Tenerife
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EDITORIAL

Ser ultraperiféricos equivale a ser bastardos

22/mar/09 07:34
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INCLUIMOS en esta misma página la foto con las estatuas de los nueve menceyes guanches que están en la villa mariana de Candelaria, junto a la basílica de la única patrona de Canarias. Son los jefes de nuestros padres masacrados durante la vil conquista de esta tierra. También incluimos un mapa del Archipiélago, en el cual Canaria, la tercera isla, debería llamarse precisamente así: Isla Tercera, puesto que no es la primera ni la segunda. En el archipiélago de las Azores existe una isla con ese nombre. Por lo tanto, ni siquiera se trata de un precedente insólito. Realmente la tercera isla canaria en extensión, segunda en población y última en bellezas naturales, tampoco debería tener el nombre de Canaria, pues también resulta engañoso. Lo propio es que se llame, como señalamos, Isla Tercera, o también Tamaran, su nombre en tiempos de nuestros antepasados. Tamaran con "T" de Tenerife, para que pueda presumir de alguna grandeza y, de paso, para que ocupe el último lugar en el escalafón. Lo repetimos: el "gran" es una engañifa, pero hasta Canaria resulta un nombre impropio de un territorio sin ningún encanto natural,sin fortuna alguna. Podríamos admitir, en el peor de los casos, que conserve la denominación de Canaria a secas, pero en ningún caso el "gran". Esa apócope debe desaparecer urgentemente, porque si no el daño y la violencia entre islas generada por las pretensiones hegemónicas de sus dirigentes políticos pueden ser irreparables.

La existencia del "gran" injusto y generador de confusiones es uno de los principales dislates que sufre este Archipiélago, y que debe corregirse, no nos cansamos de insistir, lo antes posible para evitar esos males mayores a los que nos referimos. Igual de grave resulta nuestra dependencia colonial. ¿No nos damos cuenta de que mientras sigamos dependiendo de los caprichos de los políticos de Madrid, que ven a Canarias como su finca particular y a los canarios como los gañanes que se ocupan de ella, sólo seremos españoles de segunda o tercera o, lo que es peor aún, ultraperiféricos?

DECIR que somos ultraperiféricos es un insulto. Es negar que somos canarios y, en consecuencia, hijos de padres canarios. Es, ni más ni menos, admitir la inaceptable condición de bastardos. En esas condiciones, estamos obligados a vivir en el mundo sin saber cuál es nuestra identidad. ¿A cuenta de qué tenemos que ser ultraperiféricos de Europa? ¿A cuenta de qué tienen que serlo los habitantes de la Isla de la Reunión, los de las Antillas o los del Atlántico Sur? Afirmar que somos ultraperiféricos supone, en definitiva, denominarnos mediante un gentilicio despreciativo. Eso sí que es racismo; eso sí que es hitlerismo. Por otra parte, que no se lleven a engaño los canarios amantes de la españolidad de estas Islas. Ninguno de los que salen de aquí y van a la Península o a Europa pueden decir con justeza que son españoles, porque ni lo son, ni los tratan como tales. Son isleños.

Canarias es una nación atlántica. No somos, insistimos, europeos, ni africanos ni americanos. Lo decía Francisco Aguilar y Paz, un hombre con materia gris en su cabeza, y no con la manteca que tienen muchos de los políticos nacionalistas actuales, y lo repetimos nosotros: somos una nación atlántica. Constituirnos en un país libre y soberano es nuestro destino en el mundo, además de un deber inexcusable para honrar la memoria de nuestros ancestros, que sólo entonces podrán descansar en paz en sus tumbas. No podemos seguir ni un día más como colonia disfrazada de comunidad autónoma española. ¿Una autonomía a 1.400 kilómetros de la Península? ¡Qué disparate! Procede encaminarnos hacia nuestra soberanía, lo repetimos una vez más, de forma pacífica. ¿Cómo podemos los canarios estar sometidos a los caprichos de Zapatero, Rubalcaba, Pepiño, Rajoy, Fernández de la Vega, y tantos otros políticos peninsulares, sin olvidar a los delegados que tienen en las Islas los partidos estatales? ¿Qué saben todos ellos de nuestros problemas y nuestra idiosincrasia? ¿Por qué nos mandan los de allá, y no nuestros hombres y mujeres más capacitados?

DEBEMOS plantear nuestra situación no sólo en Madrid, donde de momento no nos escuchan, sino también en Bruselas y en Nueva York; es decir, ante los organismos internacionales donde hemos de estar con asiento y bandera. Insistimos, asimismo, en que quien tiene la legitimidad y el Poder para iniciar la recuperación de nuestro territorio, así como de nuestra identidad y nuestra libertad, es el presidente reconocido por el pueblo. Nos referimos a Paulino Rivero, necesariamente acompañado y respaldado por los verdaderos patriotas canarios. A dos de ellos los hemos nombrado en ocasiones anteriores: Antonio Cubillo y José Luis Concepción.

Cubillo es el líder indiscutible del independentismo canario. Contra él se han vertido muchas acusaciones. Sin embargo, nunca ha sido condenado por ningún delito. Sí lo ha sido, en cambio, el Gobierno español por el criminal atentado cometido contra este prohombre de Canarias cuando, huyendo de la venganza persecutoria española, tuvo que refugiarse en Argelia. Una condena que incluyó también una indemnización a Antonio Cubillo, debido a las lesiones permanentes que le causaron los sicarios contratados por Madrid para que acabaran con su vida. En definitiva, Cubillo nunca fue juzgado, pero sí indemnizado. También en El Salvador acaba de ser elegido presidente Mauricio Funes; un hombre que ha sido guerrillero puro, incluso con sangre a sus espaldas, para conseguir la libertad de su pueblo.

De José Luis Concepción, presidente del Movimiento Patriótico, hemos de afirmar que constituye en estos momentos una referencia imprescindible para esas negociaciones pacíficas a las que nos hemos referido. Es un hombre con las ideas claras respecto a lo que debe ser un nacionalista. No es el caso, y lamentamos decirlo, de Juan Jesús Ayala, presidente del PNC en Tenerife. Ayala sigue con sus majaderías crípticas. "Se hace necesario, pues, una profunda reflexión de todos, estén donde estén, desde La Graciosa hasta El Hierro, si es que queremos contribuir a que Canarias sea una nación, pero no de boquilla, y para ello no tenemos otra alternativa que sacar la palabra del estuche plateado de cada cual, airearla y convencernos de que el nacionalismo es vital para Canarias", dice en su artículo publicado en EL DÍA el pasado jueves. "Porque, de no ser así, el tiempo y la historia se nos fugarán y seguiremos siendo testigos mudos de la misma. Y no." De todo esto sólo entendemos que se debe hablar con la boca grande, y no de boquilla. De acuerdo, pero para decir que el único objetivo del nacionalismo es conseguir la nación canaria. Como decíamos en nuestro comentario del viernes, el nacionalismo que necesitamos es el de los alcaldes de CC que se pronuncian a favor del puerto de Granadilla, y no el de los nacionalistas que se dedican a la política pura y a elucubrar. El nacionalismo es, pura y simplemente, obtener la soberanía y evitar la dependencia de amos ajenos.

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