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JOSÉ A. DULCE, S/C de Tfe.
"Es una de las últimas grandes estrellas del firmamento musical, pero a diferencia de otras divas, celosamente recluidas en su mundo privado, Barbara Hendricks decidió bajar al mundo para mezclarse con las gentes, conocer sus problemas e intentar ayudar a los más necesitados. Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2000 y embajadora honoraria de Naciones Unidas, la soprano norteamericana, nacionalizada sueca, regresará a Tenerife el próximo viernes para protagonizar el concierto principal del III Festival Musitemático de La Orotava, una cita en la que estará acompañada por el pianista nórdico Love Derwinger y en la que cantará lieder y canciones de Schubert, Mahler, Poulenc y Falla.
"Guardo muy buenos recuerdos de mis anteriores visitas a Canarias -declara la cantante, nacida en Arkansas el 20 de noviembre de 1948-. Y esos recuerdos tienen que ver tanto con la cariñosa respuesta del público como con el hecho de viajar a la tierra de Alfredo Kraus, uno de los mejores tenores del siglo XX, con el que trabajé varias veces y por el que siento una gran admiración".
Barbara Hendricks admite que antes de su nueva visita a las Islas (en las anteriores actuó junto a la Orquesta Sinfónica de Tenerife, dentro del XX Festival de Música de Canarias, y junto al Magnus Lindberg Quartet, con el que presentó su Jazz Project en Las Palmas) ha recibido otras ofertas para cantar en el Archipiélago, invitaciones "que no se concretaron por motivos de agenda". Por esta razón, señala, "me alegra especialmente volver ahora a Tenerife".
A lo largo de su carrera, la cantante ha logrado mantener un difícil equilibrio entre la música clásica y la popular, entre el recital y la ópera, entre su faceta artística y la dedicación a causas humanitarias. Ese balance, afirma, "me ha permitido llegar con profundidad a los objetivos trazados. Nunca llegamos del todo al objetivo final, porque siempre habremos de continuar trabajando, aprendiendo y soñando... E intentando conservar la salud para seguir adelante".
En el plano estrictamente musical reconoce que le interesan muchos compositores, sin que le sea posible acotar un grupo de favoritos: "Es como si me preguntasen cuál de mis hijos es el predilecto. Cuando canto la obra de un músico, ese músico es mi favorito en ese momento. Si canto Granados, es Granados; Falla, si estoy interpretando a Falla (al que homenajeará el viernes con sus "Siete canciones populares españolas"). Todos tienen su personalidad y a todos los amo, aunque es cierto que tengo más afinidad con unos que con otros".
En ese grupo de compositores especialmente afines destaca Wolfgang Amadeus Mozart. Según reconoce Hendricks, el genio salzburgués "me ha acompañado a lo largo de toda mi carrera, nunca me ha abandonado durante los treinta y cuatro años que he dedicado a forjar mi repertorio"; por otro lado, agrega, "su música ha contribuido a conservar mis cualidades vocales y a mantenerlas frescas e intactas. Ello se debe a que Mozart es un compositor exigente para el cantante; gracias a la disciplina que me ha demandado y a la riqueza de su repertorio notó que mi voz está mejor ahora que cuando tenía veinte o treinta años; es más rica, la manipulo mejor. La música de Mozart -añade- requiere una pureza de sonido que siempre he buscado como intérprete. Es una meta que también se puede alcanzar con otros maestros, siempre y cuando se los intérprete con mimo".
Sacrificio de la juventud
Los melómanos sostienen que las voces del pasado tenían personalidad propia, mientras que las actuales se han estandarizado. Barbara Hendricks estima que esa pérdida de valores en el campo de la música "es el reflejo de nuestra sociedad".
"En la cultura, en la política y en todos los órdenes sucede lo mismo -arguye-, y eso se debe a que vivimos en la sociedad del microondas. Queremos consumir rápido pero sin la preparación debida. No nos tomamos el tiempo necesario para hacer bien las cosas. Se precisa toda una vida para llegar a ser un artista con mayúsculas. Para que se forje un artista se necesita mucho tiempo. No se puede ser un gran cantante con veinticinco años, aunque se tenga la voz más bella del mundo".
Y va un poco más lejos: "En todas las profesiones, no sólo en el canto, se impide que los jóvenes dispongan de tiempo para madurar como es debido. Los exprimimos como limones, los utilizamos, nos servimos de su trabajo y luego nos deshacemos de ellos. Es una enfermedad de nuestro tiempo. Las voces hermosas han existido y existirán siempre; pero se han perdido los valores de paciencia, tiempo y dedicación que necesita una sociedad".
