Economía y Laboral
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IGNACIO GARCÍA FARIÑA *

La confianza es la razón de la salida de la crisis

24/mar/09 07:29
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Lá ECONOMÍA española inició la crisis, en el verano del 2007, con el estallido de la crisis subprime, el 7 de agosto, en Estados Unidos. El elevado déficit exterior y el exceso de producción en el sector de construcción residencial, financiados en gran parte por el exceso de liquidez en los mercados interbancarios mundiales, manifestaban el talón de Aquiles de la economía española.

Los problemas de solvencia de muchos bancos, derivados de la caída de los valores de mercado de gran parte de los activos inmobiliarios, generaron un cierre progresivo de los mercados interbancarios y un agotamiento de la liquidez en el sistema.

La subida del precio del petróleo en 2008 y la subida del euribor para frenar la inflación pusieron la puntilla, para comenzar con crecimientos negativos. A nivel microecónomico, las familias experimentaron en 2008 una reducción de la renta disponible para el gasto, por la subida de las cuotas hipotecarias y el coste de la gasolina y subida de los precios de los alimentos. Se había generado una psicosis de control de gasto, que inducía a la aversión hacia el gasto. Fruto del inicio de la crisis, comenzó el crecimiento del paro, que amplificaba la reducción de la demanda interna, proceso que aún no ha terminado. La reducción de la demanda interna, a nivel nacional e internacional, ha conducido a una aversión a la inversión a nivel empresarial. La diferencia entre una época de bonanza y otra de crisis es la confianza de los agentes económicos. Las expectativas de las familias y de las empresas en estos momentos son muy negativas, la psique social está invadida por los más negros presagios, alentada por los medios de comunicación, que no paran de alimentarla con noticias de mal augurio económico y los partidos políticos tirándose los trastos sobre de quién es la culpa de la actual situación. Los sindicatos, callados porque saben que esta crisis no tiene culpables: nadie adivinaba y creía imposible que el sistema financiero mundial podía caer en bancarrota.

En estos momentos, los que tienen empleo y los que cobran un subsidio, tienen mayor renta disponible por la caída de la cuota de la hipoteca, la gasolina más barata, y los precios de los bienes en caída libre, pero no gastan; tienen miedo y ahorran por si acaso pierden el puesto de trabajo o terminan de cobrar los subsidios.

Las empresas, en los peores momentos de falta de liquidez, tienen que reducir plantilla con los costes más altos de Europa de despido, aumentando las dificultades y quiebras.

Los bancos y cajas están en una espiral muy negativa, debida al crecimiento de la morosidad por el deterioro de la economía real, en parte debida al cierre del grifo del crédito propiciada por ellos.

No quiero extender más mi relato de los hechos. El resumen es que vivimos en una espiral crecientemente negativa auspiciada por el comportamiento anormal de todos los agentes económicos.

La salida de la crisis en gran parte vendrá como consecuencia de una normalización de las pautas de conducta de los agentes económicos. Creo que a nivel político, hay que dar un paso al frente en la oposición y proponer un gran pacto que ponga al lado los intereses partidistas, que incluya al Gobierno, los partidos políticos, los empresarios, los sindicatos, los medios de comunicación, los bancos y cajas y las organizaciones de consumidores y que lleve a:

1. Hablar en positivo en el Parlamento, en los medios de comunicación, alentar a que en la tertulia diaria desterremos de raíz la palabra crisis.

2. Facilitar las necesidades financieras de las familias y empresas, trasladando de una manera significativa la bajada de los tipos en los préstamos.

3. Abaratar el despido para nuevos contratos, de tal manera que los empresarios se animen a contratar.

4. Alentar a las familias y empresas a que reanuden la normalidad en el gasto e inversión.

En una palabra, se trata de recuperar la confianza en que se detenga este proceso de autodestrucción en que nos hemos metido y vamos a llegar a una catástrofe, si no ponemos en práctica, en parte, los cuatro puntos que he mencionado en el párrafo anterior.

* Economista y empresario

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