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TAL CUAL PABLO PAZ

El sentimiento corporativo y el capital humano

24/mar/09 07:29
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EL OTRO DÍA, hablando con el director de comunicación de una gran empresa tinerfeña, le pregunté por qué había cambiado su empresa tanto -en este caso para mal- y en tan poco tiempo. Se sintió como sorprendido por la pregunta, aunque yo sabía que no era el primero en hacérsela. ¿Y en qué lo has notado?, me preguntó a su vez. Pues en que la empresa ha dejado de tener su particular sentimiento corporativo, que era una de sus características que mejor la definían. ¿Y cómo mides tú eso?, me preguntó incrédulo. Pues, curiosamente, le contesté, la última vez que hablé con alguno de los empleados noté que estaban algo tristes, como cohibidos, amedrentados, desganados?, en una palabra, desmotivados; como si el trabajo que desempeñaban no fuera con ellos; habían perdido la perspectiva de la necesidad que tiene todo empleado de comprometerse e implicarse con los objetivos la empresa. ¿Habéis cambiado algo últimamente que sea digno de mención?, le pregunté ávido de respuestas. No, que yo sepa; a menos que el nombramiento de un nuevo director general sea un hecho a tener en cuenta. A continuación guardó un silencio esclarecedor.

El caso es que este ejemplo sucede en las empresas más a menudo de lo que parece. Un simple cambio de persona que lleve implícito un cambio de política de la empresa conlleva, para bien o para mal, una variación en los objetivos previstos inicialmente. En este caso concreto, se comienza observando cómo cae la productividad, olvidándose a veces de que suele ser como consecuencia del aumento de incompetencia por parte de la propia dirección. Hoy en día hace falta un equipo directivo que sea capaz de liderar a las personas que, en definitiva, y aunque estén bajo sus órdenes, no dejan de formar parte de un equipo que persigue una misma idea: cumplir con los objetivos marcados por la empresa, donde el talento eficaz, junto con la motivación adecuada, suelen producir un aumento inmejorable de la producción.

Claro está que, para ser capaces de motivar a otras personas, antes es necesario saber motivarse a sí mismo; porque no es fácil transmitir compromiso y emoción, autoestima y creencias en determinados valores empresariales, de tal forma que se cree un entorno laboral adecuado, donde cada trabajador, independientemente de su función, se sienta orgulloso de su propia labor. Porque ello implicaría, además, que los trabajadores se sintieran especialmente vinculados con la tarea que cada uno desempeña.

Pero no es fácil saber cómo ayudar a los empleados para que se sientan motivados, porque no todos nos movemos o nos motivan las mismas cosas. Para ello es importantísimo saber escuchar lo que dicen, observar cómo trabajan y, llegado el caso, conocer sus necesidades y expectativas personales y laborales. De hecho, hoy más que nunca se busca lo que podríamos denominar un "salario emocional", que es aquel que implica no sólo una adecuada remuneración económica, sino que el trabajo que desempeñemos involucre, además, cierta seguridad laboral, flexibilidad horaria, autonomía, medidas de conciliación de la vida laboral y personal, así como que, por parte de la empresa, los directivos sean capaces de transmitir a los demás la importancia del proyecto empresarial sin imposiciones dogmáticas ni medidas coercitivas. De tal forma que todo ello contribuya a generar un adecuado ambiente laboral en donde cada trabajador, asumiendo por supuesto sus obligaciones y responsabilidades, dé lo mejor de sí mismo.

En resumidas cuentas, la motivación es un elemento importantísimo para alcanzar los objetivos marcados por la empresa. No debemos olvidar que el capital humano es un valor activo, un factor clave, ya que en ellos reside el conocimiento, el talento, la creatividad, la emoción, el buen hacer?; y, por ello, se les debe tener la consideración y respeto debidos.

No siempre vale el ordeno y mando, y no siempre se tiene razón amparándose en posiciones jerarquizadas, y en decisiones escudadas en engorrosas instrucciones inútiles y en absurdas normativas, que lo único que hacen es enrarecer el ambiente de trabajo. Ejercer el liderazgo sin necesidad de que a uno le teman no es fácil. El respeto, e incluso la admiración, es un trabajo diario en el que hay que sembrar confianza, y ofrecer apoyo y consideración para ganarse la aceptación de, al menos, la mayoría. A veces, es necesario convertirse en un mentor para conseguir de toda la organización la mejora continua y sacar a flote lo mejor de las personas.

macost33@hotmail.com

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