ANTIGUAMENTE era común regatear los precios. Se pedía un descuentito por todo, "¡Mira a ver, cristiano, rebájame un poquito la multa!", y si comprabas más de dos unidades te hacías fuerte y amenazabas con dejarlo: "¡Pues me voy, enhn!". En los indios o hindúes sucedía con valores de dos y hasta tres veces por encima de lo que podías lograr si ibas de parte de Daswani, Chulani o Vashi. Con el pescado, en la carnicería, en los cancamitos, en las cosas del coche?
Es verdad, se vivía cotidianamente con el tira y afloja de enfrentarte a diario a la necesidad de apretarle las tuercas al vendedor de turno. ¡Dile que vas de parte mía! Existía el precio y el precio pa'mí. El de contado y el de contado rabioso. Hasta en la venta de D. Pancho te quitaban unas pesetillas por ser del barrio.
Hemos pasado una época grande en la que esta práctica se fue abandonando y perdió trascendencia. Quizás, estaba a punto de extinguirse en los países desarrollados y, salvo que fueras un profesional de la actividad, este es el precio y punto. En las Islas tenías dos opciones para asistir a un buen espectáculo de regateo. En el mercadillo y con algún ambulante o irte de viaje fuera de Canarias, de Europa, de Norteamérica o de Japón. Un viajito a países en desarrollo o del Tercer Mundo. A Marruecos, a Turquía o Brasil. Por ejemplo, a Thailandia, China o Filipinas. En estos casos, tenías que cambiar totalmente la mentalidad y si de verdad intentabas conseguir buenos precios, procurabas esforzarte al máximo para realizar ese teatrillo del regateo. Puede parecer bastante sencillo, pero hay que probar unas cuantas veces para sondear el precio real de un artículo.
¡Ve a varios sitios y diles burradas! Si te piden cien euros, contraoferta haciéndote el loco o inmediatamente, dependiendo de la estrategia, con quince euros y márchate cabreado. Puede que quieras comprar unas zapatillas Nike y a bote pronto te las ofrezcan por treinta y cinco. A lo mejor piensas "¡qué barato!, la mitad que en Deportes Salud", y además es el último modelo con cámara de aceite y "nubitrógenos flusfosforinescentes". ¡Ñohhh! Guapos, guapos. Hay que tener en cuenta que un thailandés no compraría esos tenis por más de diez euros, y ahí precisamente radica la habilidad del regateador occidental. En intentar acercarse sin pasarse del precio justo. Al que pagaría un ciudadano local. Los dependientes nos ven como negocio e intentarán sacarnos lo que puedan. Aunque le veas cara de daño, tienes que mantenerte hasta la extenuación. Probablemente sucumbirás a la humanidad y te conformarás: total por cincuenta céntimos llevo aquí media hora discutiendo por los dieciocho jodidos llaveros pa'los colegas. Dámelos ya, Kun Fu "faiting".
Bien, eso se estaba perdiendo en Canarias. ¿Qué pasa ahora? Pues que con la recesión volvemos a necesitar la técnica. Lo siento, el regateo se implanta nuevamente en esta sociedad occidental y curiosamente parece que da buenos resultados. Gana espacios, en segmentos en los que hace unos meses te mandaban a hacer gárgaras. Con los bancos -aunque estos, por la situación juegan con el cuento de las lentejas: "O las tomas o las dejas", y sólo vale para depósitos o pasivos importantes-; con los seguros, con los coches, con los servicios?
En Estados Unidos muchos consumidores acostumbrados a pagar los precios marcados en los productos podrían sorprenderse de que más del 90 por ciento de los compradores que regatean consiguen rebajas, de acuerdo con una encuesta publicada en el número de noviembre por la revista "Consumer Reports", especializada en asuntos de consumo.
La encuesta revela que la gran mayoría de los más de dos mil consumidores consultados por la publicación obtuvo éxito al menos una vez durante los últimos tres años regateando precios en bienes como coches, muebles, equipos electrónicos, útiles del hogar, telefonía, colección, electrodomésticos, productos en exhibición? y hasta servicios médicos privados.
"La gente cree que no hay mucho que hacer cuando se trata de facturas médicas o de la cuenta de televisión por cable, pero sí está dispuesta a arriesgarse a que le digan que no, la recompensa que obtenga puede ser muy buena", dijo Tod Marks, editor de la revista.
Conste que hay que hacer aspavientos, teatro, gritar, ofenderse y especular. Este sábado lo intentaré, pero no creo que me hagan mucho caso en Hiper Trebol.
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