Lo dice una intérprete que aprendió, entre otras, de Maria Callas y que ha sido dirigida por los mejores: Giulini, Karajan, Bernstein, Solti. En su nómina de directores de escena también figuran dos aclamados cineastas, el italiano Luigi Comencini, para quien hizo de Mimì en la última versión cinematográfica de "La Bohème" (1988), y el chino Zhang Yimou, con quien colaboró en la polémica puesta en escena de "Turandot", representada diez años más tarde en la Ciudad Prohibida de Pekín.
No duda en calificar la primera experiencia de "maravillosa", si bien teñida por la enfermedad que asoló a su "partenaire", el español José Carreras. "Cuando casi teníamos concluido el tercer acto -recuerda- nos llegó la noticia de que Carreras sufría leucemia. Fue algo traumático, porque debimos completar el rodaje sin José (cuya voz se conservó en la banda sonora, pero que fue reemplazado en el set por Luca Canonici). No obstante, fue un proyecto estimulante, por la música de Puccini y por el personaje de Mimì, siempre atractivo para una soprano".
Menos entusiasta se muestra con la "Turandot" de 1998, que considera un "macromontaje", con más de mil figurantes sobre el escenario y la consiguiente pérdida de intimidad, sobre todo si lo compara con "La carrera del libertino", de Stravinsky, que grabó para la televisión sueca. En todo caso, matiza, "todas las experiencias, positivas o negativas, pueden resultar enriquecedoras", y el último ejemplo del primer signo es su colaboración con el cineasta israelí Amos Gitai en la película "Separación".
"Esperanza más acción"
Ferviente activista en favor de los derechos humanos, Barbara Hendricks se ha significado durante años por su apoyo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Embajadora de este organismo, es desde 2000 miembro del consejo supranacional encargado de la educación de los jóvenes refugiados y ha dado su nombre a una fundación para la paz y la reconciliación de los países que han padecido conflictos.
Este bagaje le autoriza para mostrarse públicamente disconforme con el curso de la situación mundial. Preguntada por si las grandes potencias -el llamado G-8- hacen lo suficiente para frenar el desplazamiento de personas y pueblos enteros en distintas partes del mundo, Barbara Hendricks responde con un "no" rotundo.
"Los gobiernos de los países prometen mucho, sus representantes pronuncian grandes palabras en los foros internacionales, pero de todo cuanto dicen no se cumple nada. Y ese incumplimiento -señala- se agrava aún más en momentos como los actuales, en los que la crisis se torna acuciante a nivel mundial".
En este contexto, "la gente se vuelve más y más egoísta, sólo se ocupa de sus problemas y le cuesta pensar en los de los demás", afirma la laureada soprano, galardonada en España con el Premio Príncipe de Asturias y en Francia con la Legión Honor.
"Vivimos una tragedia, porque el tercer mundo es ahora también la víctima de las locuras cometidas por ciertos banqueros de Estados Unidos y de otros países, que han tomado grandes riesgos. Las consecuencias de esa locura las van a pagar los de siempre, los pobres. En estos momentos -asegura retomando la cuestión de la solidaridad- hay menos voluntad que nunca para ayudar al prójimo. Los ciudadanos tiran su dinero por la ventana y no lo emplean para socorrer a otros. El significado de la palabra ayuda se ha perdido. Los países pobres no están pidiendo limosna, sino recursos para desarrollar sus economías".
El drama global ha hecho que millones de personas pongan rostro a su esperanza: el del nuevo presidente norteamericano Barack Obama. Pero, ¿está justificada esa expectativa? A juicio de Barbara Hendricks, "Barack Obama es un hombre extraordinario, inteligente y, sobre todo, íntegro. Pero es un solo hombre. No podemos quedarnos de brazos cruzados viendo lo que él hace. La receta es: esperanza más acción".
La aclamada estrella de la ópera y el jazz, que en 2001 entregó el Premio Nobel de la Paz al entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, concluye que "Obama es alguien en el que podemos inspirarnos, que defiende los intereses globales del mundo, no sólo los de los Estados Unidos. Nosotros, ciudadanos, en nuestras casas, en nuestro entorno más próximo, tenemos la obligación de hacer un mundo mejor, y ésa es una responsabilidad que no debemos delegar".
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