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FERNANDO CLAVIJO BATLLE *

475 años del nacimiento del Padre Anchieta

22/mar/09 07:34
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A PESAR de que la imponente escultura del Padre Anchieta, recreada por el brasileño Bruno Giorgi, en una de las entradas de la ciudad, nos es querida y cercana a los habitantes de La Laguna, muchas son las incógnitas que han sobrevolado la figura del beato.

Poco a poco, y gracias al trabajo de los estudiosos, hemos ido conociendo que fue un destacado lingüista, literato, médico, arquitecto, ingeniero, humanista y poeta, que tuvo a bien nacer en esta ciudad, ya floreciente, en 1534, y, desde aquí, salir a Portugal hasta llegar al Nuevo Mundo, construido a semejanza del nuestro, a sentar los pilares de la civilización brasileña. Y sin embargo, era muy grande, aún, la deuda que esta ciudad y sus habitantes habíamos contraído con el jesuita lagunero.

El pasado jueves, 19 de marzo, festividad de San José, el salón de Plenos del Ayuntamiento de La Laguna acogió un acto homenaje a nuestro religioso más universal en el 475º aniversario de su nacimiento, que quería significar un paso más en el acercamiento a la vida y la obra de uno de nuestros convecinos más ilustres. Y así fue.

La presencia y el trabajo de Manuela Marrero, catedrática emérita, nuestra cronista oficial y una eminencia de todos reconocida, del periodista y escritor Eliseo Izquierdo y del catedrático de Filología y profesor de la ULL Francisco González Luis, hizo posible que avanzáramos un paso más en el conocimiento de esta figura sobre la que aún hay muchas cosas apasionantes que descubrir.

Durante su estancia en Brasil, el padre Anchieta compaginó siempre el cultivo de su espíritu con el acercamiento al indígena, al que, a pesar de su misión evangelizadora, comprendía y trataba de igual a igual.

Muchos han sido los estudios que se han ocupado, en este y el otro lado del Atlántico, de la figura anchietana, de su labor fructífera en la poesía, el teatro, la épica histórica, la antropología y hasta la zoología.

También la didáctica de las lenguas indígenas, con el estudio de la que fue su obra más extendida, la Gramática de la lengua más hablada en la costa de Brasil, el tupí-guaraní, ha tenido cabida en incontables estudios que reconocen el valor de esta obra como unificadora de culturas e imprescindible para su conocimiento.

Sin embargo, hay un aspecto en la figura anchietana que trasciende lo puramente erudito y que nos acerca a nuestro conciudadano: su profunda vocación humana y humanística. Aquella que le llevó no sólo a preocuparse por fundar aldeiamentos en los que enseñar y catequizar a los indios, sino también a defender la dignidad de estos como "hijos de Dios" e iguales espiritualmente que los colonizadores.

Anchieta cristianiza al mismo tiempo que escribe un vocabulario de la lengua de sus discípulos indígenas. Catequiza a la par que intenta comprender la alteridad, la diferencia que representa el indio en su mente europea. Se adapta al medio y a sus pobladores, intentando entenderlos, y eso es lo que magnifica su figura y la separa y eleva de la de otros tantos misioneros de la Compañía de Jesús que evangelizaban en el Brasil del siglo XVI, pero que no tuvieron ese acercamiento ni esa comunión completa con sus discípulos y protegidos.

Desde este punto de vista, los debates suscitados desde hace unos años en La Laguna, dedicados a la figura de Anchieta, así como otras muchas celebraciones que se han llevado a cabo desde este ayuntamiento, han venido a cubrir una parte fundamental y poco difundida de la figura anchietana.

Con estos encuentros la ciudad de La Laguna volvió a acoger, a recibir con los brazos abiertos al José de Anchieta que partiera un día para Coimbra, y más tarde a Brasil, profundizando en los aspectos más nobles de su existencia entre los indios. Los expertos que por aquí pasaron han dejado, como testamento vivo de su interés por el jesuita lagunero, estudios y conferencias para recrear todos los aspectos de la vida en común de indígenas y evangelizadores y el trasvase de culturas que ello supuso.

Celebrando, además, el 475º aniversario del nacimiento del beato contribuimos a saldar esa deuda que habíamos contraído y devolver al jesuita algo de todo lo que él cedió, generosamente, a la Humanidad.

Como expresé en el homenaje del pasado jueves, aún queda mucho por hacer, pero con actos como éste, que se unen al trasvase cultural que mantenemos con las instituciones anchietanas del otro lado del mundo, o con hechos como la rehabilitación de su casa natal lagunera, hemos logrado un importante avance en ese camino que nos habíamos trazado y que sólo concluirá cuando las futuras generaciones de laguneros lleven con orgullo junto al de su ciudad el nombre de José de Anchieta.

* Alcalde de San Cristóbal

de La Laguna

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