... Posiblemente el reglamento del Parlamento de Canarias no fue hecho pensando en la posibilidad de que el presidente del Gobierno autónomo se enrocara en una especie de filibusterismo a la canaria para pasar horas y horas hablando sin parar con la intención, dijo ayer, de dejar claras todas y cada una de las aristas de lo que fue su política el año pasado y lo que será en los próximos doce meses. Paulino Rivero no tuvo rubor alguno en utilizar todos los minutos que le permite esta norma -o sea, todos, puesto que el presidente puede intervenir cuando quiera y durante el tiempo que desee- para responder no sólo a la oposición, como haría cualquiera, sino para hacer lo propio tras las intervenciones de los portavoces de los grupos que le sostienen, Coalición Canaria y Partido Popular, quienes no habían expresado crítica alguna a su labor. No importó. Así, aprovechó para hablar de la situación de una familia de La Graciosa y de sus problemas para llegar a Lanzarote, del agradecimiento que había recibido por parte de una familia por la puesta en marcha de la acogida temprana en los colegios, del analfabetismo enorme en el que andaba metida Canarias hasta al menos la década de los ochenta del siglo pasado. De la emigración y del hambre. Todo ello ante una audiencia visiblemente agotada a la que el presidente advirtió de que aquello era un "asunto serio" y que se tomaría todo el tiempo que quisiera para hablar sin límites y defender su gestión. Algo que no cabe en programa televisivo, espacio radiofónico o cobertura periodística alguna del debate.
... Lo cierto es que, contrariamente a lo dicho por el portavoz socialista, Santiago Pérez, el presidente del Gobierno no abusó ayer en ningún momento del reglamento de la Cámara. Simplemente se limitó a utilizar sus prerrogativas, la principal de las cuales consiste en no poner límites a sus intervenciones. Así, y tal como usa la norma Rivero, nos encontramos durante incansables horas de defensa de su gestión por su parte y la de sus socios de Gobierno mientras que el contraste con la oposición, necesaria y fundamental en cualquier democracia avanzada, se limita a unos escasos minutos en el último momento del partido. Las malas lenguas aseguraban ayer en los pasillos del Parlamento que la intención de Rivero era alargar su intervención para entrar en directo en los informativos de la televisión autonómica. Sea como sea, lo cierto es que el desarrollo del debate, tal cual está concebido, no sirve. La labor principal de cualquier Parlamento es controlar al Gobierno al que ha otorgado su confianza. Y esto es imposible si éste dispone de todas las comodidades mientras la oposición apenas puede responder.
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