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JORGE ROJAS HERNÁNDEZ

Una vía hacia el futuro

25/mar/09 07:32
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EL PASADO día 24 de enero, en el espléndido marco que ofrece el Real Club Náutico, tuvo lugar una reunión de Los Hidalgos de Nivaria, encuentro que se desarrolló, bajo la mano del condestable de turno, Félix Marrero Montesdeoca, siguiendo los cauces habituales en ellas: buen humor, camaradería y amistad. Aunque afortunadamente hay bastantes miembros jóvenes, no cabe duda de que la mayoría la ostenta quienes peinamos canas. Suele decirse que los que tenemos cierta edad sólo vemos a nuestros amigos cuando acudimos al sepelio de alguno que se nos ha adelantado en el camino, y es verdad. La agitada vida moderna nos ha aislado, nos ha distanciado, ha hecho difíciles o imposibles las antiguas tertulias en las que los buenos amigos se reunían para hablar de lo divino y lo humano. No obstante, siendo estrictos, podemos admitir que esas tertulias aún existen, si bien más podría uno definirlas como reuniones de jubilados que abordan los temas que la actualidad les trae: los últimos triunfos del "Tenerifito", el imparable camino hacia la destrucción de los fundamentos de nuestra economía, la corrupción de algunos políticos, la eterna discusión sobre la necesidad o la conveniencia de que dimitan quienes están sometidos a la acción de la justicia, etc. En las reuniones de Los Hidalgos, hay que reconocerlo, los temas que se tratan son otros, y se hace con exquisita educación, respetando las opiniones de los demás, pero siempre abordándolos con afán constructivo, pues es ese, como dicen sus estatutos, uno de los fines de la asociación.

Pero no era hoy mi propósito comentar la mencionada reunión de Los Hidalgos de Nivaria, sino la conferencia que dictó en ella el arquitecto Juan Manuel Palerm, autor, con su compañero de estudio Leopoldo Tabares de Nava, del nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Santa Cruz. Siendo éste tan amplio, Palerm abordó en su amena charla, entre otros, los aspectos más relevantes relacionados con el barranco de Santos, lo cual me hizo recordar un artículo que publiqué en EL DÍA hace un par de años. En ese sentido pregunté al conferenciante qué posibilidades existen para que la vía que discurre por el barranco llegue algún día a La Laguna, y lo cierto es que su respuesta -no es culpa suya- me descorazonó. Por lo que parece, la vía terminará en el barrio de La Salud, ya que el tramo hasta la vecina ciudad ni siquiera está proyectado. Además, asusta el coste que supondría la ejecución de dicha vía, pero es éste un argumento tan baladí que parece banal tratarlo.

Quienes hemos ejercido la vida laboral en el mundo de la construcción y obras públicas sabemos lo fácil que hoy día es realizar cualquier obra por difícil que a priori resulte, pues los medios técnicos con que se cuenta la hacen posible. Grandes perforadoras como las empleadas en el túnel del canal de La Mancha, poderosos bulldozers, grúas de gran capacidad de carga, etc., permiten abordar cualquier tipo de trabajo y en las condiciones más desfavorables. Sólo habría que considerar el coste económico, mas éste tampoco debería ser un obstáculo puesto que la realización de la obra no tendría que ser rápida. Como se ha hecho con las autopistas y todas las grandes infraestructuras que se han acometido en la isla, en primer lugar tendríamos que mentalizarnos para comprender que tardaría bastantes años en concluirse, pues se trata de una obra para el futuro. Supongo que a los ecologistas no les agradará la idea de "mancillar" el resto del cauce del barranco de Santos, alegando la necesidad de protegerlo de la nefasta acción del hombre contra el entorno, pero en mi opinión también esto podría tenerse en cuenta.

En el artículo que en su día publicó EL DÍA comentaba la necesidad de que el tramo La Salud-La Laguna fuese estudiado de una manera especial. Podría ser, decía entonces, "una vía-escaparate de la flora autóctona, con elementos decorativos de cerámica que recuerden los utilizados por nuestros antepasados, con paneles que representen los lugares más característicos de la isla y pavimentada con piedra del país, no con asfalto, para evitar las grandes velocidades y permitir la contemplación del entorno". Y añadía, considerando la necesaria fusión en el futuro de las dos ciudades -desaparecidos por ley natural quienes en la actualidad se oponen a ella incapaces de vislumbrar los grandes beneficios que aportaría a la isla-, "una arteria nueva por la que podría discurrir la savia renovadora que ambas ciudades necesitan, que permita el olvido de las rencillas estúpidas que durante siglos, para satisfacción de otros, nos han desunido".

Para concluir: es preciso aportar los medios económicos necesarios para, en primer lugar, elaborar el proyecto necesario. El Gobierno autónomo, el Cabildo y los Ayuntamientos de La Laguna y Santa Cruz podrían destinar de sus presupuestos, proporcionalmente a sus medios, las cantidades necesarias durante, digamos, cinco años. Luego, fijando su ejecución en siete u ocho años, tendríamos la vía dispuesta para el 2022. Como dicen nuestros clásicos "cuán largo me lo fiáis", pero ya he dicho con anterioridad que se trata de mirar hacia el futuro, y éste lo diseña y construye el presente.

Lástima no estar aquí para verlo.

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