islas. Algo similar a lo que ocurre con países como Cuba o la República Dominicana, si bien en estos casos existe una gran isla con sus satélites. Es igual. Lo que nos importa es señalar que si por desgracia alguna vez gobernase el PSOE en este Archipiélago, e incluso si lo hiciera el PP -es decir, los partidos estatales sumisos a Madrid y atentos a los intereses de Las Palmas-, acabaríamos con una dictadura similar a la cubana o a la que ya padecieron los dominicanos bajo el infausto régimen de Leónidas Trujillo. No albergamos la menor duda de que con los socialistas, sobre todo con ellos, pronto seríamos una "república" cubana o dominicana; un país oprimido, sin libertades, sin medios de comunicación con potestad para discrepar -como lo hacemos desde las páginas de EL DÍA, y sufrimos por ello las reprobaciones inducidas por los socialistas y apoyadas por los populares- y con todas las características de un país antillano y tercermundista. El presidente de ese Gobierno dictatorial sería, casi con toda probabilidad, Juan Fernando López Aguilar, y su primer ministro Santiago Pérez. Con ambos perderíamos nuestra emancipación como país soberano. Triste destino pasar del yugo metropolitano al de un partido político. Lamentamos decir esto así, pero con tales personajes no nos aguarda mejor suerte.
Debido a esto, es urgente que Canarias se gobierne por sí misma de forma democrática. En pocas palabras, nos urge más que nunca ser una nación soberana. Una situación que también nos permitiría alejar el peligro anexionista de Marruecos, pues las apetencias de la monarquía alauita por este Archipiélago son inequívocas. Como país libre podríamos establecer los pactos oportunos con organizaciones supranacionales, tales como la OTAN o la OUA, de forma que nuestra defensa estuviera garantizada siempre en un plano de igualdad con Marruecos y también con nuestra antigua Metrópoli. Hemos dicho en repetidas ocasiones que nuestra liberación como pueblo no implica romper los lazos económicos, culturales y hasta históricos con España; eso sí, desde esa igualdad a la que nos referimos.
A la vista de lo anterior, debemos decirle a don Juan Fernando López Aguilar que ha venido a Canarias para fastidiar a los tinerfeños, a todos los isleños en general y a su propio partido, pues la gente ya recela del PSOE como una formación política déspota, poco conciliadora y nada fiable.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD