Cuando Gérard Souzay falleció, en el verano de 2004, su nombre había sido olvidado por las nuevas generaciones de cantantes, pero hoy nadie discute que es uno de los intérpretes referenciales de la "chanson" francesa. En este campo sucedió en cierta manera a su profesor, Pierre Bernac, con el que estudió en el Conservatorio de París. Su verdadero nombre era Gérard Marcel Tisserand, pero se cambió el apellido para adoptar el topónimo de una villa a orillas del Loira. Había nacido en Angers el 8 de diciembre de 1918. Toda su familia tenía que ver con la música (era hermano de la soprano Geneviève Touraine) y estaba familiarizado con el repertorio francés mucho antes de subir por primera vez a un escenario. Después de estudiar Filosofía en La Sorbona, se perfeccionó con diversos maestros (tras Bernac vinieron Claire Croiza y Jean-Emil Vanni-Marcoux) que trataban de afinar su voz tenoril. Fue el cantante de ópera Henri Etcheverry quien le sugirió regular su tesitura y pasar a barítono. En su nuevo registro se gradúa en 1945 en el Conservatorio parisino, donde obtiene el Prix de Chant y el Prix de Vocalise. Antes había sido tentado por la composición, su malograda vocación, que no obstante subsistirá en su modo creativo de abordar el hecho interpretativo. También fue un gran estudioso, no sólo del cancionero francés, sino del lied alemán, que investigó nada menos que con Lotte Lehmann y que fructificó en algunas singulares versiones de Schubert y Schumann, algunas de las cuales grabará con el insigne pianista Alfred Cortot. Su primera gran acompañante el campo de recital había sido una compañera de aula: Jacqueline Bonneau.
Una vez debuta, en 1945, Gérard Souzay se convierte en el primoroso traductor de Ravel, Poulenc, Debussy y Fauré. También abordará el oratorio, como prueban "La danza de los muertos", de su compatriota Arthur Honegger, que cantará bajo la dirección de Charles Münch; las Pasiones bachianas, en las que asume el papel de Cristo, o el "Canticum sacrum", de Stravinsky, que estrena bajo la batuta del compositor en 1956. El teatro también llamará a su puerta, que le abrirá Orfeo, personaje mitológico que interpretará en las óperas homónimas de Monteverdi y Gluck. Don Juan, el Golaud de "Pelléas" (uno de sus predilectos) y el conde Almaviva serán otros de los papeles que irán enriqueciendo su repertorio escénico, iniciado en 1947 con el protagonista de "El matrimonio secreto", de Cimarosa, y ampliado después con otros de gran calado dramático como el Mefisto de "La condenación de Fausto", de Berlioz, o Wolfram, en el "Tannhäuser" wagneriano. Jacques Leguerney sería uno de los compositores modernos que escribirían para su voz, sensual y bien modulada.
Su presencia sobre los escenarios de ópera irá remitiendo a partir de los años 60, compensada por la faceta de concertista y por la pedagogía. De sus enseñanzas se beneficiaron los alumnos de Europa, Extremo Oriente y Estados Unidos, donde impartió en centros académicos como el Mannes Collage de Nueva York y la Universidad de Indiana.
La musical no fue su única vocación. Souzay era también un estimable pintor de obras abstractas, en las que, en cierto modo, volcó su sensibilidad musical. Cultivo asimismo la escritura, de la que surgió un libro de corte autobiográfico publicado en 1983, en vísperas de su retirada. En sus páginas aparecieron no pocas de sus pinturas, que dialogaban con sus pensamientos en un todo presidido por el lema "Sobre mi camino". Éste se cerró en su casa de Antibes el 17 de agosto de 2004.
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